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Cuba, ahora Venezuela: reseñas revolucionarias destacadas (III). Por Miguel Leal Cruz

Efectivamente, fue trascendental la ley de nacionalizaciones promulgada entonces que marcó un hito decisivo en la consolidación del proceso revolucionario emprendido, y rescataba de manos de los detentadores extranjeros en Cuba gran parte de la riqueza nacional. Entre las empresas nacionalizadas figuraban las Compañías de Electricidad y Teléfonos, las propiedades de las refinerías y estaciones de Texaco, Esso, Standard Oil, Sinclair y, además, 36 industrias azucareras de propiedad norteamericana, y de otras naciones incluso españolas.

En octubre de ese mismo año, se procedió a la expropiación de numerosas fábricas, así como los ferrocarriles y empresas industriales y se nacionalizó la banca de todo el país. Se aplicó la nueva Ley de Reforma Urbana que eliminaba la propiedad de los dueños de inmuebles y viviendas que eran entregadas a los inquilinos mediante determinadas condiciones favorables.

La radical nacionalización liquidaba, casi totalmente, la propiedad privada en Cuba y las bases económicas de la nueva sociedad entraban en una nueva etapa de propiedades socialista dentro de los bienes de producción, que aseguraban su administración a manos del Estado.

Estas drásticas medidas determinaron que la lucha de clases, lejos de aminorar, se incrementará desde posiciones burguesas, toda vez que la parte más acomodada se enfrentó al nuevo status económico, en tanto que la masa fundamental de la pequeña burguesía, más cercana a intereses de la mayoría de cubanos, se adhirió a la Revolución confundiendo sus ideales con los de la clase obrera y campesina.

Estos sectores populares constituyeron la base fundamental del éxito que obtuvo el proceso revolucionario cubano, admirado y aclamado por casi todo el mundo. La unidad bajo la vanguardia de la dirección revolucionaria, integrada por las fuerzas del 26J, el Directorio Revolucionario 13M y el Partido Socialista Popular, no sin algunas dificultades en la interpretación de determinadas medidas a tomar, junto con el apoyo unánime de los campesinos y obreros, quedaba instaurada una nueva dictadura del proletariado.

El 15 de octubre de 1960, el primer Ministro del Gobierno Revolucionario, Fidel Castro, declaraba: «…El programa previsto se ha cumplido, y no sólo se cumplió el programa, sino que se adicionó el programa, se perfeccionó en todo lo que era posible perfeccionarlo, se ajustó a las realidades de nuestro país, y nosotros podemos tener la satisfacción de que nos podemos presentar ante el pueblo con una promesa enteramente cumplida…»

Las nacionalizaciones de las propiedades capitalistas nacionales y extranjeras llevadas a cabo a partir de agosto de 1960, propiciaron la transformación de la ya llamada «revolución democrático- popular, iniciada con dicho fin en enero de 1959, que con mayores o menores aciertos se mantiene hasta hoy día. La prensa del momento expresa que: «…en el transcurso de esa compleja etapa, con la adopción de diferentes medidas, se fueron eliminando los males heredados del capitalismo que, por más de medio siglo, habían reinado en Cuba y que, con claridad, habían sido señalados en el discurso base de Fidel «La Historia me Absolverá», como eran el problema de la tierra, la industrialización del país, la vivienda o el desempleo, entre otros males crónicos…»

Un tratamiento especial para la gran mayoría del pueblo cubano era el problema de la salud, sector en el que la nueva política invirtió grandes recursos para extender todos los servicios hospitalarios hasta los rincones más apartados del país, con atención médica gratuita, rebaja del precio de los medicamentos y otras muchas medidas. Se incrementó la matrícula en la carrera de medicina, que aseguraba la graduación de los médicos para las necesidades de Cuba y de paso compensaba el déficit de los médicos que habían abandonado el país en los primeros momentos de incertidumbre contrarrevolucionaria y gubernamental.

