FIRMAS Marisol Ayala

“¡Váyase, consejera Mendoza!”. Por Marisol Ayala

Hoy me han contado de qué manera la consejería de Sanidad del Gobierno canario mina la salud laboral de sus médicos de “cierta edad” hasta aburrirlos, de forma que acaben causando baja en el SCS. Jubilación forzosa o despido. A elegir. Y hablo de prestigiosos facultativos, esos que tienen una larga experiencia como especialistas y que están en la obligación moral de trasladar esa sabiduría a los médicos jóvenes, y que han acabado en la calle, despedidos, “que no jubilados” con una escueta nota –en un P-10, dicen ellos- en la que ni siquiera le dan las gracias por los servicios prestados; ni una palabra de agradecimiento por haberse dejado la piel, guardia tras guardia, en la sanidad maltrecha, indigna, precaria en la que iniciaron su carrera profesional. La sanidad más sangrante. Luego, es verdad, los tiempos cambiaron pero finalmente el caos, la mala gestión, la incapacidad cum laude de la consejera de Sanidad del gobierno Canario, Brígida Mendoza, ha situado la sanidad pública canaria tan brillantemente esperanzadora de los 90 en una vergüenza que transita los pasillos de nuestros hospitales abochornando a los que tanto lucharon por ella.

¡Qué estaría diciendo esta "joya" ... !

¡Qué estaría diciendo esta inútil … !

Pero estos benditos profesionales no contaban con los recortes; con el bisturí de la administración siempre dispuesto a cortar aunque el corte dañara zonas vitales. Lo cierto es que en pocos años los gobernantes canarios, unos y otros, han  seccionado la ilusión de un buen puñado de facultativos a los que tanto les debemos y que hoy son puestos de patitas en la calle sin más explicación que “los recortes”.

Partida de imbéciles que desprecian la experiencia de las primeras espadas de nuestra sanidad, profesionales de los que nos sentimos orgullosos y que hoy hablan de la situación que viven con un nudo en la garganta.  Cuando los especialistas me contaban como son las reuniones con los gerentes del Negrín o del Insular/Materno Infantil entendí más su abatimiento; ellos, los gerentes, inútiles con un máster de la nada, son los “ordenan y eligen” a los enfermos que deben operar desautorizando la opinión de los especialistas. La indignación de quienes me lo contaban lindaba con la emoción de los que con sesenta y pocos años están viendo como tanta lucha ha servido de poco. De nada.

José Ramírez, por ejemplo, uno de los mejores cirujanos de la sanidad canaria, ha colgado la bata hace unas semanas y se ha ido a la medicina privada, una supone que harto de engañar a sus enfermos con operaciones que no llegan y de soportar la presión desmedida de jefes inútiles que no saben hacer una “O” con un canuto y se permiten el lujo de ordenar que en determinadas intervenciones quirúrgicas se use el material más barato que no siempre es el más adecuado. Pepe es un lujo como cirujano y yo le tengo mucho cariño. Recuerdo a buenos amigos especialistas de prestigio como Orlando/Landi Falcón, histórico ginecólogo, o al mismo Marcos Gómez Sancho, el hombre que en Canarias puso en marcha la Unidad de Cuidados Paliativos y que están en la calle. Despedidos. Y recuerdo a muchos más que prefiero no mencionar porque los “cerebros blancos” tienen poder para seguir minándoles la vida profesional y personal incluso en la sanidad privada.

El timón sin rumbo de Mendoza, la inútil consejera de Sanidad, debía ser corregido con urgencia porque no es poca cosa escuchar que recortar a diestro y siniestro es tan peligroso como un mono con dos pistolas. Si Mendoza tuviera eso que se llama dignidad volvía al Servicio de Urgencias del Hospital Insular –donde trabajó muchos años- y del que nunca debió salir. A esta señora hay que encerrarla con siete llaves. Un peligro.

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