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Mi Habana en el recuerdo, una novela de Agustín Ravina Pisaca sobre Canarias y Cuba. Por Eduardo García Rojas

“Eran las seis de la mañana cuando un estruendoso ruido resonó en la habitación. Jorge y Bernardo se levantaron sobresaltados, parecía que el cielo había caído sobre La Haban. Se asomaron al balcón del hotel y observaron como una cortina de agua –como si fuera una manguera proyectada desde el cielo– descargaba su caudal con potente fuerza sobre la ciudad. Jamás en las islas habían visto caer agua con tanta intensidad. Al fondo, en el horizonte y sobre el mar, se dibujaban infinidad de rayos que iluminaban constantemente la noche”.

(Mi Habana en el recuerdo, Agustín Ravina Pisaca)

A lo largo de la historia las relaciones entre Canarias y Cuba han sido significativamente estrechas. La emigración que en tiempos tormentosos como los actuales obligó a miles de canarios a buscar trabajo en la mayor de Las Antillas así como el éxodo masivo que cubanos emprendieron rumbo al archipiélago tras el triunfo de la revolución castrista pedía una novela que rindiera justicia a esos hombres y mujeres que desafiaron al destino y cuya épica existencial terminó por ser devorada por las circunstancias históricas que agitaron el Caribe durante el primer tercio del siglo XX.

Consciente del desafío ante el que se encontraba, el escritor Agustín Ravina Pisaca propone en Mi Habana en el recuerdo el relato de dos emigrantes tinerfeños, Bernardo y Jorge, naturales de La Gomera y Tenerife, respectivamente, en esta monumental obra en la que además de narrar cómo poco a poco y a base de mucho tesón y trabajo sus dos protagonistas terminan por insertarse en la sociedad, recorre  la vida del país desde mediados de los años treinta hasta principio de los sesenta. Lo que sirve de repaso para refrescar la historia de Cuba.

Cuba.

Un país que, al igual que Venezuela, podría ser considerado como la octava isla de Canarias porque ¿quién no tiene en esta tierra un pariente que se marchó para no saber nunca más de él?

Éste y no otro es el objetivo de la novela de Ravina Pisaca, un título que pese a su extensión (¡más de ochocientas páginas!) y en ocasiones irregular discurso narrativo expone sin máscaras para describir la forja espiritual que caracterizó a muchos de estos hombres para convertir sus sueños en realidad al mismo tiempo que se cubanizaban sin dejar de recordar su territorio de origen.

En este aspecto, lo mejor de Mi Habana en el recuerdo es seguir el itinerario existencial de sus dos protagonistas, así como la nostalgia que sienten ante unas islas que nos les ofrecía nada, salvo atraso y tradición.

Uno de ellos, Bernardo, se marcha de la isla obligado por problemas personales mientras que Jorge se evade por sed de aventuras para prosperar.

Una vez desembarcados en La Habana y para situar al lector, Agustín Ravina Pisaca salpica su texto con referencias históricas en las que cuenta los distintos conflictos que han configurado la radiografía política y moral cubana entre los años comprendidos –ya hemos dicho–  treinta hasta principio de los sesenta.

Estos capítulos históricos me han permitido refrescar algunos de los momentos más señalados de la biografía de ese país. Un país que despierta entre los iniciados contradicciones y mucho desconcierto. También demasiada pasión, lo que dificulta una lectura objetiva para intentar entender el rumbo que, finalmente, asumió la isla tras la entrada en enero de 1959 de Fidel Castro en La Habana.

Ciudad legendaria.

La obra de Ravina Pisaca da voz así a la diáspora, a los que se marcharon mientras abandonaban por el peso de la Historia lo mejor de su patrimonio sentimental como material en la isla.

Pero son estos, a mi juicio, los capítulos menos afortunados del libro, ya que quiebra el pulcro equilibrio entre cabeza y corazón que mantenía el autor hasta ese momento.

Cabeza al narrar el laborioso trabajo que desarrollan sus protagonistas para convertirse en hombres de provecho para hacer familia. Y corazón cuando las complicadas  tormentas políticas cubanas –tan extremas y trágicas– enturbian el contenido de la novela.

Mi Habana en el recuerdo es un libro que, pese a su extensión y pese a su inestable estructura, reúne los suficientes atractivos para aquellos que, consciente o inconscientemente, han sido inoculados con el virus cubano.

Una isla que se nota que Ravina Pisaca conoce muy bien, y que sus protagonistas recorren en los que quizá resulten los capítulos más innecesarios de la novela por su sabor a postal turística, pero que no manchan las intenciones de una obra ambiciosa y escrita con un profundo amor hacia Cuba y sobre todo, de ahí el título, a La Habana, una capital que aprendió a estar despierta las 24 horas del día y que deslumbró por fusionar modernidad y clasicismo para ser una de las ciudades de referencias del planeta hasta que llegó el comandante y mandó a parar.

Todos estos elementos hacen, pese a sus peros, que Mi Habana en el recuerdo me resulte un volumen singular. También una rareza en el panorama de la república de las letras que, actualmente, se escriben en Canarias.

Encuentro en el texto una agradecida reivindicación por los emigrantes que lo dejaron todo para ser personas y generar familia en un país que, aparentemente, les resultaba muy grande.

Familia inquieta,  se destaca en los capítulos finales del libro, cuando sospecha que la revolución transformadora no fue otra cosa que una sandía: verde por fuera y roja por dentro.

(*) La imagen corresponde a Nuestro hombre en La Habana (Carol Reed, 1959) basada en la novela del mismo título de Graham Greene.

Saludos, la historia nos absolverá, desde este lado del ordenador.

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