FIRMAS Salvador García

Cuánto absurdo, cuánta inconcruencia. Por Salvador García Llanos

Cada vez más complicada la política catalana, cuanto la envuelve es poco seductor, poco atractivo. Resignación o no, lo cierto es que, desde hace algún tiempo, damos por hecho que algún día Catalunya dejará de ser parte de España. No sabemos cuándo ni con qué fórmula, ni con cuantas fracturas. Pero lo será: el sentimiento chocará con todos los obstáculos pero no se detendrá y seguirá apremiando y extendiéndose. Hasta que llegue a su meta.

Entretanto, episodios para reír o para llorar, según se quiera.

Resulta que cuando la toma de posesión de Artur Mas, hace pocas semanas, un cuadro de Su Majestad el Rey fue tapado con tela negra. Otra raya del tigre ese al que todo el mundo acepta. O da por imposible.

Y ayer, el presidente de la Generalitat visita al monarca en una reunión “que forma parte del trabajo, de la cortesía y del diálogo”.

Imposible mayor contradicción, por ser benevolentes con lo que de verdad inspira la situación. Entonces, aquel acto de toma de posesión, con el retrato real velado, no era parte del trabajo, no era una expresión de cortesía ni era base de diálogo.

Era otra manera de simbolizar la rebeldía, el separatismo, lo inaceptable de una forma de democracia y de una jefatura de Estado que no se quiere reconocer.

Semanas después, el retrato se hizo carne y fue saludada ‘in person’. Trabajo, cortesía y diálogo, justificantes; o sea, justo lo que no se quería hacer o aparentar cuando, saltándose el elemental respeto, taparon con tela negra un cuadro que debía molestar.

Cuánta falsedad, cuánta estupidez, cuánto absurdo, cuánto contrasentido, cuánta incongruencia…

De charanga y pandereta.

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