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Justicia y paciencia. Por María Jesús León

La infanta Cristina ya no está imputada. Cuando la ciudadanía clama por que, al menos, dé una explicación, esta señora, que tiene que observar un comportamiento ejemplar, se escaquea. La Audiencia de Palma va y decide que no, que es de sangre azul y la sangre azul, no da explicaciones.

El expolio de Iñaki Urdangarín le es ajeno. Los robos y desmanes cometidos, fuera de toda ética, no van a salpicar a Cristina de Borbón porque ella pertenece a esa serie de privilegiados mortales a los que la conciencia no molesta con sus incómodos toques en el hombro. Ella seguirá durmiendo bien, con buen sueldo, buena casa, protegida hasta que nos decidamos a colocar los cadalsos en las plazas de los pueblos. Sus lameculos seguirán sonriendo a su alrededor y todos tan felices.

Y la justicia es igual para todos… y algunos descarados nos siguen pidiendo paciencia.

Miren, llevaba tiempo pensando si contarlo o no, cuántas historias tristes se pueden contar por ahí, y cuántas veces intento guardarme mis problemas para no enrarecer más el ambiente, pero es que hay cosas que me hacen saltar el corcho.

Yo cobro desde hace mucho tiempo una pensión de 426 euros. En 3 años (los que tiene mi hijo) no he conseguido un trabajo. Mes y medio una vez, dos meses otra. Pero nada que me permita recuperar ni la dignidad, ni la esperanza. El 30 de marzo tuve que volver al INEM a renovar mi prestación. Cruzando los dedos me acerqué a mi oficina sin saber si aún me correspondía algún subsidio. Me informaron de que sí, que aún me quedaban seis meses. Me citaron para el 2 de abril y ese día formalicé la petición de prolongación. “¿Sigue usted siendo madre soltera?” “Sí, claro”. Pues, concedido. Me dijeron.

Me fui a mi casa aliviada. 426 euros dan para bien poco. Mi padre tiene que hacerse cargo del alquiler de mi casa y, alguna que otra vez, de algún gasto extra (arreglo del coche, seguros…). No puedo irme a vivir con él porque sería reducirle a él su calidad de vida con 80 años, una casa pequeña y un niño imparable de 3 años pero, además, mi subsidio sería retirado al incorporarme a una unidad familiar. Lo comido por lo servido. Mi padre, como muchos saben, paga, además, una residencia para mi madre enferma de Alzheimer. La ayuda de la Ley de Dependencia jamás llegó, ahora no llegará nunca, lo hemos asumido, así es que soporta él solo el pago mensual de 1850 euros, más gastos adicionales; mi alquiler, su vida…tira de ahorros, claro está, una pensión no aguanta ese ritmo.

Pues ya estaba yo tan contenta con no tener que suponer una carga adicional cuando, días después, necesité hacer una consulta en la página del Servicio Canario de Empleo con el número que te otorgan al ser demandante de empleo. No funcionaba. Inmediatamente me presenté de nuevo en la oficina.

“No me funciona el DARDE”, expliqué.
“Dígame su DNI…Sí, bueno, es que está usted dada de baja”
“¿Cómo de baja?”
“No ha renovado usted su demanda de empleo. Tenía que haberlo hecho el día 9 de abril y estamos a día 19”
“Pero, oiga, si yo he estado aquí el día 2 de abirl, mire!” Le digo con cierta desesperación enseñando el sello del papel en el que se me renueva la ayuda.
“Ya, pero la ayuda es independiente de la demanda”.
“Bueno, pero, entonces, puedo darme de nuevo de alta”.
“Sí, pero la penalizan a usted con un mes”
“¡¡Pero qué me dice!! ¿Quiere decirme que no voy a cobrar los 426 euros en mayo?”
“Sí, justamente eso”.

Inmediatamente los lagrimones se me derramaron involuntariamente. No podía pararlos. Había abierto el grifo de la desesperación, de la indignación, del saber que un error (del que nadie me advirtió) me había costado la comida de mi hijo, su agua, su luz…

No hubo nada que hacer. La norma es esa. La ley es así. Antes de volver a darme de alta, la gente del Servicio Canario de Empleo, viéndome desesperada, me pidió que intentara conseguir un parte de baja que justificara la no renovación. Llorando me desplacé a mi centro de salud y mi doctora estaba de vacaciones, la sustituta no me hizo el favor…es una ilegalidad. Lo entiendo.

Volví al Servicio Canario de Empleo y me di de alta. En realidad, estar ahí no sirve de nada, sólo sirve para que te paguen el subsidio, pero jamás te llaman para trabajar. Es paradójico, sin embargo, que la renovación de la ayuda no se vicule con la reovación de la demanda, mientras que la no renovación de la demanda vincula y penaliza con la retención de un mes de sueldo.

Este mes, el día 10 no cobro. Bueno, cobro unos 100 euros que son los correspondientes al tiempo que aún estaba de alta, y en junio cobraré el resto, unos 300. En total, me penalizan con 426 euros, un subsidio de subsistencia, porque cometí el error de olvidarme de sellar el día 9 de abril. Es tan injusto, que todavía lo escribo y me entran ganas de llorar. Pero no tengo recurso posible. Aunque escribí un documento en que explicaba las causas a ver si el INEM (encargado de las prestaciones) se apiada de mi, el propio funcionario me explicó que no suelen aceptar ninguna excusa. Al tiempo, me recomendó ir al juzgado a denunciar la situación. ¿Con qué dinero? Le pregunté…

Abatida salí de ese centro sabiendo que la igualdad jurídica y de derechos es solo una entelequia. Unas frases vacías que se escriben en no sé qué Constitución. Que las leyes son “más iguales” para unos que para otros.

Dias después, Rajoy, que sigue con su vida regalada, nos pidió paciencia. Hoy, nos informan de que Cristina de Borbón se va de rositas. No es justo. Y cada vez lo es menos.

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