El sector de la educación no fue menos importante para el gobierno revolucionario puesto que en un solo curso escolar, el de 1959 -60, se fundaron tantas escuelas rurales como las creadas en los 50 años precedentes de gobiernos burgueses y pro-norteamericanos.

Según datos que hemos podido contrastar la matrícula escolar aumentó de 717 000 alumnos, aproximadamente, en el curso 1958-59 a más de un millón en el curso siguiente. En septiembre de 1959 se había promulgado una ley que reglamentaba la creación de 10.000 nuevas aulas y en 1960 se habilitaron para centros escolares un total de 69 acuartelamientos de uso militar.

Complemento de esta política educativa emprendida fue la erradicación de otro mal crónico y heredado de los regímenes precedentes: el alto porcentaje de analfabetismo. La Campaña Nacional de Alfabetización fue emprendida por la Revolución cubana durante el año 1961, llamado por ello Año de la Educación, constituyendo un hecho tan relevante que asombró a los países del mundo en especial a los de Latinoamérica. Un solo año fue necesario emplear para alfabetizar a los próximo 700.000 analfabetos de los casi un millón existentes en Cuba hasta el momento. Quedando reducido, por último, a sólo un 3% de total existente que llegó a ser del 23 % o más.

Para llevar a cabo tal ingente tarea se movilizaron a más de 100.000 jóvenes estudiantes que se integraban en brigadas, así como otros voluntarios que auxiliaban a los maestros y profesores encargados del asesoramiento didáctico y pedagógico necesario para tal ardua empresa.

Fue importante el entusiasmo de los mismos afectados que pusieron la máxima voluntad en superar aquel compromiso personal que la revolución les brindaba, sumada la inmensa voluntad de los miles de jóvenes estudiantes asesores que se desplazaban hasta los rincones más alejados del país para enseñar «al que nada sabía», que vivían en plena oscuridad intelectual, social y política, y que tomada conciencia de sus realidades sociales se sumaron lealmente al movimiento revolucionario.

Al respecto Catalina Pérez Guillén, natural de Fuencaliente, Canarias, de 85 años, nos dice: «…A nosotros, la Ley de Reforma Agraria, nos dio en propiedad la tierra que teníamos arrendada cerca de la zona de La Vallita del Municipio de Florida, donde mi esposo – también isleño de Arona de Tenerife – se dedicaba a la siembra y cría de algún ganado para la familia.

Cuando la Campaña de Alfabetización, en nuestra casa de la finca, se dieron clases a muchos obreros agrícolas y gentes de los alrededores. Yo que sabía, recibí seminarios especiales para servir de profesora. Aquello fue una tarea preciosa e inolvidable…».

José Domingo Cabezas Plasencia, natural de Hermigua, La Gomera, Canarias, con más de cien años, en dicha entrevista, al respecto manifestó a la pregunta  “si la alfabetización era voluntaria o forzosa: «…Habría todo tipo de casos, pero en el mío que para aquella fecha tenía 64 años, me negué a alfabetizarme porque nadie me obligó. En realidad siempre «por mente» sacaba las cuentas y nadie me engañó. Lo que me hace falta es dinero, que yo, me encargo de contarlo. Siempre, igual que ahora, tuve que poner las huellas digitales para firmar…»

Fueron otras muchas las medidas acordadas, encaminadas a asegurar el cumplimiento de los objetivos de desarrollo para una nueva sociedad que paulatinamente se formaba en Cuba. Se decretó la suspensión del juego, se erradicó el tráfico de drogas, contrabando y prostitución. Se llevó a cabo una política eficaz de saneamiento de los barrios bajos y de la mendicidad crónica en las grandes ciudades de la Isla. Al tiempo que se celebraban congresos para aunar la actuación conjunta de obreros y campesinos, paralelamente a la lucha contra cualquier foco contrarrevolucionario.

