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La voz de Ánghel

Si no existiera Ánghel Morales habría que inventarlo.

Con todos su más y con todos sus menos.

A Morales, que es mucho Morales cuando quiere, le debemos esa iniciativa literaria que responde al nombre de Generación 21, así como otras apuestas arriesgadas recientes que han espabilado el hasta ahora tranquilo pero también emponzoñado territorio de las letras que se escriben y que se publican en Canarias.

Sin embargo, y al margen de su lado como editor, periodista y escritor, creo que lo más importante  para quienes no conocen a Ánghel es destacar que se pierden a Morales. Y viceversa.

Si está inspirado, el fundador de Ediciones Aguere resulta un conversador  incansable que sin la petulancia de un erudito aclara u oscurece, según le dé la real gana, historias y personajes que forman parte de la memoria de unas islas que no terminan por creerse a sí mismas.

Cuento todo esto porque la colección La quinta columna de Ediciones Idea reúne en un volumen algunos de los artículos que el escritor y editor ha ido publicando a lo largo de su vida en distintos medios de comunicación del archipiélago. Su título: La voz de Ánghel.

Un puñado de reflexiones en las que el lector avisado puede conocer mejor al Ánghel que escribe pero no al Morales charlador, que no charlatán, con su puntito canalla y burlón que, para quien ahora les escribe, le ha proporcionado grandes ratos mientras escucha cómo desgrana fragmentos de una vida que a veces sabe a realismo mágico.

Así que con todas sus virtudes y con todos sus defectos, Ánghel continúa siendo mucho Ánghel.

O el Dustin Hoffman de las letras canarias, como no se cansa de repetir Javier Hernández Velázquez, otro bromista y escritor a quien comencé a tomarme en serio tras descubrirlo en la antología que, en su día, Morales presentó para dar a conocer “la nueva narrativa canaria.”

Respecto al libro que publica en Ediciones Idea, uno se tropieza con artículos en los que se aprecia compromiso. También muchas de las constantes de su autor, entre otras, su discurso encendido en favor de la independencia de Canarias.

Pero hay más.

Me llama así personalmente la atención leer la carta enfurecida que en su día le envío Justo Fernández, como secretario general de la UGT, y la respuesta mordaz e irónica de Morales que tiene mucha sal y mucha pimienta. Sal y pimienta y Ajoblanco son revistas en las que colaboró Ánghel, quien antes de escritor fue jugador de fútbol. En Málaga aún lo recuerdan.

El libro contiene otros artículos más o menos envenenados, y un puñado que desconciertan por su tono evangelizador, aunque planea en todos ellos al margen de mensajes y de ideas, la mirada de un hombre que se implica procurando no perder su peculiar sentido del humor.

Su agradecida y generosa ganas de reírse del mundo. De todo cuanto le rodea, incluso de las cosas que más le importan.

Dicho todo esto, creo que merece la pena acercarse a La voz de Ánghel.

Un tipo, ya lo hemos dicho, que si no existiera habría que inventarlo.

(*) La voz de Ánghel se presenta este viernes, 21 de junio, a las 19 horas en el salón de actos de la Mutua de Accidentes de Canarias (MAC). En el acto además del periodista, editor y escritor, intervendrán Cirilo Leal y Daniel María.

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