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Otro tijeretazo a Santa Cruz. Por José Manuel Bermúdez Esparza

La aprobación de unos Presupuestos es, ni más ni menos, la plasmación real y directa de la voluntad política de cualquier gobierno, más allá de meras declaraciones políticas y sin duda atemperada por las circunstancias económicas en un momento determinado. No pretendo, ni de lejos, ocultar la dura realidad socioeconómica que atravesamos -que desde un Ayuntamiento se ve en primera línea de batalla-,  ni tampoco negar la necesidad de medidas de ajuste y austeridad en la administración pública para poder destinar todos los recursos disponibles allí donde realmente resulte más necesario.

Lo que sí cuestiono con toda convicción es el “reparto de la carga” con que se pretende afrontar estas medidas. Los recortes que de manera brutal se pretenden aplicar no pueden ni deben afectar a todos por igual, porque ni todos son igualmente culpables de haber llegado a esta situación, ni todos los territorios tienen las mismas circunstancias objetivas: insularidad, lejanía, índices de paro, dependencia de determinados sectores, estructura económica, etc. Canarias, con todas sus dificultades y frente a otras que claramente han sobrepasado los límites asumibles (y que, en algunos casos, han mentido en sus cifras), ha conseguido ser de aquellas Comunidades que mejor han cumplido los objetivos de déficit. Y a pesar de todo ello, nos encontramos con un proyecto de Presupuestos del Estado que castiga a nuestra tierra de forma injusta, hasta el punto de hacer dudar si detrás de este reparto se encuentra, además, una clara intencionalidad política en función del color con que se gobierna en cada sitio.

La crisis económica no son simples números en un papel, estadísticas y cifras tan frías como la tinta con que son escritas. La crisis tiene rostro, tiene cara, tiene ojos… son tragedias personales y familiares que sufren diariamente la falta de oportunidades para salir adelante y los recortes asistenciales para suplir estas carencias. Y son los ayuntamientos –lo he dicho en muchas ocasiones- las administraciones que dan la cara con esos ciudadanos, la puerta a la que tocan en busca de ayuda y de respuesta, que no es la de un Ministerio lejano y distante.

Frente al silencio cómplice de sus representantes en Canarias, que ni siquiera han actuado con la dignidad suficiente para alzar la voz o intentar paliar mediante enmiendas en el trámite parlamentario  alguna de estas injusticias, el Gobierno del PP aplica la única receta que conoce:  la de las tijeras. Y lo hace castigando más a los más débiles. A los recortes genéricos se suman, en el caso de Santa Cruz, clamorosos incumplimientos como es la desaparición de la partida destinada a la tantas veces prometida playa de Valleseco, el desentenderse por completo del compromiso para la escollera de San Andrés, la puesta en peligro por falta de financiación de obras vitales y ya en marcha como es la Vía Litoral que actualmente se ejecuta en nuestro frente marítimo o el eje Ofra-El Chorrillo, la incertidumbre por la reposición de viviendas en barrios como Cuesta Piedra, La Salud o Miramar,  o esos hachazos en las políticas activas de empleo que nos pueden impedir la contratación de cientos de trabajadores que, al menos de forma temporal y a través de convenios puntuales, han tenido en el Ayuntamiento un respiro frente a esta asfixiante crisis.

Y son sólo algunos ejemplos que, por demás, tampoco se ven compensados con ninguna medida incentivadora para la creación de empleo y la dinamización de la economía: muy al contrario, nos condenan a unas condiciones de más paro y más pobreza, sin aportar siquiera un horizonte de esperanza en un plazo razonable de tiempo. Cuando tanto hablamos de rescates para la banca, para los Estados, para las Comunidades Autónomas y para la economía en general, a algunos se les ha olvidado a quién hay que rescatar en primer lugar y por encima de todo: el rescate de las personas.

 

José Manuel Bermúdez Esparza

Alcalde de Santa Cruz de Tenerife

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