FIRMAS

La sonrisa rusa. Por Yolanda Arenas

En uno de esos comentarios que nos montamos las amigas cuando hay ganas de filosofar solté que, por mi parte, si alguien viene con ganas de fastidiar yo intento responder con «la sonrisa rusa». 

A ver… que hay que practicar, pero una vez que le coges el punto… gloria bendita oiga. Así que les voy a contar qué es eso de «la sonrisa rusa».

Hace unos años encontrábase la que suscribe dirigiendo la comunicación de un spa  y teníamos un problema: un ruso gigantesco llevaba por el camino de la amargura a las dos muchachitas rusas que teníamos en la recepción para atender a los clientes de esa nacionalidad. Raro era el día que aquel energúmeno no las hacía llorar con sus malos modos, así que preparamos una jornada para acabar con un problema que empezaba con un axioma empresarial que es absolutamente falso: el cliente siempre tiene razón.

.- Nombre del cliente

.- Sr. Vlasdstok.

.- Su nombre…

.- Wladimir

.- Muy bien… pues del mostrador hacia afuera es el Sr. Vladstok y del mostrador para adentro hay que buscar un nombre en clave a Wladimir. ¿Cómo entra Wladimir, qué os dice?

.- Siempre tiene problemas con la llave de la entrada y empieza a gritar y ponerte en evidencia…

.- Osea que viene estresado… no sabemos si es por su trabajo, si por su familia o porque nació así… pero viene estresado.

.- Si pero nosotras no tenemos la culpa…

.- Ya… pero si estuviéramos en una clínica para tratar la obesidad lo lógico es que entrarán personas rellenitas, gorditas, gordas, muy gordas, obesas… luego a éste, que es un centro de relax, lo habitual es que vengan personas estresadas. Si estuvierais en una clínica para adelgazar ¿os llevaríais a casa la obesidad de los pacientes?

.- Noooo.

.- Entonces ¿porque os lleváis el stress de aquí? 

Una vez metidas en harina y detectado el problema (el problema no era el cliente) empezamos a ver qué hacer para mirar a Wladimir con otros ojos.

.- ¿Cómo es Wladimir físicamente? ¿Es atractivo? ¿Un galán? (Primeras sonrisas).

.- Nooo es grandote, medio calvo, barrigón y patoso.

.- ¿Os imagináis a Wladimir en gallumbos? 

.- ¿Y sin ellos? Esa cosa canija colgando de semejante percha.. ¡¡cómo no va estar cabreado el pobre!! Hay que ponerle un mote, una palabra que le defina (en un idioma que no controle) 

Y salió «baldarra qui du» (aquí está el patoso, en euskera).

.- Ahora, quiero que imaginéis a nuestro «Baldarra qui du» en gallumbos y calcetines cada vez que cruce la puerta. 

Desde ese momento, las chicas recibían a «Baldarra qui du» con su mejor sonrisa, la llegada de «Baldarra qui du» era siempre motivo de juerga, le ayudaban con la llave más contentas que unas castañuelas, le saludaban en el spa aunque él no las hubiera visto…

Curiosamente, Wladimir empezó a cambiar, empezó a gastar pequeñas bromas y ellas fueron quienes le pusieron un nuevo nombre a la técnica: La sonrisa rusa.

Me gusta más ese nombre que interactuación positiva… ande va a parar.

Por cierto… antes de convertirse en «Baldarra qui du», a Wladimir lo llamaban «el general» y ahí estaba el error: cuando se es capaz de quitar la dignidad a quien no la usa, desaparece nuestro cabreo, nuestra indignación (total ¿p’a qué?) y aparece «la sonrisa rusa».

Y el stress y la mala leche… que cada uno aguante el propio.

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