FIRMAS Marisol Ayala

Adiós a “Camurrita”, leyenda de la lucha canaria. Por Marisol Ayala

José Pulido, “Camurrita“, falleció el lunes pasado en la capital grancanaria a los 82 años de edad. “Camurrita” considerado uno de los mejores luchadores de la historia, seguía dedicándose a la enseñanza con los niños y mantenía una intensa actividad social, siendo asiduo a los partidos de la UD Las Palmas en el estadio de Gran Canaria. “Llevo setenta años vinculado a este deporte y seguiré así porque la lucha canaria es mi vida”, aseguró en una entrevista concedida en febrero. Lo conocí bien porque “Camurrita” fue gran amigo de mi padre y recuerdo verle en casa explicándonos el arte de la Lucha Canaria. Cada año por Navidad nos llegaba a casa una botella de Licor de Cobana (de plátanos) que nosotros, los niños, nos zampábamos en la azotea y nos quedábamos más a gusto que un arbusto. Borrachitos…

Descanse en paz. Camurrita fue un buen hombre y mi manera de homenajearle es rescatando el reportaje que en 2008 le hice para el Dominical de La Provincia:

Camurrita, una leyenda viva de la lucha canaria

José Pulido Mújica, Camurrita, posa en su domicilio junto a los trofeos logrados durante su larga carrera deportiva. Siguen diferentes imágenes sobre su legendaria fortaleza física a la hora de hacerse con el contrario en el terrero, donde llegó a luchar hasta con una fractura en un brazo. En las fotos siguientes se puede observar la gran presencia de público que lograba una pelea en la que interviniese Camurrita, que ha sido Hijo Adoptivo de la ciudad.

 

NIÑO DE LA GUERRA. Su extraordinario poderío físico le convirtió en uno de los luchadores más admirados de las Islas, aunque su mejor dieta era “pan, plátanos y gofio”

Los que viven con pasión la historia de la Lucha Canaria saben que José Pulido Mújica (Las Palmas de Gran Canaria, 1931), Camurrita, es una leyenda viva del deporte vernáculo. Pocos quedan ya de su generación capaces de hacer lo que este hombre, cuyo poderío físico asombró a los aficionados desde que en los años cuarenta, y con sólo doce o trece años, en una España que generaba hambre y miseria se echó al terrero, hace lo que aún hoy hace. Con 77 años, Camurrita, y con una tenacidad admirable, imparte clases de lucha canaria en los colegios que se lo piden y colabora activamente con la Dirección General de Deportes del Cabildo de Gran Canaria. La verdad es que su historia daría para escribir una novela porque en ella se enlaza su condición de niño de la guerra – “pasé más hambre que el carajo”, recuerda- y su trayectoria como luchador, uno de los más grandes, capaz de tumbar a los hombres más poderosos en un terrero a pesar de poseer un cuerpo no especialmente corpulento. Pero dicen que era hábil, muy hábil, muy valiente y cuentan los libros de él que, además, era “muy honesto. Formidable luchador y mejor persona”, ha escrito alguien.

Camurrita .. buen porte …

Estuvo luchando desde los 13 a los 52 años, algo insólito y de lo que se siente infinitamente orgulloso. “Forme parte de una generación de luchadores que se hinchó a comer pan, gofio y plátanos porque en aquella época no había nada más”, cuenta. Siempre fue José Pulido luchador del mítico equipo Adargoma, el club de sus amores, y aún hoy es capaz de contar con todo detalles aquellas agarradas que tuvo, deportivamente, con figuras de la lucha de toda Canarias; dice que entre sus experiencias más lindas de los últimos años guarda en el corazón haber trabajado con los reclusos de la prisión provincial de Salto del Negro, a quienes insufló su amor por la lucha y para quienes hizo construir un terrero en el patio del centro penitenciario. Allí estuvo Pulido unos seis años adiestrando a los chicos en el arte de la mano arriba, mano abajo, la pardelera o la agarrada por dentro. Cada fin de semana Camurrita llevaba a los reclusos por los pueblos a celebrar luchadas de competición “y jamás se me escapó uno”, cuenta orgulloso. Pero pasó que una mañana el hombre llegó a la cárcel y el terrero de sus amores había desaparecido porque los directivos habían decidido suspender esa actividad deportiva. “Una cosa que era buenísima para los muchachos, y mira, se lo cargaron…”, se lamenta.

Cuando con trece años Camurrita empezó a luchar lo hizo casi sin saber bien lo que hacía y el futuro que le esperaba. Él lo cuenta así: “Mi cuñado tenía unas sesenta cabras en un solar de Arenales justo donde hoy está el Gobierno de Canarias, frente al viejo Pino, a las que había que darle de comer y beber y yo, que era un chiquillo, llevaba agua desde una calle cerca de la playa hasta la finca. Y así un día entero. Me ponía un palo en los hombros y a cada lado un balde de agua. ¡Pesaba más que el demonio!, pero es que no había otro remedio que hacerlo”.

Y fue en esa finca, en ese solar, cuando el chico empezó a luchar y a despertar la admiración de quienes le veían. “Poco a poco, empecé, empecé y aunque era chiquitillo tenía fuerza, controlaba y tiraba a los contrarios. Me empezó a ver gente que era mayor que yo, que sabía de esto, y me metí”. Nunca le ha gustado hablar mal de los que, como él, son la historia del deporte, léase Alfredo Martín el Palmero, Abel Cárdenes, Justo Mesa, el Pollo de Arrecife, el Pollo del Buen Lugar, y tantos otros. Pero, eso sí, cuando a Camurrita se le enciende la boca es cuando habla de la lucha canaria de hoy y la lucha canaria que él vivió.

ESCUDILLA. “Yo no tengo papas en la boca. Éstos poco a poco la van a dejar morir. Ya no hay alma, y la gente no está por sacrificios. Un día dije que a la lucha canaria la iban a tumbar los modernos y no me equivoqué”. Camurrita fue la figura que llegó a ser de la lucha canaria porque tenía una fortaleza física extraordinaria, ya que los cuidados y los mimos de los deportistas eran un sueño inalcanzable. Con hambre, con lo que sacaba dando la vuelta al terrero, conseguía unas perras, poca cosa. “En mi casa había miseria, ésa es la verdad. Nosotros éramos seis hermanos y recuerdo que mi madre nos levantaba por la mañana, nos ponía una escudilla con agua de nogal o pasote y gofio a cada uno y andando..”

La gran presencia de público que lograba una pelea en la que interviniese Camurrita

 

Hay cuentos en el mundo de la lucha canaria que están muy ligados a Camurrita, como aquella vez que tenía concer tada una luchada y se fracturó el hombro. “Los dolores eran tremendos y me pusieron un yeso pero el día de la agarrada, el médico cogió una tijera, rompió el yeso, me puso una inyección, salí al terrero y gané. Luego me acosté y me colocaron de nuevo el yeso… era muy bruto”. Por no contar cuando a este personaje se le saltaron los diez puntos que le cogieron en una pierna porque se empeñó en no suspender una luchada en la que se podía ganar “unas pesetas” porque era el puntal de su equipo.

Es Hijo Adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria y está agradecido a Pepa Luzardo porque fue quien la distinguió con el galardón que cuelga en su casa. Camurrita es una persona agradecida, sabe quiénes son sus amigos y quiénes le han dejado, alguna que otra, en la cuneta.

“La lucha no me dejó un duro; yo era un muchacho bueno y aunque pude ganar dinero, otros lo ganaron a mi costa, pero allá ellos. Yo duermo tranquilo y ellos no…”

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