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Charlando con Jaime Falero y Eric Roberts. Por Eduardo García Rojas

(En la imagen el actor y productor Joaquín Sánchez junto al cineasta Jaime Falero)

Eric Roberts no da la mano sino que choca los puños mientras grita algo así como “heyyy”. Sorprende a primera vista su entusiasmo, también su disponibilidad. Lo que hace que, entre los breves momentos de descanso del rodaje de Project 12: The Bunker, esté dispuesto a sacarse una fotografía con los técnicos y extras que se lo solicitan.

De hecho, es él mismo quien insiste en repetir la foto si algo ha salido mal mientras dibuja una sonrisa que muestra una perfecta y envidiable hilera de dientes de un blanco marfileño que hace pensar que sí, el señor Roberts es el mismo actor de Hollywood que vi en la estupenda El tren del infierno (Andrei Konchalovsky, 1985) y en Star 80 (Bob Fosse, 1983), en la que interpretó al desgraciado y retorcido marido de la playmate y actriz Dorothy Stratten. Si no saben porque escribo desgraciado y retorcido les invito a que vean esta película, uno de los pocos filmes no musicales que firmó Fosse a lo largo de su carrera como director.

Me encuentro con Roberts y con Falero en uno de los escenarios de Project 12: The Bunker, precisamente en unas instalaciones de la Autoridad Portuaria donde se está rodando varias escenas del búnker que da título a esta película.

Primero me encuentro con Jaime Falero, con quien converso un rato sobre este proyecto que cuenta con inversión privada canaria y la colaboración logística del Cabildo Insular de Tenerife y el Hotel Mencey,  que lleva un ajustado y estricto plan de rodaje.

La idea, me explica Falero, es que la película se estrene a finales de diciembre y a partir de ahí buscar mercados.

Jaime Falero explica que le está dando deliberadamente un toque ochetentero a Project 12: The Bunker. Un filme que cuenta la historia de un magnate de la industria armamentística rusa, infiltrado en los años setenta en los servicios secretos de la aún por aquel entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que trabajó en aquellos años en un complejo proyecto científico cuya fórmula pretende recuperar en la actualidad. Para ello, contratará los servicios de un comando de mercenarios…

No dice más el cineasta, autor del guión junto al productor y actor Joaquín Sánchez y Carlos Velázquez Benítez.

Project 12: The Bunker se rueda íntegramente en Tenerife, Canarias, aunque el filme transcurre en  Kazakistán, Siria y… Santa Cruz de Tenerife, que es el escenario donde comienza la película.

Mientras hago tiempo cae un sol de justicia a la entrada del búnquer, por donde se mueven algunos extras vestidos de soldados soviéticos –veo en una de las hebillas del cinturón una estrella de cinco puntas y en el centro la hoz y el martillo– eléctricos y ayudantes de dirección que gritan silencio cuando dentro de las entrañas de la montaña se rueda.

El plan de rodaje de Project 12: The Bunker es de 24 días, tres más de los que contó el cineasta para El clan, su primer largometraje. De hecho, Falero comenta con una media sonrisa digamos que indescifrable que está seguro que se estrenará primero Project 12: The Bunker que El clan.

Pese a la tensión del rodaje, noto al director bastante relajado y muy confiado con la historia que tiene entre manos. Es cine de evasión con una velada crítica al sistema, viene a decir, aunque por el momento no ha podido rodar las escenas que más le gustan, las de tiros. Pero vendrán.

Se respira en los exteriores del rodaje una calma profesional. Todo el mundo está pendiente pero tranquilo. Falero comenta, de hecho, que lo que más le gusta de un rodaje “es que no estoy solo”. Y esa sensación es la que le genera Project 12: The Bunker.

Sé que es un tópico escribirlo, pero así lo percibí, hay un ambiente agradablemente familiar en este rodaje. La gente trabaja a destajo, no es raro detectar ojeras en muchos de los que participan en ella, pero ahí están todos para uno y uno para todos.

