FIRMAS

La injusta justicia. Por Joaquín Hernández

Me lo dijo un amigo cuando aun ejercía de Magistrado – Juez de instancia e instrucción de Tenerife: “El juez falla cuando folla y folla cuando falla”, o sea que nunca la sentencia será del gusto de todos, o eso entendí yo. Debe ser algo, como sentirse el rey de oros, subliminal, cercano a lo divino disponer de la vida, hacienda y milagros de todo bicho viviente. La fuerza de su “señoría” es tan grande, tan importante, que puede arruinar tu vida sin motivo alguno, por el simple hecho de creer en una falsa denuncia por ser inadecuado el trato que le has dado a un policía antidisturbios cuando, con la porra en la mano, te perseguía por la calle de Alcalá dándote caña brava, tu le dijiste “¡¡me cago en tu puta madre cacho cabrón!!”. El antidisturbios montó en cólera y después de patearle hasta los higadillos y tirado por los pelos le subió al furgón  dándote un par de collejas en el cogote, te dijo “se te va a caer el pelo so maricón”. De manera que en menos de dos horas te conviertes de un pacifico manifestante anti sistema a un fuera de la ley que desobedece a la fuerza pública, la insulta y hasta la ¿agrede?… Pues también.

Vamos a ver, un poco de sensatez; ¿Cómo va a agredir a un policía, preparado para actuar con toda la contundencia posible, un paisano de 69 años con el uso de un  paraguas? Pues por lo visto así fue y el policía agredido y ultrajado, apaleado e insultado formuló denuncia ante el juzgado y estimando el señor Juez que el detenido era un peligro público inminente, decretó la entrada en prisión del terrorista urbano. Si, ya sé que luego a los 15 días lo pusieron en libertad condicional y a la espera de juicio con la premisa de firmar cada 15 días en el juzgado de instrucción más cercano a su domicilio.

El presunto “terrorista experto en guerrilla urbana” se gastó 300 euros en pagar su defensa, es decir anticipar ese importe para el abogado defensor y la procuradora que le asistieron, con lo cual ese mes se redujo su pensión de 675 euros a la mitad. Teniendo en cuenta que sus dos hijos estaban en paro obrero, el mayor casado y con dos niños que había agotado su prestación de desempleo, la cosa para medio comer ese mes se puso chunga como la vida misma.

Llegado el día del juicio fue condenado a una multa de 1.500 euros más una indemnización al policía por importe de 675 euros correspondiente a los destrozos en su uniforme y gastos de desplazamientos en taxi durante 15 días debido al esguince de tobillo que sufrió cuando fue atacado por el denunciado, a eso se añadía 6 meses de cárcel por agresión a la autoridad pública. O sea que el pobre hombre se acojonó tanto que, liándose la manta a la cabeza, solucionó todo arrojándose desde el balcón del 7º piso de su vivienda en Vicalvaro.

Los compañeros y amigos que acompañaron sus restos mortales hasta el cementerio de la localidad se juraron que pasara lo que pasara jamás de los jamases volverían  a concurrir a una manifestación ni siquiera por la salvación de la humanidad.

 

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