FIRMAS Salvador García

Expectativas y rémoras. Por Salvador García Llanos

Estrena el año la ciudad con las expectativas puestas en el impulso que el Consorcio de Rehabilitación Turística pueda proporcionar al denominado Plan de Modernización, Mejora e Incremento de la competitividad. No es que el Consorcio esté haciendo un gran esfuerzo -fue creado precisamente para eso- pero teniendo en cuenta las circunstancias de todo tipo que concurren en el Puerto de la Cruz, hay que ponderar los intentos de sus responsables para lograr que sea una referencia sólida de la transformación que precisa el municipio en orden a revitalizar su condición de destino turístico diferenciado y superar los anquilosamientos que condicionan la superación de su decadencia.

Ganar confianza en el sector y hacer creíble la información que se vaya suministrando, basada más en realizaciones físicas o tangibles que en proyectos tramitándose, hasta lograr que el conjunto de la población se identifique con ellas y las haga suyas, es ahora el siguiente paso. Y que el Ayuntamiento se vuelque, que los gobernantes terminen de aportar todo el cariño que una iniciativa así se merece, sería otro avance significativo.
Hay hasta tres propuestas de actuación en ese Plan de Modernización. Una de ellas es la que contiene el Programa de actuaciones en el espacio público, que se identifica con la línea estratégica de implementación del destino. Incluye el programa una serie de actuaciones infraestructurales y dotacionales, entre ellas las que habrán de acometerse en el casco histórico.
Bajo esas pomposas titulaciones, aparece la realidad cotidiana, la que recorren a diario miles de nativos y turistas. Y es en dos o tres de ellas donde queremos detenernos porque requieren de una intervención rápida y porque el impacto estético y funcional de ahora mismo es muy poco favorable. Seguro que los responsables del Consorcio también habrán reparado en ello pero como quiera que andamos en fase de exposición pública, igual sirven estas consideraciones para mejorar esa realidad.
Ejemplo: el pavimento de algunas vías. El estado de la calle Doctor Ingram, por ejemplo, es vergonzante para ser una de las más transitadas en pleno centro de la ciudad. De la calle Cupido, en el tramo que desemboca en Valois-Punta de la carretera, por donde circulan a diario no sólo turismos sino guaguas y vehículos pesados, cabe decir que si ahora es un quebradero de cabeza para los conductores, cómo lo será cuando haya que levantarla para repavimentarla. Suerte que las lluvias no han causado mayor mella.
En pleno casco, el problema/drama de la estación de guaguas, de mayor dimensión, naturalmente, que el reasfaltado de vías. Deben estar sufriendo lo suyo los habitantes de los bloques de viviendas de Cruz del Pino. El cierre que se prolonga, la visible estampa de abandono y erosión que significa, hacen aún más complicado el problema.
Y por último, un asunto que no es competencia estricta del Consorcio pero que igual si recibe quejas o alegaciones haría bien en trasladarlas al gobierno municipal: la ocupación de la vía pública, esa ocupación anárquica y desproporcionada, con zonas por donde empieza a hacerse imposible transitar. Se ha desbordado, ha alcanzado en los últimos dos años niveles de auténtico descontrol. Ni ordenanzas ni nada parecen poder solucionar o paliar un problema que generará otros de mayor consideración -incluida la crematística- si no se pone freno a ese afán de tener en la vía pública un segundo local, hecho que confirma, por cierto, la revalorización del suelo en el Puerto de la Cruz.

El año se estrena así: con expectativas y con viejas y domésticas rémoras a las que hay poner fin, siquiera para que no parezca que seguimos sumidos en el abandono.

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