FIRMAS Salvador García

Una cuestión de sensibilidad. Por Salvador García Llanos

Ha sido tajante el gobierno local al señalar que no es posible acometer dos actuaciones en instalaciones deportivas del municipio al no disponer de consignación presupuestaria. Descatalogadas. Se trata del remozamiento del centro polideportivo de La Vera y de la reposición de una torreta de iluminación artificial en el campo El Peñón. En total, según informa Diario de Avisos, unos trescientos veinticinco mil euros.

Es curioso: ni en los espacios reservados a opiniones de los lectores ni en los ámbitos políticos institucionales se han registrado, que se sepa, reacciones a esta incapacidad. Y hoy se cumple una semana de la publicación de la noticia que incluye, por cierto, las explicaciones del concejal delegado: no hay consignación presupuestaria, proyecto inviable el de La Vera y a escapar con lo que se tiene y unos focos de refuerzo para que se siga entrenando y jugando por la noche en la vieja cazuela.
Será que los usuarios andan de vacaciones o esperarán a que otros hagan las reivindicaciones convenientes o se habrán resignado. Esto es lo que no hay, se dirán: pues nos aguantamos. También llama la atención que los grupos políticos de oposición no hayan formulado alguna iniciativa, al menos preguntando. Que presenten alternativa puede resultar más difícil pero cosas más raras se han visto, así que el intento de una modificación de créditos sería, cuando menos, un primer paso. Pero se ve que predomina la resignación: si el gobierno se aferra al realismo de la carencia de recursos para justificarse, la oposición no parece muy predispuesta a sacarlo de esas casillas. Y eso que se trata de instalaciones municipales.
La situación, por otro lado, revela una cierta paradoja. Es llamativo que una población que clama aún por un puerto deportivo-comercial se muestre tan insensible con carencias tan significativas como las de una digna estación de guaguas o esta misma disponibilidad de instalaciones deportivas en buenas condiciones de aprovechamiento y uso. El ejemplo de lo ocurrido con la nueva biblioteca pública -la agitación que ha sido necesaria para que fructificasen las conversaciones de la concejala delegada con el Cabildo Insular a fin de convenir la dotación de mobiliario y adminículos- podría también servir para ilustrar ese contrasentido: el empeño en una obra de perfil faraónico y el desentendimiento de las necesidades más apremiantes y más al alcance.
Lo malo es que esa insensibilidad se prolongue, que cuaje en indolencia o indiferencia sin reparar en la importancia que tiene contar con equipamientos adecuados, en este caso para practicar deporte. Deben ser miles las licencias federativas de deportistas locales. Y centenares de quienes no contando con una practican por su cuenta y querrían hacerlo en lugares apropiados.
La sociedad portuense es así no es una respuesta convincente. Y si es así, hay que sugerir que cambie. El conformismo, en el caso que nos ocupa, no es positivo. El deporte local, entre otras cosas, precisa de un revulsivo. Y conste que no es exclusivamente un problema de competencia municipal ni de instalaciones inacabadas o incompletas: es cuestión de más apego, más dedicación y mejor organización.
Una cuestión de sensibilidad.

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