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España no es un país para jóvenes. Por Joaquín Hernández

Alemania continúa con su invasión europea. Esta invasión, que parece solo la observamos cuatro “imbéciles iluminados”, es cada vez más fuerte, más aterradora,  con un solo propósito; el sometimiento de los Estados que componen el marco de la Unión Europea a la nueva y poderosa Alemania. El cerco se cierra, cada vez estamos siendo más invadidos por los germanos. La idea del Káiser y posteriormente de Hitler de convertirse en los amos, los dueños de Europa, está en plena vigencia en la mente de Ángela Merkel y su wehrmacht económica. Primero Grecia, Irlanda, Portugal, ahora España e Italia, Holanda, próximamente Finlandia y un poco más lejano en el tiempo, pero con toda seguridad, caerá Francia. El ahogamiento de las economías de estos países, unido al control que ejercen los alemanes al Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, la publicidad de guerra al mejor estilo nazi de Joseph Goebbels, concentra todo su poder en  convencer al adversario, al enemigo, que todo lo que está ocurriendo es su culpa, que es por el despilfarro y el estilo de vida aburguesado viviendo por encima de “nuestras posibilidades”. Está publicidad está prevista para concienciar al pueblo “que lo mejor es rendirse a la evidencia y entregar las armas” y dejarse “ayudar por el pueblo amigo germano” que nos tiende una mano (al cuello) para salir fortalecidos de una crisis económica inventada por ellos con el apoyo de la trilateral y Usa con el sólo objetivo del reparto del mapamundi y su influencia en los 5 Continentes. Aliada con el neoliberalismo más salvaje y carroñero del último siglo, Alemania sigue con paso firme su escalada “bélica” en Europa.

Pero para ganar la guerra la invasión se tiene que consolidar en el tiempo y nada mejor, para un país de viejos como es Alemania, importar jóvenes de los países invadidos e incorporarlos a su economía productiva. En la actualidad 43.538 trabajadores españoles con alta cualificación trabajan en suelo alemán, 43.538 personas, en su mayoría jóvenes, formados en las Universidades españolas, con dinero de todos los españoles y que está financiando la economía alemana. De manera que nosotros corremos con los gastos de formar a nuestros hijos, a nuestra juventud y el valor añadido a esta formación se lo llevan los alemanes. Y ahora nos llega el famoso acuerdo que algunos temíamos: El Gobierno germano ha dejado muy clara su postura contraria a aplicar más estímulos en su país para tirar de la actividad europea, pero sí suele ofrecerse como refugio para la mano de obra cualificada española, especialmente cuando se trata de jóvenes. En este contexto, la ministra de Empleo española, Fátima Báñez, y su homóloga alemana, Ursula Von der Leyen, firmaron este martes un memorando de entendimiento para dar empleo a miles de jóvenes españoles al año a través de la formación profesional dual —que combina trabajo y formación— y de puestos estables para personal cualificado. La clave está en “puestos de trabajo estable para personal cualificado”. Los tiempos han cambiado, ahora Alemania no necesita mano de obra barata para trabajar a temperaturas bajo cero en las construcción de vías férreas, el metro de Berlín y de otras capitales germanas, limpiar cloacas o barrer sus calles, para eso tienen a los turcos, griegos y portugueses. Ahora necesitan jóvenes biólogos, matemáticos, médicos, físicos, ingenieros, arquitectos, etc., para cubrir la carencia de juventud en un país de viejos reumáticos y asmáticos cuya esperanza de vida no sobrepasa los 75 años de media.

La impresentable política de locura del peor gobierno de toda la historia de España, y no me refiero sólo a la etapa democrática de la Constitución del 78, (incluyo a la España franquista, dictatorial y genocida) nos está llevando a la destrucción del concepto Estado/Nación/Soberanía cambiándolo por el sometimiento, la destrucción del Estado de Derecho y la pérdida de nuestra independencia. Exportar sin beneficio alguno nuestro activo más estimado, nuestro elemento más  importante y eficaz para terminar con la crisis, desarrollando nuevos emprendedores sociales que agilicen nuestra economía es un acto de traición a la nación sin precedentes. Entender que la solución al problema del paro juvenil pasa por dar la patada en  el culo a nuestros jóvenes, poniéndolos con la maleta en la frontera de Alemania es algo que tendrá que remover la conciencia de una sociedad adormilada y masoquista hasta el extremo de celebrar el éxito deportivo de cualquier hazaña futbolera y quedarse cobardemente muda, sorda y ciega ante canalladas como las que estamos viviendo. Estar dos años más esperando unas elecciones se nos antoja interminable, sobre todo por el saqueo total  del botín de guerra que nos someterá la vencedora: Alemania.

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