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Una gran oportunidad. Por Paulino Rivero

Un informe elaborado por la consultora AT Kearneay concluye que Canarias, a 80 kilómetros de un mercado potencial de 300 millones de personas, se encuentra entre las 50 economías del mundo donde hacer negocio resulta más sencillo.

Por su parte, el Royal Bank of Scotland considera que Canarias, quinto PIB de nuestra área de influencia, junto a Navarra, Euskadi o Madrid es una de las cuatro comunidades autónomas más atractivas a la hora de invertir.

A la vista está, a pesar de los sacrificios y de las dificultades a las que nos está condenando el Gobierno de España, que los analistas ven en Canarias una buena apuesta, una opción con futuro.

A nadie se le escapa que nuestras Islas afrontan en estos momentos numerosos problemas. Estamos abordándolos, y no renunciamos –por supuesto que no- a nuestras metas. Lejos de bajar los brazos, apoyándonos en nuestras potencialidades, seguimos dando pasos firmes hacia un modelo responsable, equilibrado y capaz de generar economía.

En ese camino, el nuevo salto de la economía canaria está pasando, a enorme velocidad, de las palabras a los hechos, de las intenciones a las realidades. Un salto, la internacionalización, tan importante como el que supuso en su momento la aparición de la industria turística.

Los datos lo avalan. La economía canaria está abriéndose, a buen ritmo, a nuevos horizontes. A tan solo 80 kilómetros de nuestras costas tenemos un mundo de posibilidades. Somos vecinos de una realidad socioeconómica llena de oportunidades, de un mercado potencial de 300 millones de personas. Y, ahora sí, ese salto se está dando.

Ahora sí, estamos muy cerca de convertir en resultados las históricas aspiraciones y retos de muchos empresarios emprendedores –retos que son los de la sociedad canaria en su conjunto-. Ahora sí, estamos convirtiendo en algo habitual, y consolidado, lo que en el pasado constituyó la excepción de la presencia canaria en el África Occidental.

Las cosas han cambiado en los últimos años, y lo han hecho al mismo ritmo que la percepción de las instituciones y los gobiernos, plenamente conscientes ahora del impresionante papel que podemos desempeñar las regiones ultraperiféricas en países o territorios vecinos. En nuestro caso nadie cuestiona ya la capacidad de las Islas para convertirse en cabeza de puente de la inversión de los países más industrializados en el continente africano, una potencialidad que refuerza la creciente solvencia de nuestras propias empresas para expandirse en este mercado natural.

Hay datos que avalan este tránsito de las palabras a los hechos. Informes y análisis como los que he apuntado con anterioridad. Valga como ejemplo el estudio que recoge los atractivos de Canarias como plataforma internacional de negocios, y como posible sede de empresas u organizaciones no gubernamentales que operen en el territorio africano. Nuestras bazas son muchas; las ventajas fiscales, las infraestructuras o la seguridad –además, lógicamente, de nuestra situación geográfica- son algunos de los factores que juegan a nuestro favor.

Informes que aseguran que Canarias se encuentra entre las 50 economías del mundo donde hacer negocio resulta más sencillo. O, por ejemplo, el análisis elaborado por el Royal Bank of Scotland apoyándose, entre otros elementos, en variables como la deuda o el déficit -lo que vendría a definir la oportunidad para los inversores interesados-. Como he señalado, dicho informe ofrece muy buenos resultados para Canarias, Madrid, Navarra y País Vasco –las más atractivas para la inversión porque ofrecen mejores rendimientos, con una solvencia garantizada-.

Canarias es una gran oportunidad. Somos el puente natural entre los continentes europeos, americano y africano, y somos un punto privilegiado para servir de base a la cooperación española y europea.

Aprovechar nuestra posición económica –somos el quinto PIB de nuestra área de influencia-, física y tecnológica para proyectos europeos en el continente vecino puede ayudar a que éstos alcancen el éxito con más facilidad y a un menor coste. Un avance cuyos resultados no sólo nos afianzarán como nodo de conexión intercontinental, sino que, además, nos otorgará un papel protagonista en las políticas de cooperación al desarrollo de los países africanos.

No obstante, ese escenario de ventajas competitivas debe completarse reforzando conexiones marítimas y aéreas. Es cierto que en los últimos años se ha producido un avance enorme en esta materia, pero hay mucho camino que recorrer.

La Unión Europea, en este sentido, debe tener muy presente el informe que sobre las RUP y el Mercado Único Europeo ha elaborado el ex comisario Pedro Solbes. En el apartado de recomendaciones y en relación a la internacionalización de las economías de las regiones ultraperiféricas, Solbes asegura que “con el fin de facilitar los intercambios, la internacionalización de las empresas RUP y el desarrollo de plataformas logísticas, podrían establecerse obligaciones de servicio público entre las RUP y los terceros países y territorios vecinos, de acuerdo con éstos, así como un marco específico para las ayudas al transporte entre las RUP y los países y territorios vecinos”.

Esa, y no otra, debe ser la estrategia de la Unión Europea hacia las RUP. Esa la apuesta de Bruselas, entendiéndonos como una oportunidad y no como meros beneficiarios de fondos europeos.

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