FIRMAS

El poco valor a la palabra. Por Jefet Barreto

Percatamos, a diario, como nuestros gobernantes, de uno u otro signo, se desdicen, rectifican lo afirmado pocos días antes, hacen justo todo lo contrario a lo que prometían, se olvidan de los compromisos con la misma ligereza con la que los enunciaron.

Cuando uno observa estas acciones y actitudes, lo primero que se le puede pasar por la cabeza es decir: «vaya políticos tenemos, qué vergüenza, así está la isla…» Pero si analizamos la situación con mayor frialdad y desapasionamiento, lo que tenemos que plantearnos los ciudadanos (también políticos al modo aristotélico) es hacer autocrítica y preguntarnos: ¿Cuánto vale tener palabra en política? Y la respuesta es muy sencilla: tiene el valor que los propios ciudadanos le damos, y que es prácticamente igual a cero.

¿Qué coste electoral tiene faltar a la palabra? ¿Se castiga de algún modo la desfachatez política? Bien sabemos todos que no. Ahí están esos sempiternos argumentos del «y tú más» o del «más vale lo malo conocido» para justificar mil y una tropelías políticas.

Me resisto, me rebelo ante esta concepción de la política. Dicen que tenemos los políticos que nos merecemos. También me pongo en contra de esta afirmación. Estoy convencido de que La Palma se merece mejores políticos y mejores políticas. Contra viento y marea, muchos han podido comprobar, aunque vayamos camino de convertirnos en la aldea gala de Asteríx, que hay ciudadanos que dan valor a esa palabra. Quizás sólo sea una gota en el océano, pero también puede ser un efecto mariposa.

A la palabra, hoy en día, lamentablemente hay que dignificarla y darle máximo valor, sin olvidar lo que dijo Molière, «todos los hombres se parecen por sus palabras; solamente las obras evidencian que no son iguales»

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