Igualmente Ramiro García, nos dice como durante el año 1960 se había consolidado la Asociación de Jóvenes Rebeldes, integrada por la juventud cubana, así como la Federación de Mujeres Cubanas, cuya misión era organizar las masas femeninas de la población en ideales de común hacer revolucionario, así como defensa de las conquistas ya conseguidas. A fines de 1960 se habían, igualmente, creado por iniciativa de Fidel castro, las primeras Escuelas de Instrucción Revolucionaria, donde se preparaban y formaban, en el más amplio espíritu revolucionario, los militantes del 26J, del DR 13M y del PSP, en cuyo programa era fundamental el estudio y profundización del socialismo científico.

Es evidente que todas estas medidas tomadas desde el  mismo momento del triunfo revolucionario cubano, conducían a asegurar el avance del proceso de construcción socialista, cuyo rumbo se pone de manifiesto en los acuerdos tomados en plena sierra y más concretamente en los acuerdos llamados del Moncada y ejecutados a partir de l de enero de 1959.

Las transformaciones se fueron llevando a cabo bajo una misma dirección revolucionaria, no sin algún desencuentro en torno a los objetivos por parte de las tres principales fuerzas que la componían. El propio pueblo cubano fue protagonista de los cambios que se iban llevando a cabo, y «un buen día descubrió o confirmó que eso que aplaudía, y que al pueblo favorecía, y que era la gran conquista histórica del pueblo, esa revolución que tales cambios realizaba era una Revolución Socialista…»

El carácter socialista de la revolución emprendida, y ocultada como tal en los primeros momentos del triunfo, se consolidó plena y oficialmente, el 16 de abril de 1961 con ocasión del duelo de despedida por los fallecidos en uno de los bombardeos realizados por aviones militares al servicio de la CIA norteamericana, sobre los aeropuertos del antiguo Campamento Militar de Columbia, llamado Ciudad Libertad, y los de Santiago de Cuba y San Antonio de los Baños, causando además, fuertes pérdidas en la infraestructura aeroportuaria revolucionaria, pero no en aparatos. En dicho acto el máximo líder cubano, ante la prensa, preguntó: «Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la Patria, ¿Juran defender hasta la última gota de sangre esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes?», contestado afirmativamente con aclamación, Fidel continuó y dijo: » ¡Viva la clase obrera, vivan los campesinos, vivan los mártires de la Patria! ¡Vivan eternamente los héroes de la Patria, viva la Revolución Socialista, viva Cuba Libre!».

A raíz de aquella declaración y la imposibilidad de derrocar un régimen que iba consolidándose cada año, con el objetivo de ahogar aquella clara victoria revolucionaria del pueblo cubano, se intensifican las agresiones patrocinadas por la CIA y por cubanos contrarrevolucionarios con el visto bueno del Gobierno de los Estados Unidos. La opresión sobre el régimen castrista abarcaba desde las medidas económicas tomadas desde antes, apoyo armado y financiero a los anti castristas, hasta las agresiones armadas directamente sobre suelo cubano causando víctimas y graves daños.

Los norteamericanos, para ahogar a aquel régimen peligroso en un momento álgido de la guerra fría, habían tomado varias medidas a partir de 1960, sobre todo: suspensión de la cuota acordada de azúcar para el mercado norteamericano; más tarde prohibiendo la exportación de piezas de repuesto para la flota automovilística e industrial de Cuba, incluso desde otros países del mundo; suspensión de la venta de petróleo y derivados, perjudicando notablemente a la economía cubana e igualmente todo producto específico o de primera necesidad para el pueblo cubano, pretendiendo, de esta forma, crear el descontento público pretendiendo derrocar al régimen instaurado.

