FIRMAS Salvador García

No es lo más edificante. Por Salvador García Llanos

Llama la atención que la disparidad de criterios y aún más, la disconformidad con algún proceder, y hasta la crítica que por alguna causa se pudiera ejercer, se libre entre responsables de una misma institución o de un organismo público en los medios de comunicación. Que se utilice a éstos para intercambiar mensajes o emitir señales de discrepancia con métodos de trabajo o decisiones que revelan, en sí mismas, prioridades, no parece la fórmula más idónea. Da que pensar, proyecta inestabilidad, anticipa descontento, genera desconfianza…
Es lo que ha pasado últimamente con el Consorcio Urbanístico de Rehabilitación Turística, encargado de planificar, canalizar y empezar a ejecutar, junto a otras instituciones públicas, el futuro del Puerto de la Cruz. Miembros del gobierno municipal, entre ellos, el propio alcalde, han cuestionado hasta la diligencia o la agilidad de la gerencia en determinados asuntos.

Y eso es difícilmente digerible. Porque, vale que no se crea en el Consorcio, que se mantengan los recelos de la etapa en que fue creado; y vale que la actuación profesional sea imperfecta hasta el punto de producir insatisfacciones. Pero de ahí a expresarlo en medios de comunicación media un trecho. Y miren que siempre ponderaremos la autocrítica pero partiendo de que ésta hay que hacerla y ejercerla en el seno que debe hacerse y luego, si se quiere, procesarla adecuadamente para su proyección pública.

Quizá sea la incredulidad donde estribe el pecado original y esa sea una señal que no sólo no se borre sino que se va extendiendo. Únicamente serán pruebas documentadas y materialización física o palpable de gestiones los soportes con los que superar la incredulidad. Se supone que estando en el mismo barco, todos navegarán en la misma dirección, asumido el reparto de papeles. Y cuando se advierta desvío de rumbo, o disfunciones a bordo, a corregirlo desde el puente de mando -donde por fortuna tampoco hay excesivo personal- discutiendo y ensamblando las determinaciones si es necesario.

Pero que se diga públicamente que “el Consorcio no ha actuado con rapidez en la gestión de determinados asuntos”, o que “debería plantearse una nueva priorización en los proyectos debido a la situación económica”, o la necesidad de “una mayor premura para la puesta en marcha y culminación de algunas obras fundamentales”, revela, cuando menos, un grado de insatisfacción que, si por un lado, sirve para no incurrir en la autocomplacencia -y eso no parece malo si se tuviera para todo la misma vara de medir-; por otro, desnuda la natural preocupación que significa airear en los medios la disparidad o la diferencia de criterios.

Porque eso, claro, proyecta una sensación de disconformidad y descoordinación muy inquietante. Si la gente está cansada de controversias entre políticos, mucho más desazonada se sentirá si comprueba que quienes están en el mismo barco también se dedican a recelar y a exponer puntos de vista contrarios.

No es lo más edificante.

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