FIRMAS Salvador García

El fiasco de una transmisión. Por Salvador García Llanos

Era una excelente oportunidad para promocionar, para ganar mercados y para proyectar el nombre de la ciudad. Pero, lastimosamente, ha sido desperdiciada. La indignación de ayer de portuenses en el exterior y la registrada en alguna red social era lógica. En algún medio nacional pudo leerse que las imágenes de la desconexión para dar paso a la hora menos en Canarias habían sido ‘estupefacientes’. Todos, más o menos, hemos sentido vergüenza ajena.

El caso es que las campanadas de año nuevo, anunciadas y ofrecidas en directo por Televisión Española han sido el mayor fiasco que se recuerda en orden a transmisiones en directo. Desde el complejo turístico “Costa Martiánez”, ese Lago universal cuyo creador, César Manrique, por cierto, ni siquiera fue mencionado. Y con cámara fija sobre el reloj de la Peña de Francia, cuya cuadratura y cuyos efectos lumínicos, a propósito, hicieron dudar a más de uno de su autenticidad, fueron sucediéndose las imágenes, desabridas, sin chispa, arrítmicas, como si de una fiesta de barrio se tratara, con el alarde de un escenario-pasarela sobre la lámina de agua.

Pero ni flores ni adornos ni un fondo con el que jugar. Ni alguien que se lanzara al Lago, siquiera con traje de neopreno. Ni una émula de sirena para llamar la atención en los últimos minutos del año que decía adiós así, con mucha pena, con abono del austericidio, y sin ninguna gloria.

La cosa empezó en La 2 pero los momentos culminantes -¿se puede escribir culminantes en este contexto- también fueron vistos en La 1 y en el Canal Internacional. Unas imágenes sin sonido sobre la ciudad, se vio que tomadas con prisas y sin detenerse en espacios o lugares emblemáticos, ensombrecieron aún más la penosa transmisión.

Lo demás, taciturno, elemental, tristón, impropio… O acaso el reflejo de lo que es en estos momentos la producción de Canarias en Televisión Española.

El caso es que la oportunidad ha sido clamorosamente desaprovechada. Para una ciudad o un destino turístico que intenta remontar, opciones como ésta no pueden despacharse a la ligera. Se agradece el empeño de quienes pusieron en el intento su voluntarismo. Pero se requería algo más: desde una mejor preparación de los contenidos y de tan singular ‘atrezzo’, hasta el asesoramiento pertinente para que los locutores dijeran menos tópicos y menos reiteraciones que sonaban absurdas. Debieron estar más atentos y vigilantes los responsables municipales y más diestros los profesionales del medio.

Porque el resultado final ha sido una transmisión que ha llenado a miles de portuenses de vergüenza e indignación. Un episodio que será recordado de forma muy negativa.

Para lo que se vio, con sinceridad, hubiera sido preferible no hacer nada.

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