A mediados de 1961, a la vista de los pocos resultados obtenidos con anteriores medidas, en parte paliadas con el suministro soviético con cuyo gobierno Cuba había pactado, se había dispuesto el embargo total de mercancías, incluyendo alimentos y medicinas. Este embargo que debemos considerar que llega hasta hoy en día, alcanzando a terceros países de influencia norteamericana, dio lugar a una mayor relación económico-comercial con la Unión Soviética, con momentos de claro peligro de desestabilización internacional. Como nos participa el investigador cubano de origen canario, Ramiro García Medina: «… El imperialismo norteamericano había hecho todo lo posible por llevar a Cuba la crisis económica total; sin embargo, la Revolución se mantenía firme y el pueblo cubano indoblegable. En estas circunstancias, a los contrarrevolucionarios del interior y los afincados en Miami y Nueva York sólo les quedaba el recurso a la agresión armada para tratar de aplastar la Revolución Cubana que les perjudica económicamente y sobre todo el ejemplo que daba al mundo sub desarrollada como esperanza de lucha contra el imperialismo. Desde finales de 1960, el gobierno yanqui, venía preparando la agresión militar a Cuba empleando a elementos contrarios de origen cubano. Bajo la administración del Presidente Eisenhower que fue un fiel defensor de la dictadura de Batista, los planes concebidos por la CIA para invadir el país fueron tomando forma, pero se perfeccionaron y se pusieron en práctica durante la presidencia de Kennedy, en 1961. Cuba, y su gobierno, por su parte había denunciado reiteradamente ante la ONU las argucias del Gobierno USA, para apoyar y fomentar el llamado «ejército de liberación» compuesto por cuatro o cinco mil mercenarios. Sin embargo, estas denuncias lejos de hacer efecto caían en el olvido y la indiferencia, al mismo tiempo que en Miami el reclutamiento se llevaba con todo descaro, para, a continuación efectuar el entrenamiento militar en el campamento preparado al efecto en Guatemala y otros lugares. La operación, que en aquel momento se llamaba Pluto, consistía en desembarcar los mercenarios en la Bahía de Cochinos, en la Ciénaga de Zapata al sur de la provincia de Matanzas donde ocupada una cabeza de playa se constituiría un gobierno provisional con la colaboración de cubanos «descontentos», y solicitar, acto seguido, la intervención de la OEA, que en aquellos momentos, equivaldría a solicitarlo a la CIA sostén fundamental de la organización bajo el visto bueno de Kennedy…»

Paralelamente en Cuba tendrían lugar una intensa campaña de sabotajes y atentados terroristas propiciados por elementos internos desafectos, que desesperadamente preparaban el terreno propicio para la proyectada invasión, los que a pesar de la efectiva desarticulación de muchos de los comandos contrarrevolucionarios por servicios de contraespionaje propiciados por gente de toda confianza de Fidel Castro y sus colaboradores inmediatos, actuaron desconcertadamente (SIC). Fueron fusilados muchos de los integrantes de sabotajes en el interior de Cuba. Sin embargo, el régimen castrista sorteará muchos obstáculos, a sumar otros serios problemas de todo tipo, especialmente el empecinado embargo norteamericano, a «trancas y barrancas» ha logrado subsistir hasta hoy, como ya queda analizado en varios artículos más.

Aspectos puntuales del libro  Revolución Cubana y Prensa: Tres años decisivos.

 

1 Comentario

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  • Mismo argumento aclaratorio aparecido en parte II.
    «Se ha de hacer constar que estos textos siguen cierta literalidad con los remitidos por el colaborador cubano Ramiro García Medina, natural de Valle Guerra, y para una investigación mayor previo acuerdo entre partes como ya se ha dicho.
    Efectivamente, es base para algunos aspectos del libro citado, pero que en nada sigue la línea “revolucionaria” de este cubano implicado en el proceso que se analiza en “Revolución Cubana y Prensa 1959 1962. Tres años decisivos”, pero sí los contenidos de los periódicos más importantes del momento que analizaron los hechos, tanto los editados en estas Islas Canarias-España, como internacionales». Miguel Leal Cruz

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