FIRMAS Marisol Ayala

La sanidad canaria se desangra. Por Marisol Ayala

Que médicos de los hospitales canarios transiten los pasillos de los centros con una mascarilla que oculte su rostro no es porque vayan al carnaval. Lo hacen para escapar, para huir de los enfermos que aguardan una atención y que ésta se demora de tanto, que los asaltan en los pasillos, ascensores, cafetería, garajes, etc., con la pregunta “¿Cuándo me operan, cuándo me puede ver?”. No crean que lo que relato es un cuento chino; no lo es. Juro por mis hijos que no. Hablo con mucha frecuencia con profesionales de la sanidad del SCS y son ellos los que cuentan episodios de ese calado. Están tan cansados, que algunos incluso piensan seriamente dejar la sanidad pública y pasar a la privada a pesar de ser primeros espadas en su especialidad. Y ya no es solo por el hecho dramático de decir “no” mil veces a unos enfermos cuya dolencias requiere una atención urgente, no. Es que no quieren ser cómplices de unos recortes que está matando gente o seguir lidiando con unos gestores sanitarios que no saben hacer una o con un canuto y que carecen de la formación necesaria -y exigible- para administrar el dinero público, escaso o no.

La incapacidad de muchos gestores del SCS es lamentable hasta el punto de que muchos de ellos no tienen siquiera un master en gestión empresarial. Por eso hace unos meses se ha reunido la Junta Técnico Asistencial de uno de los centros canarios -no puedo desvelar mis fuentes- para decidir qué hacer frente a unos quirófanos que no se activan, unas listas de espera como nunca, encontronazos diarios con enfermos, amenazas de denuncias, etc., y ante sus quejas recibir como única respuesta del gerente de turno un despreciable “es lo que hay”. En los hospitales canarios ya están exigiéndoles a los enfermeros que no hagan muchos “gastos” con los pacientes ingresados, es decir exigiéndoles que hasta las curas se hagan con el menos costo posible y las altas se aceleren, que el consumo con el paciente sea mínimo. Abaratar costos. Hay incluso una orden no escrita para que los médicos engañen una y otra vez a los enfermos mareándoles con las listas de esperas, con la atención especializada, con los centros de salud, con la atención domiciliaria…

Es evidente que frente a un panorama tan desolador la medicina privada está al acecho y hace bien porque en menos de nada esta sanidad herida de muerte será un gran chollo. Tanto, tanto, que sabiendo como está de mal la profesión periodística en Canarias a un compañero le han hecho la oferta más obscena que se puede escuchar; acudió a un potente grupo en el campo de la sanidad de las islas en busca de trabajo y en su currículo detalló en qué medio había trabajado, “¡fantástico!”, pensaría el empresario. Pues bien, le habló sin rubor: “Le ofrecemos un buen sueldo y su papel será solamente “comerle la oreja” con artículos, agasajos, presencia en debates, etc, a sus compañeros de profesión para que en Canarias vaya calando el mensaje de que la medicina privada es la solución”. Es decir, comprarlo. Es más; la oferta incluía no acudir a su puesto de trabajo porque lo podía realizar desde su casa. Mi amigo, perplejo, dijo que no, y si no le dio dos golpetazos fue porque la edad le ha dotado de un temple del que carecía.

Esto que cuento es otra píldora de cómo se están poniendo las cosas. Sigo. La Junta de Médicos de la que hablé más arriba ha elaborado un escrito que no verá la luz pública nunca, ese es el pacto, para entregarlo por este orden a Paulino Rivero como Presidente del Gobierno canario y a la Fiscalía del TSJC. En ese escrito, que no he visto pero me han leído, censuran con dureza a Rivero y a quienes han dejado la sanidad canaria en manos de ineptos que han pasado de ser médicos de cabecera a gerentes de un gran hospital, sin tener ni preparación ni responsabilidad ni vergüenza. Las tres patas de un banco que nos ha llevado a la ruina. En ese mismo escrito adelantan su intención de abandonar la sanidad pública porque no quieren, como hasta ahora, pasar semanas sin operar, sin ver a sus enfermos, inmersos en el caos y la decepción, mientras sus enfermos se mueren o sufren enfermedades de tal gravedad que acabarán invalidándoles.

De forma que los miles de profesionales sanitarios que se están manifestandose en el centro de Madrid en defensa de la sanidad pública y en contra de las reformas promovidas por el Gobierno regional madrileño que propiciará la privatización, no es más que un aviso a navegantes porque ni Canarias ni otra comunidad está a salvo de semejante atropello asistencial.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario