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Sahara, la Legión y Fuerteventura (y II). Por Miguel Leal Cruz

El Tercio con los integrantes militares del momento tras diecisiete años de permanencia en el territorio (que fue África Occidental Española) asignado para su defensa era evacuado, tras críticos momentos de previsible enfrentamiento con el ejército marroquí, hasta la citada isla canaria de Fuerteventura. Como apuntaban los cronistas militares del momento “una isla sin enemigos contra quien luchar y un pueblo,  el majorero, que a pesar de ser de su propia sangre…una parte del mismo inicialmente no les recibió con el afecto deseado. El tiempo fue desmintiendo algunos bulos que siempre acompañaban a La Legión ya que la estancia del Tercio en la capital, Puerto del Rosario, y en otras partes, demostró una vez más la unión entre el pueblo y La Legión…”

En efecto al poco tiempo de su llegada a la isla se asentará próximo a la capital, entre otros lugares del interior, y en las instalaciones que había ocupado el Regimiento de Infantería 56. A esto se añade que esta pequeña localidad-capital fue cobrando nuevo y variado formato especialmente en el sector económico y social. Nuevos comercios y todo tipo de estructuras económicas desconocidas antes y en consecuencia creación de gran cantidad de puestos de trabajo para majoreros de toda la isla que alcanzó en poco tiempo 26 000 habitantes. Al socaire del Tercio se afincaban en Puerto del Rosario nuevos pobladores, incluso de otras islas y de La Península.

Anteriormente Fuerteventura fue llamada “cenicienta” por el insigne escritor Miguel de Unamuno en su estancia en la misma como desterrado político en 1924, porque sólo conocía economías ganaderas, agrícolas o rústicas y sobre todo pesqueras (con enorme precariedad desde siempre) y cuya situación social o económica ha sido exhaustivamente analizada en varias ponencias de otras diferentes Jornadas.

Sin embargo, es la pesca como industria canaria relevante, y más para dichos momentos, la que ha quedado finalmente amenazada de muerte total (hubiera constituido un factor económico complementario al turismo, hoy). Desde el cese de la administración española en el Sahara (enero-febrero de 1976), Marruecos optó por ampliar sus aguas territoriales haciendo uso del derecho marítimo internacional con grave perjuicio para abastecimiento de esta isla en aquellos momentos.

El primitivo acuartelamiento para los integrantes del Tercio, disminuido en sus efectivos y mandos por disposición de destinos alternativos a la llegada del Sahara, desde los emplazamientos en terreno árido que le fue asignado (más tarde definitivamente en las proximidades de la capital majorera, próximo al moderno aeropuerto) se perfeccionó aumentando su dimensión, infraestructuras y comodidades para los legionarios (sirvió para elementos básicos constructivos el acuartelamiento de Betancuria y otros en La Oliva y Antigua).

Tras el asentamiento fueron paulatinamente sustituidas la primitivas tiendas de campaña (que albergaban hasta 20 legionarios) por modernos barracones tipo “fillod” que alojaban a las unidades con mayor efectividad. De fuentes militares públicas, Web Fortunecity.es, se desprende que la zona e instalaciones donde se hallaba lo más importante del Tercio, denominada Plaza de Smara; se destaca que toda esta explanada estaba extramuros del cuartel, rodeada por una simple valla de piquetes y alambre de espino. Como estaba en medio de la población es fácil imaginarse que la vida se hacía prácticamente al aire libre. Por ejemplo al no disponerse de duchas, inicialmente los legionarios se aseaban llenando de agua un cubo y en plena calle, entre tiendas, procedían al aseo.

Lo cierto es que el Hotel Las Gavias se convirtió en improvisada residencia de los oficiales, mientras tanto el Tercio tuvo que dividir sus esfuerzos entre el mantenimiento del grado de adiestramiento que se consiguió en el Sahara y los trabajos necesarios para la construcción de un nuevo cuartel. Con el tiempo se iría completando y remodelando con más tesón que medios. Era preciso llenar una enorme oquedad del terreno donde se colocaría el surtidor de combustible.

El (entonces) Coronel González del Yerro ordenó que, al regreso de la instrucción diaria, cada legionario portase una piedra del tamaño acorde con su capacidad y fuerza para ser arrojada en dicho hueco. Oficiales y suboficiales y legionarios acataron tal orden y al poco tiempo se había nivelado el terreno.

En las relaciones con la población majorera estos cuerpos militares de fuerte disciplina y conformados por personas (gran parte procedentes de sectores previamente marginados) de diversas etnias y nacionalidades, mucho se ha escrito, visionado y publicado. El ministro de Defensa español, el 26 de noviembre de 1987, como heredero de la política de Martín Villa, apuntó que la Legión dejará de ser refugio de indeseables, por lo que el Cuerpo no se disuelve sino que se modernizará y equipará; no serán legionarios, ni los extranjeros, ni los ciudadanos españoles que tengan cuentas pendientes con la justicia.

No obstante la prensa local de estas islas, e incluso alemana, expresaron su preocupación a raíz del asentamiento y posterior consolidación en Fuerteventura, aludiendo a estos militares de dura personalidad; implicados en conductas sospechosas, perversión, prostitución, peleas, agresiones, robos, violaciones, secuestros (incluso de dos aviones), asesinatos. A partir de 1982 la isla acrecentó su población civil con la llegada de otros españoles y europeos para asentarse en ella.

El que fue diputado canario Fernando Sagaceta, ya fallecido, como Acusación Particular llegó a culpar al Gobierno de los presuntos crímenes, al igual que más tarde lo hará Gerardo Mesa Noda, representante majorero que solicitó oficialmente ante el Senado español el traslado de la Legión desde Fuerteventura hasta territorio peninsular. Tuvo lugar el desalojo a partir de la década de los noventa pasados.

Al respecto y para este último párrafo apuntar que muchos de los integrantes de este glorioso cuerpo militar incurrían frecuentemente en todo tipo de presuntos hechos delictivos (y reclamaciones judiciales) de lo que podemos dar fe empírica desde destinos profesionales habidos en Barcelona…, en los que se incluye a miembros de sus homónimos de la Legión francesa, cuyo currículo personal no era envidiable para nadie. A modo anecdótico el caso de un militar del Ejército del Aire que se personó en una Comisaría para denunciar cómo un legionario, también huésped en la pensión que compartían, le había sustraído el pantalón del uniforme reglamentario.

De todas formas se ha polemizado desde varios frentes  en torno a: ¿fue beneficioso para la Isla el apresurado abandono del Tercio como consecuencia  y en aras de la argumentación expuesta…?

 

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