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Felices ¿fiestas? Por Eduardo García Rojas

Me siento como Charlton Heston en Cuando el destino nos alcance mientras doy una vuelta por un centro comercial en el que suena de fondo un hilo musical que apenas serena a la marabunta porque, cuando ruge la marabunta, no hay Charlton Heston que valga sin Eleanor Parker a su lado.

Descubro algún rostro conocido entre la masa de rostros anónimo que se cruzan en mi camino pero antes de hacer algún movimiento apuesto por el síndrome Bartebly.

El de preferiría no hacerlo.”

Me confundo entre los miles de rostros anónimos mientras me llegan ramalazos de  conversaciones (¡compra los langostinos!); gritos (¡Yeray, tate quieto!) y sobre todo el asombro en la mirada de niños y niñas.

No ven ven más allá de las piernas de los adultos.

Esos mismos adultos  a los que  invade el espíritu de la Navidad.

Naaavidaaad…

Vivo en una tierraaaa donde suenaaa el támbooor

Durante todo el trasiego, dando codazos para hacerme un hueco, no dejo de pensar en un título del hoy olvidado Bukowski: La senda del perdedor.

Me pregunto mientras hago que veo libros y discos que venden al lado de bolsas gigantes de papas fritas, si encontraré algo que me espabile, que me distraiga de esta envolvente, empalagosa sensación de que pese a todo el chou debe continuar.

Klaatu se me apareció ayer en sueños.

“¿Eres de este mundo”

“¿Cuál es mi mundo?”.- pregunté.

El caso es que al abrir los ojos noto la mala hostia de haber tenido un mal sueño por eso me distraigo ahora en el centro comercial donde un tipo disfrazado de Papa Noel exclama un jo jo jo tan falso que da pena verlo, inclinado y mientras intenta entregarle un puñado de caramelos –¿Tirma?, los ladrillos de azúcar que siempre saben igual y que inevitablemente se quedan pegados en tus muelas– a una niña demasiado inteligente para su edad.

La niña huye aterrorizada.

Pero sus padres insisten con tirones en que coja los caramelos y de paso

– Dale un besito.

Una ñora habla, para hacerse oír, dando chillidos por el móvil mientras observa la escena.

La marabunta se traga a la ñora.

Una marabunta que entra y sale de un centro comercial que ha instalado un portal de Belén en la entrada.

Me detengo, pasa la gente a un lado y al otro, frente al portal de Belén.

Me fascina, pobre de mí, las representaciones de los portales de Belén.

En general todo lo que antaño se llamó maquetas y más tarde diorama.

Es decir. los que promocionaban colonias de adosados en los tiempos de vacas gordas.

Ya saben.

Y si no saben…

Que les den…

El fantasma de Klaatu me pide prudencia.

– Es algo normal.- le digo para quitarle dramatismo al asunto.

– ¿Normal? – responde Klaatu dándome cogotazos.

Permanezco como un náufrago, rodeado de personas a las que no conozco, mirando un portal de Belén en el que artesanos y pastores dan una resignada visión del trabajo en la que no viven los Reyes Magos de Oriente, que se acercan por un extremo de la recreación al establo.

Y mucho menos Herodes.

Un Herodes que debe estar encerrado en ese castillo colocado en una montaña de cartón y cuyas puertas custodian dos figuritas de barro vestidas de romanos.

Entonces siento como la ira sube de las piernas hasta mi garganta.

Y cierro los puños y hundo las uñas en las palmas de las manos mientras el fantasma de Klaatu me dice que me relaje, que “la reacción es lógica.”

Ahora quiero ser Godzilla.

Un chorrito de agua sale de una pequeña fuente instalada en uno de los lados de este gigantesco y apretado portal de Belén.

Pero no escucho el rumor del agua por el vocerío caótico que hay a mi alrededor.

El daño que me estoy haciendo en las manos me devuelve, sin embargo a la cruda realidad.

– ¿Paga en efectivo o con tarjeta? Nos queda poco cambio, mi niño.- me devuelve a la cruda realidad la voz chillona de una señorita que tiene la edad de quien podría ser uno mis hijos no reconocidos…

– En efectivo.- respondo sacando la cartera.

Al rato aparece una jamona que se desliza por el suelo con patines.

– ¿Quiere bolsa?

– Como que sí.- le contesto.

– Gracias por su visita.- recita la niña distribuyendo el efectivo de la jamona en los distintos cajetines de la caja registradora.

Me confundo con la marea humana….

Rostros anónimos a los que me sumo.

Caminando a un lado y al otro del centro comercial.

Por el hilo musical suena un villancico: Peces y peces vuelven a beber

Quiero ser Godzilla.

Klaatu dice que la reacción es “lógica”

– ¿Lógica?

– Feliz Navidad.- grita otro tipo vestido de Papa Noel.

Saludos, ¡¡¡Gort, haz de una vez tu trabajo!!!, desde este lado del ordenador.

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