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El Cabildo, una magnífica institución local. Por Antonio Alarcó

Esta semana afrontamos en el Cabildo Insular de Tenerife un pleno extraordinario peculiar, tanto en las formas como en el fondo, en el que se entremezclaron un instrumento institucional con una despedida personal. Esta singularidad arranca de un hecho único: Ningún presidente hasta la fecha había dejado voluntariamente el Gobierno insular. Poner cierre a esta voluntaria actividad debe hacerse de forma serena, cumpliendo con una máxima: somos administradores temporales de lo público. Defendemos la política como la actividad más noble a la que puede dedicarse una persona, con la única creencia de que es posible mejorar la sociedad en que vivimos, y la satisfacción del deber cumplido como recompensa.

Ante una numerosa audiencia, reflexionamos, como presidente portavoz del Grupo Popular, sobre una frase del filósofo griego Heráclito: “Nada es permanente a excepción del cambio”. Las trayectorias vitales no son cambiables, pero dedicarse a lo público es algo muy noble, y quienes lo hayan realizado en un momento en que cunde el desapego hacia esta noble actividad, merece nuestra mayor consideración, pero nadie es imprescindible, y en política menos. Si somos coherentes profesionales debemos ser coherentes ciudadanos, ya que las soluciones a lo que sucede a nuestro alrededor deben encontrarse precisamente en esa Política con mayúsculas. Abogamos, por ello, por huir de manejar la inercia y realizar nuestro cometido con transparencia para buscar la complicidad de los ciudadanos.

Tenerife demanda una política sensata, pegada a la calle, donde abunden el diálogo, el consenso y la lealtad, pero que huya del pesimismo y la opacidad. Es tiempo de altura de miras en nuestro desempeño en las Administraciones públicas, dejando siglas a un lado, con el ciudadano como eje de nuestra acción política.

Lo dijimos hace dos años en el Pleno de constitución de la corporación: los tinerfeños han querido, más que nunca, que en este mandato impere el diálogo y el consenso. Si hacemos balance de lo acontecido, nuestro Grupo ha cumplido. Ante todo, aceptamos la crítica razonada, y desde ella pediremos perdón ante posibles errores, pues habremos de cometerlos, pero nunca seremos negligentes. Además, mantenemos la senda del diálogo, el consenso y el respeto institucional, sin renunciar a la labor de fiscalización del grupo de gobierno, que nos corresponde como oposición. Esta afirmación va avalada por la cantidad de mociones institucionales que, entre todas las fuerzas políticas hemos sacado adelante, junto a la aprobación de los presupuestos del Cabildo para 2013. Esto no hace más que motivarnos para seguir trabajando por y para esta tierra.

En estas instituciones centenarias que gozan del doble carácter autonómico y local, consagradas por la Constitución de 1812, La Pepa, y en la Ley de Cabildos Insulares, y reforzadas en la futura reforma de las administraciones públicas, quienes tenemos el honor y tarea de ocupar un acta de consejero hemos de velar por la pulcritud y eficiencia que define a sus trabajadores públicos. Ellos son un ejemplo para todos, gobierne quien gobierne.

A los ex presidentes, a los cuales se suma ahora Ricardo Melchior Navarro, agradecemos su dedicación y entrega. Les mostramos nuestro respeto, pues ejemplifican la máxima de que el trabajo dignifica, más cuando es en aras del servicio a los demás. Deseamos sinceramente lo mejor para él y su familia, agradeciendo su labor al frente de esta institución, y nos sumamos a las felicitaciones por su cumpleaños a su señora madre, a quien tenemos el gusto de conocer desde hace muchos años. Igualmente, deseamos suerte en su cometido al nuevo presidente, a quien ofrecemos lealtad institucional y personal, en busca de consenso en los grandes asuntos de Canarias.

En el Grupo Popular mantenemos nuestro compromiso con Tenerife, y nuestra disposición al diálogo con todos los grupos políticos por el bien de nuestra isla.

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