Junto a los actores, lamento no haber podido conocer personalmente a Joaquín Sánchez, ni haber cruzado palabra con James Cosmo, Timothy Gibbs y Natasha Alam porque les tocaba turno de tarde, charlo un momento con Juan Carlos Sánchez Lezcano, director de arte –“no artístico”, me dice cuando meto la pata– y me encuentro con gente del mundillo a los que hacía un siglo que no veía.

Buen rollo, en definitiva. Lo que despierta mi interés por ver el resultado final. Aunque habrá que esperar a finales de diciembre.

Le pregunto a Falero por el presupuesto de la cinta pero me comenta que es una información reservada. Cosas del cine. Pero sí que aclara que se trata de una producción comercial que espera convertirse en el primer aldabonazo de un cine rodado en Canarias que nace con vocación internacional.

Por el momento, me explica, ya está moviendo el guión de su tercera película, Nunca caminarás solo.

Curioso título para un cineasta al que cuando le pregunto qué es lo que más le atrae de rodar es “no sentirse solo”.

– ¿Y lo de menos?

– Tener 24 días para rodar.

 

Tres minutos con el señor Roberts

Eric Roberts es un actor de referencia para estudiar el cine norteamericano que se produjo en los años ochenta e inicios de los noventa. Cuenta en su carrera con títulos realmente excelentes, como El tren del infierno y Star 80, también con producciones alimenticias en la que encarnaba con convicción al villano.

De hecho, para mi Roberts era el villano en todas aquellas películas de VHS que no me cansé de alquilar en el vídeo club de mi barrio.

Roberts es uno de los actores protagonistas de Project 12: The bunker, el segundo largometraje del cineasta tinerfeño Jaime Falero, y fue aquí, en una pausa del rodaje, donde pudimos hablar apenas unos minutos con el actor.

Actor que confiesa estar muy cómodo a las órdenes de Jaime Falero y encantado de participar en el rodaje de Project 12: The Bunker.

Eric Roberts no saluda dando la mano sino entrechocando los puños mientras exclama “heyyy”, luego baja la cabeza y parece que mastica las palabras.

– Nos gustaría saber cómo prepara sus papeles…

– En cada película es diferente, depende del personaje. A mi, personalmente, me gusta interpretar a los villanos, y creo que lo hago bien porque intento asumir estos papeles como si fueran ángeles. Es decir, personas que no te imaginarías que fueran así. Creo que eso es lo que los hace tan especiales.

– Pero ¿cómo se mete en su piel?

– Procuro siempre basarme en gente real. En El tren del infierno me inspiré, por ejemplo, en un buen amigo de mi juventud. Hablaba como él, imitaba sus gestos. En el resto de mis películas he continuado explotando esta misma línea. Es decir, que siempre interpreto intentando parecer a alguien que conozco.

– En este sentido, ¿qué puede hacer un actor como usted en un cine, como es el norteamericano actual, en el que prima más los efectos especiales que la interpretación?

– Me encanta actuar y ver el trabajo que realiza un buen actor pero también soy un niño. Es decir, que me encantan los efectos especiales. Me gusta mucho el trabajo de cineastas como Hal Hasby e Ingmar Bergman y la fuerza que en sus filmes transmiten a través de sus actores, pero son películas pequeñas, que hablan sobre la vida. Me encanta, en este sentido, el trabajo de Sven Nykvist, el director de fotografía de muchas de las películas de Bergman, pero también tengo mi lado infantil. Es decir, que me fascinan los efectos especiales, pero son otra clase de películas.

Al finalizar el breve cuestionario, lo que me obliga a machacar las cuestiones que ya comenzaban a plantearse dentro de mi cabeza, Eric Roberts vuelve a entrechocar los puños con los míos como fórmula de despedida junto a su ya marca de la casa “heyyy”. Luego me invita a que entre en su página web ericrobertsactor.com y pinche sobre Keaton Simons.

“Es el mejor músico del mundo”, asegura.

Saludos, una jornada peculiar, desde este lado del ordenador.

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