FIRMAS Salvador García

Bienvenida lluvia. Por Salvador García Llanos

Cuando escribimos esta entrada, llueve sobre la ciudad. Todo el mundo lo agradece, un suponer. Incluso hasta los propietarios de establecimientos que disponen de un segundo local, que es la vía pública, que la han ocupado como han querido, sin el más mínimo respeto a ordenanzas, si es que están vigentes. Nunca antes presentó el Puerto estos niveles de descontrol y anarquía.

Pero bueno, no es ese el motivo principal. Hace tanta falta. Y total, igual se las componen con paraguas y toldos: clientes no van a faltar. Pero, a lo que vamos: bienvenida lluvia tras tantos meses de sequedad y de atmósfera azotada por tormentas de arena o polvo en suspensión. Bienvenida: hasta un usuario habitual de redes sociales decide colgar una foto de cuatro o cinco palmeras próximas en el espacio que refleja, a tenor de las hojas resecas amontonadas sobre el tronco y la esfera de la copa, el abandono en su cuidado y mantenimiento. Quizá lleven años así. Igual después de la foto y del artículo, alguien se apiada y hace una poda. Sería un punto final a la ausencia de mantenimiento.

Los árboles y la vegetación son los grandes beneficiados de la lluvia otoñal que no ha venido ni siquiera acompañada de brisa. Pensamos en esas palmeras de la foto, en los laureles y en otras especies cuya frondosidad y cuyos ramajes agradecerán el liquido elemento, siquiera para la limpieza de sus troncos y de sus hojas, afectados en muchos ejemplares por plagas que lo dejan todo perdido.
Pero pensamos también en los jardines secos de los hornos de cal de Las Cabezas, una parte de los cuales presenta un aspecto deprimente, reflejo de la desidia y de la insensibilidad. No están mejor otras zonas ajardinadas, como las de Playa Jardín. Y no digamos de ciertos barrios y determinadas urbanizaciones. Hay que tomarse esto en serio: cuando en su día abogamos por un modelo de ciudad-parque, sabíamos que sólo sería posible con una acción eficiente y ejemplar de la Administración y en la modalidad escogida para la gestión de la prestación de los servicios correspondientes. Esa acción debía trascender a los ciudadanos de modo que colaboraran e hicieran suya la iniciativa de cuidado y esmero de jardines, parterres, alcorques y espacios públicos que llamaran la atención y encendieran, en su conjunto, la admiración de nativos y visitantes.
La lluvia, tan beneficiosa para el agro portuense, el poco que resiste y subsiste, lava -nunca mejor dicho- la imagen de esos espacios y mitiga, siquiera temporalmente -¿hasta que vuelva a llover?-, la sensación de abandono.
Pero acaso no sea tan beneficiosa con otras realidades. Con el estado del pavimento de algunas vías, por ejemplo. Por las que uno habitualmente transita, hay razones para asustarse. Sin exageración. Quisiéramos comprobar si es un barranquillo o no la calle Cupido, en su fase pendiente antes de llegar a la Punta de la carretera. Y aunque es más llana, que nadie se apiade de la calle Doctor Ingrand nos parece una demostración de indolencia reprobable. La mejora del pavimento del costado norte de la plaza del Charco, en  los alrededores de la parada de taxis, operado para causar buena impresión en las pasadas Fiestas de Julio -el alcalde se tiene que acordar de cuándo aludía en la oposición a la “ruta de las procesiones”- es otro apresurado reflejo de que cuando se quiere, porque interesa, se puede.

En fin, bienvenida lluvia. Incluso para verificar si cuando diga adiós, incentiva a los responsables que toman conciencia para los arreglos y para un mínimo plan de mantenimiento y sostenibilidad.

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