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Con nombre y apellido: Charles Durning. Por Eduardo García Rojas

Charles Durning fue un actor estadounidense a quien por su talento y también por su físico reconocerán.

Hizo de todo un poco a lo largo de su carrera en el cine. Y eso que la fama le llegó tarde. Medio siglo después de haber nacido, combatir en las playas de Normandía, Francia, donde resultó herido y, más tarde, dando clases de bailes de salón hasta que el canto del teatro le animó a probar suerte primero encima de un escenario y más tarde delante de las cámaras.

Lo recuerdo con cariño por un puñado de títulos.

Yo vigilo el camino, El golpe, Los chicos del coro, Tarde de perros, Primera plana,  Tootsie… Y hay muchos más en los que su trabajo resultó siempre no sé si esencial, pero sí especial.

En mis años de formación como espectador cinematográfico, en aquellos tiempos que ya no volverán en los que veía prácticamente todo lo que me dejaban ver en las salas de cine, reconocía a Charles Durning nada más verlo.

Tanto, que incluso llegué a identificarlo con nombre y apellido.

– Ese que está al lado de Gregory Peck es Charles Durning.- recitaba el enteradillo que siempre fui.

Ahh, que bien, pero a mí esta película me aburre.- respondía el compañero que tenía al lado y al que de pronto, no sé, me daban ganas de estrangular hasta la muerte y dejarlo con la lengua fuera en la butaca de aquel cine de reestreno.

Debe ser cosa de Yo vigilo el camino.

Charles Durning también aparecía en Los chicos del coro. Una olvidada película de Robert Aldrich que si bien no ha envejecido como los mejores vinos todavía respira una acidez no apta para estómagos débiles.

Está basada, además, en una excelente novela de Joseph Wambaugh, uno de esos escritores que en España no goza de la reivindicación que se merece y que, sin lugar a dudas, es el mejor que supo –con permiso de Ed McBain/Evan Hunter– mostrar cómo respira la policía de ese país cuyo presidente soltó el chiste perfecto: Yes, we can.

Con su físico peculiar, entrado en carnes y rostro aparentemente bonachón, hacía de negociador con los estrafalarios secuestradores del banco en Tarde de perros; y en Primera plana era uno de los periodistas canallas –aquellos curtidos profesionales que apestaban a tabaco y alcohol mientras juegan a las cartas– que cubren la ejecución de un inocente al que el cínico director del Examiner, Walter Matthau, junto a su reportero estrella, Hildy Jhonson (Jack Lemmon), esconde en el escritorio de la sala de prensa de la cárcel para hacerse con la puñetera exclusiva…

Su lado tierno lo explotó en Tootsie, película en la que Durning se sentía atraído por los encantos de un travestido Dustin Hoffman que, a su vez, cae enamorado de quien hacía el papel de su hija en esta ficción: Jessica Lange.

En El golpe, Charles Durning trabajó su irritante personaje de poli corrupto en esa deliciosa comedia en la que una pandilla de golfos simpáticos tima a un ladrón.

¿Quién no recuerda El golpe?

¿Quién no ha tarareado el ragtime de Scott Joplin?

¿Quién no ha querido timar a un ladrón con la forma de Robert Shaw?

¿Quién no ha querido ser Robert Redford o Paul Newman?

Charles Durning también movió el esqueleto en Dick Tracy, una excéntrica súper producción que recrea con vigor y rigor las aventuras del legendario personaje de los comic books de Chester Gould dirigida y protagonizada con mucha, muchísima inspiración por Warren Beatty.

¿Pensaba Chuck el giro que iba a tomar su vida cuando pisó por primera vez las arenas de las playas de Francia mientras las balas alemanas como moscardones intentaban que no llegara más allá del próximo búnker?

Esto me hace pensar que sí, que decididamente y tras ver Yo vigilo el camino tuve que haber estrangulado y dejar sentado en la butaca y con la lengua afuera el cadáver de aquel colega al que la historia de mi vida terminó por digerir.

De hecho, ya no recuerdo su nombre y sí el de Charles Durning.

¿Qué me pasa, doctor?

– Nada malo.–me responde el doctor.

– ¿Está usted seguro, doctor?

Asiente un Charles Durning con bata blanca. Una bata tan blanca que Durning casi parece sacado del personaje que hacía en Furia, aquel delirio telequinético firmado por Brian de Palma tras hacernos dar saltos de miedo con Carrie.

– Se me toma dos Ibuprofeno y mañana como nuevo…

– ¿Puedo cantar Stormy Weather?

– Y I’ll see you again si le da la gana.

Pero no, no terminé cantando I’ll see you again.

Aunque sea consciente que pronto o tarde terminaré tarareándosela a Chuck.

Y es que con Chuck desaparece otro de esos actores que contribuyeron a que el cine norteamericano fuera lo que fue y ya no es.

Que… Que…

Que… ¿qué fue?

Entretenimiento con clase.

 Saludos, yo vigilo el camino, desde este lado del ordenador.