FIRMAS Marisol Ayala

“Regresé del infierno”. Por Marisol Ayala

La mañana del 23 de noviembre de 2011 Auxiliadora Badillo inició su jornada laboral en el Spa del Hotel Cordial de Mogán. Cerca de las 9h una lengua de fuego arrasó la zona. Auxi sufrió quemaduras en el 74% de su cuerpo de las cuales el 30% eran de tercer grado. Estuvo 4 meses en coma debatiéndose entre la vida y la muerte. Hoy cuenta su terrible experiencia.

De esto se sale…”, me dijo mi hermano cuando salí del coma porque había tirado la toalla. No quería vivir y eso me ayudó a ponerme en pie”

Quiero enviar un mensaje de esperanza; vivir es un regalo y hay gente maravillosa que no me han dejado caer”.

Cuando el fuego invadió el Spa yo estaba con dos compañeras; a una le grité que saliera y entré a buscar a la otra. La saqué del fuego y murió poco después”.

Auxiliadora Badillo, en la puerta del SPA del Hotel Cordial en Mogán

“¿Por qué quiero contar mi historia…?. Te lo explico. Deseo con toda mi alma que lo que yo viví, la experiencia de resucitar, de volver, sea un ejemplo para tanta gente que en la situación que vivimos y en tragedias terribles no ve una salida. Y la hay. Yo misma, estoy viva y nadie daba un duro por mi”. Habla María Auxiliadora Badillo Barea, 42 años, dos hijas, protagonista a su pesar del incendio acaecido hace unos once meses en el Hotel Cordial de Mogán en el que dos personas perdieron la vida, una turista noruega de 55 años y una compañera de Auxi de 26 años.

Ya debe saber el lector que Auxi es la mujer que el 23 de noviembre del 2011, cuando preparaba el Spa del hotel, de cuya área es responsable, fue sorprendida por una explosión de gas causada por un escape que acabó con la vida de las dos personas mencionadas, más otras 23 que sufrieron heridas. En el escenario del suceso al que Auxi ha vuelto por primera vez hace unos días, relata con inusitada frialdad cómo ocurrieron los hechos. Lleva meses buscando a la firmante de este trabajo porque quería contar en un reportaje “cercano y directo que en la sociedad hay personas anónimas maravillosas que nunca me han dejado sola, incluso cuando tiré la toalla y dije, “no quiero vivir así”. Quemada, enferma, sin poder valerme por mí misma, así no…”. Aquí tiene palabras de amor hacia uno de sus hermanos; ese que cuando intuyó que su hermana se venía abajo se acercó a la cama, le puso la mano en el hombro y le dijo: “¡Eh…!, de esto, salimos…”.

Auxiliadora ya sonríe

El historial clínico de Auxi es aterrador. Solo daremos a conocer datos escasos para que el lector se sitúe. El 74% de su cuerpo sufrió gravísimas quemaduras aquella mañana cuando un escape de gas invadió la estancia. A consecuencia de esas quemaduras ha sido operada más de 10 veces; permaneció en coma cuatro meses y sigue un proceso de rehabilitación sin tregua. Auxi, cuyos brazos y piernas protege con duros vendajes ortopédicos capaces de evitar que la prominencia de las quemaduras aumente, sufrió durante esos cuatro meses estados críticos que conoció más tarde. Cuando recobró la conciencia supo que había sufrido dos fallos multiorgánicos y mil complicaciones de tal manera que su familia sabía que cada hora de vida era una heroicidad y, pese a todo, éste es su alegato, “estoy viva”. Las dos decidimos que con lo que hemos descrito no es necesario dar más detalles de su gravedad.

A unos diez metros de la entrada al Spa, epicentro de la tragedia, donde ella y sus compañeras fueron sorprendidos por una lengua de fuego que derribó muros, ventanas y todo lo que alcanzó a su paso, Auxi elige una mesa y rememora lo ocurrido: “Recuerdo”, dice pausadamente “que el día anterior al incendio pensé que se avecinaban meses de duro trabajo y les dije al personal que el Spa lo abriría yo; que el turno que debía entrar a las siete lo hiciera a las diez. Hoy pienso que de no haber sido por esa decisión habían muerto todos. Bueno, entre las que estábamos en el Spa colocamos todo lo necesario para los clientes. Una de las cosas que recuerdo es que al entrar al Spa me dio olor a gas y avisé a mantenimiento…”. Diez minutos después el infierno tocó en la puerta: “De pronto vi como una enorme llamarada azul subía entre la piscina, el mostrador, la rampa, el muro…todo. Lo primero que pensé fue que se trataba de una bomba. El siguiente pensamiento fue ordenar a gritos a las dos compañeras que salieran de allí; y una de ellas lo hizo pero cuando ya avanzaba, quitándose a su vez fuego de la cabeza, gritó que dentro quedaba otra compañera, ¡vete, vete…!”!, le dije. Yo estaba quemada de arriba abajo; manos, pecho, piernas, pelo, ropa, y todo eso lo sé ahora.

