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Un libro: El Porvenir de Juana Vizcaíno. Por Eduardo García Rojas

El público asocia el nombre de Juan Luis Calero al humorista, también a quien imita y crea voces.

Sin embargo, detrás de personajes como La Señora y El Caballero, entre otros, se esconde un escritor al que ahora muchos podrán descubrir –como ha sido mi caso– con El Porvenir de Juan Vizcaíno (colección Narrativas, Ediciones Idea), un libro que apenas llega al centenar de páginas pero en el que Calero se muestra como un preciso narrador.

Un  escritor que sabe dotar de grosor a los personajes que habitan el barrio de El Porvenir, que es el espacio en el que transcurren todas las pequeñas historias cotidianas que nos relata Calero con, a ratos, sabor a realismo mágico.

El Porvenir de Juana Vizcaíno no es, sin embargo, una novela. Tampoco un libro de cuentos. Quizá sea en todo caso fragmentos de una novela voluntariamente inacabada en la que su autor da voz a todas esas comunidades que, como indicó en la presentación de este libro, se han visto silenciadas “por la máquina implacable de la modernidad.”

Quizá radique aquí una de las pequeñas grandezas de El Porvenir de Juana Vizcaíno, con una Juana Vizcaíno que es un personaje más en esta novela coral contada a base de fragmentos.

Me refiero a su entrañable y despiadado localismo urbano, a la también visión irónica que revela de un barrio que puede encontrarse en el corazón y en la periferia de cualquier capital de las islas y que vive –como las islas– en un universo complejo y acomplejado.

En el que cada uno de sus personajes se reconoce y perdona la vida por el mote.

El Porvenir es un barrio humilde en el que deambulan otros pobres que son más pobres que los mismos pobres de El Porvenir. Geografía de la miseria pero también de la humildad con la que el escritor, “en un gesto de agradecimiento”, se inspira en algunos de los hombres y mujeres que hace más de treinta años habitaron la calle de Bernardo de la Torre, en Las Palmas de Gran Canaria (1).

Un espacio pequeño el de El Porvenir dominado por la superstición, relaciones equívocas, mujeres que han forjado carácter a base de demasiados sacrificios y hombres que hunden sus penas en vino.

Algunos, como Juan Sosa, se acostaban y rompían la cama con la borrachera, y esto se contaba hasta que eran viejos. El ron ciega a los hombres. Juan el irlandés apareció lleno de ron y con la cabeza abierta en el zaguán de la casa, recuerdo la cabeza de Juan el irlandés y todo el cuerpo al lado de un charco de sangre. Mercedita la borracha se orina en los portales. Mercedita la borracha se abriga con el vaho húmedo del serrín y duerme en las sombras frías de la calle; a Mercedita rara vez se le oye hablar. Mercedita la borracha orina  y deja charcos para marcar el territorio de la desgracia.”

Tiene mucho de amargo este libro, como si Juan Luis Calero hubiera querido darle la vuelta a Amarcord, esa gran película sobre el sueño de la adolescencia perdida del cineasta italiano Federico Fellini.

No, Juan Luis Calero propone irnos por otro lado. Un lado que no cae en lo perverso aunque en ocasiones sí que roza con lo sórdido. Aunque sea cotidiano, resulte natural en un lugar como El Porvenir, nombre simbólico de una calle o unas calles, de un barrio cuyas gentes carecen precisamente de futuro.

Y todo esto narrado con rabiosa precisión, casi como si Calero se estuviera mordiendo los labios mientras la escribía.

Realista a ratos, lírica en otras, El Porvenir de Juana Vizcaíno desparrama estampas de un mundo y da pinceladas sobre unos personajes cuyos eco muchos somos los que todavía lo recordamos.

Un recuerdo que permanece ahí, dentro de nuestra memoria aunque esté sepultado por eso que conocemos como experiencia.

Es probable que ésta haya sido una de las razones por la que me ha invadido cierta tristeza, que se haya despertado en mi cierta nostalgia olvidada al leer este libro que contiene el aroma de una calle, de un barrio, de una ciudad que, curiosamente, aún palpita y mucho me temo se reproduce en estos días en los que parece que tampoco hay futuro.

En definitiva, que descubro en las 84 páginas de este libro una forma de hablar, una forma de relacionarse con los otros, una sensación de empalagosa endogamia que me hace pensar en ese carácter inevitable que define a los que habitan las islas de este archipiélago.

Explica su mirada resignada.

También su miedo a la nada.

Juan Luis Calero escribe:

Aquí los pobres siempre son pobres y los ricos siempre son ricos. El miedo es la única herencia. Miedo a todo. Miedo a mover un objeto cualquiera en la casa porque implica mover el universo y lo que no vemos, miedo a trasladarse en el espacio de la isla. En El Porvenir se siembra el miedo en el alma, se cultiva el miedo durante toda la vida.”

P.D.: Cometen una injusticia si dejan de leer esta novela que no es una novela sino fragmentos de una novela.

(1) El porvenir de Juana Vizcaíno: otro libro de Juan Luis Calero. Bienmesabe.org.

Saludos, elescobillon, desde este lado del ordenador.

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