En aquel momento mi obsesión era que no hubiera víctimas. Entonces entré en el Spa a rescatar a la chica y la vi entre los escombros, asomando la cabeza, quemada, quemada…No me preguntes de donde saqué la fuerza pero con los brazos y la rodilla izquierda levanté unos ladrillos enormes y tiré de ella que era menudita. Me la puse debajo del brazo, como una carpeta y la saqué fuera…”. La chica moriría días después. En ese momento cuenta Auxi que se sentó en un muro cercano y en el ir y venir de ambulancias, de carreras, de llantos, pensó: “Dios mío, aquí ha ocurrido una terrible tragedia y la vida sigue…”. Ese fue su último recuerdo. Todo lo demás se lo han contado, no lo recuerda. Momentos después ingresó en el Hospital Insular, más tarde trasladada a la Unidad de Quemados Virgen del Rocío de Sevilla y de allí al Hospital Asepeyo Coslada, en Madrid: “En el primero me salvaron la vida y en el segundo me enseñaron a vivir, o mejor, “a querer vivir”. Tiene palabras de gratitud para Asepeyo de forma especial porque “la calidad humana, el mimo, el amor, la comprensión con la que he sido tratada es lo mejor que me ha pasado en la vida”. Cuando Auxi un poco emocionada habla de gratitudes no puede olvidar, ni quiere, a su empresa, al Director Gerente del Hotel Cordial, Nicolás Villalobos, al director del hotel, Alberto Pernaleta, a Vero Simón, secretaria, y a tanta gente que desde distintos estamentos nunca, jamás, la han dejado sola.

Leyendo esta historia quejarse es una inmoralidad.

TRÁGICO AMANECER

El 23 de noviembre del 2011 a las 8.57 se produjo una brutal explosión de gas en el Hotel Cordial de Gran Canaria (Playa de Mogán). El saldo fue pavoroso: Una joven de 26 años, trabajadora del hotel murió; una turista noruega de 55 años corrió la misma suerte y cuatro empleados del establecimiento hotelero sufrieron gravísimas heridas que pusieron sus vidas al borde de la muerte. Un escape de gas propano ocurrido mientras un camión cisterna llenaba uno de los depósitos del hotel causó una deflagración que afectó en total a 23 personas, de las que seis resultaron con quemaduras graves, muy graves o críticas. Cinco de los heridos sufrieron quemaduras en el 30% y el 90% de su cuerpo y eran empleados del propio establecimiento, el Hotel Cordial.

Auxiliadora saludando a sus compañeras. Mucha emoción

El siniestro tuvo lugar minutos antes de las 09.00 horas en el Spa del establecimiento cuando todo estaba preparado para comenzar la jornada laboral y los clientes, 862 hospedados en aquel momento, iniciaban un día soleado que se nubló cuando se conoció las pérdidas humanas del incendio. Algunos empleados coincidieron en un “fuerte olor a gas” que percibieron minutos antes de la explosión. Pero, desgraciadamente, corregir esa fuga de gas fue imposible porque la lengua de fuego ya se había abierto camino, dejando a su paso desolación y muerte. La deflagración causó heridas graves a la responsable del spa del hotel, epicentro de la tragedia, situado a pocos metros del depósito de gas. A la cliente noruega fallecida le sorprendió la onda expansiva cuando se dirigía al comedor. Murió horas después.

Auxiliadora conversa con un compañero

LA EMOCIÓN DEL REENCUENTRO

Cuando avanzado el mediodía de hace tres días Auxiliadora Badillo, “Auxi”, entraba por primera vez en el Spa del hotel después de sobrevivir a su infierno, allí se vivieron escenas de gran emoción. Las fotos de mi compañero dan fe de un encuentro en el que las lágrimas, los abrazos, los besos y el dolor eran evidentes. Auxi entró en el Spa del cual es responsable como jefa del Área de Calidad de Vida y se paró en la puerta. No pudo dar un paso más. Tres compañeros dejaron a un lado sus utensilios de trabajo, paños, fregonas, aspiradoras, toallas, etc.,. y salieron a su encuentro y la abrazaron. “¡Ay, es que ella es muy, muy, buena…!”, explican. Otra compañera lloraba con discreción mientras se secaba las lágrimas. “¡Estás muy linda, Auxi…!”, le dice. Más allá alguien corre y le estruja la cara, le besa la cabeza, las manos. Se percibía mucho amor en ese encuentro. “¡No lloréis… no lloréis, chiquillas…!”, acertó a musitar Auxi, abrumada con tantas muestras de cariño.

La rampa que da acceso al Spa fue ese día un ir y venir de trabajadores, jardineros, personal de mantenimiento, camareras, etc, que en algún caso escenificaron encuentros emotivos e inesperados. Uno de ellos lo protagoniza un hombretón del servicio de mantenimiento que cuando ve a Auxiliadora suelta lo que tiene en sus manos y se le encara lloroso: “¿Puedo abrazarla, jefa…?’”. Y la abrazó. Y se abrazaron. Todos están unidos por una tragedia en la que algunos tuvieron poca suerte. Ninguna.

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