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¿Ser o no ser? Esa es la ‘jodida’ cuestión. Por Eduardo García Rojas

I.- Son pocas las películas en las que me he quedado dormido en el cine. Son muchas las personas, individuos trisexuales que diría aquel falso y miserable filósofo de la indigencia pero que nunca lo quiso ser, que sí se han quedado dormidos en la butaca que he tenido a mis lados.

Fuera la derecha.

La izquierda.

Fuera la izquierda.

La derecha.

Que el orden de los factores no altera el producto.

¿Verdad trisexual?

II.- El primer recuerdo que aún se mantiene fresco y por lo tanto vivo en mi erosionada memoria es viendo con la clase y por obligación de nuestro profesor de Religión, un seminarista exaltado empeñado en que nos aprendiéramos todastodas las oraciones del Catecismo de aquel año, Jesús de Nazareth, de Franco Zeffirelli, una película que pongo a Dios por testigo que vi en el cine y no en la televisión aunque me entere ahora, buscando en la red, que se trataba de una serie y no una película para estrenar en cine…

III.- Aprovechando la oscuridad de la sala –¿el cine Greco?– cerré los ojos y voilà, no los volví a abrir hasta la escena en la que los romanos torturan y humillan al rey de reyes, que fue siempre la parte de la historia que me resultaba más atractiva, que no interesante, porque aparecían los legionarios romanos y se producía la famosa y desarmante escena del tortazo. Ya saben, cuando Jesús le pone la otra mejilla tras recibir el primer bofetón de manos y mando Poncio Pilatos.

IV.- No llegué a dormirme con La pasión de Cristo, de mi apreciado Mel Gibson, aunque sí que comenté recientemente con un amigo que no suele dormirse en los cines que es una pena que no rodara esta película en 3D. Es verdad que este avance de la técnica no se había puesto de moda entonces pero, si han visto la película de Gibson, arriesgada y certeramente gore cristiana, imaginad la reacción de los espectadores cuando la sangre del Salvadador saltara directamente a sus ojos, protegidos por las incómodas gafas de cristales ahumados.

En su día llegué a exclamar en la sala, y no sin cierto entusiasmo, “eres grande Mel, porque esto me está ayudando a comprender La matanza de Texas.”

V.- El mismo director, Franco Zefirreli, tiene el dudoso honor de haber provocado que me durmiera en la butaca con Hermano sol y hermana luna, cuya historia está inspirada en la vida del santo Francisco de AsísMartin Scorsese hizo lo mismo con Kundun, cinta que me sumió en un agradable sopor, no sé si por eso que llaman Nirvana, y algunos musicales –yo, que me curtí en la tele en blanco y negro con las deFred Astaire y Ginger Rogers– al intentar ver Jesucristo súper starSiete novias para siete hermanos y Oklahoma, aunque confiese que me encanta la banda sonora de esta última y que de vez en cuando canto emocionado bajo la ducha con mi característica voz de barítono algo así como “oh what a beautiful morningoh what a beautiful day…”

VI.- Hay alguna cinta más que provoca mi ya de por sí rara tendencia a dormir, muchas de ellas pertenecientes a ese cine canario que tantocuesta rodar y que tanto ha resuelto la vida al estar subvencionado la existencia de quienes tanto le ha costado hacerlas, pero que veo desafiando a mi proverbial cansancio existencial porque como clamaba don Emiliano Zapatamás vale vivir de pie que vivir de rodillas.

VII.- Últimamente, que son días en los que apenas voy al cine aunque no haya perdido la mala costumbre de perder el tiempo viéndolo en casa, rara es la ocasión en la que me levanto de la butaca y abandono la sala a oscuras. Y no, no es una costumbre haya cultivado como esquizofrénico cinéfilo/cinéfago en el que podría reconocerme.

VIII.- Es verdad que casi siempre me marcho –mientras hago que veo con atención los títulos de créditos finales hasta que acaban y vuelve a encenderse la luz de la sala– con la sensación de que me han estafado una parte de la última provisión dineraria que queda en mi maltrecha cuenta corriente… Por lo que prefiero hoy ver cine en el salón estilo art decó, el más mimado de mi decadente mansión, las cosas que me pasan o las que me bajan o alquilo por aquello de mantener cierto seguimiento con lo que se está haciendo actualmente y me niego por sistema a descubrir en un cine que ya no es el cine que conocí.

IX.- Lo que hago entonces, como imagino que harán otros muchos en casa, cuando lo que veo me aburre soberanamente es pulsar la tecla de marcha rápida del mando a distancia y observar con idiotizantefascinación como se desliza esa nadería a velocidad vertiginosa mientras espero el momento de pulsar el play para detenerme en aquellas partes que intuyo quizá me interesen porque igual hay petróleo entre tanta tontería.

Este momento es como una epifanía.

Una epifanía frustrada porque la mayor parte de las veces vuelvo a pulsar el botón de velocidad hacia adelante…

X.- Lo hice, padre, el otro día precisamente con el Jesús de Nazareth de Zefirelli.

Ahí estaba yo, con mi bandeja de quesos y mi botella de vino, recordando a aquel adolescente en el que apenas hoy me reconozco porque aún anidadaba en su inocente cabeza demasiadas esperanzas en la vida –antes de que éstas se le disolvieran de entre los dedos– volviendo a ver, aunque ahora  a toda pastilla, la vida de Jesucristo según Zefirelli hasta la escena del tortazo.

Poncio Pilato castiga con su mano la mejilla de Jesucristo.

Jesucristo (Robert Powell) le muestra la otra mejilla.

– ¡Haz algo, Jesús!- pienso sirviéndome un poco más vino.

Pero nada.

– ¡Haz algo, imbécil!

Pero no hay nada que hacer. Así que doy para atrás. Y aprieto el play.

Lo mismo.

Así que vuelvo a dar para atrás.

Y aprieto el play.

Lo mismo.

Pilatos da el tortazo y Cristo pone la otra mejilla para recibir el segundo tortazo que, dicen, no devolvió el patricio romano.

Pilatos deja la mano en el aire. Mira a Jesús como un marciano.

Vuelvo a dar para atrás.

Tengo la esperanza de un milagro.

Que Jesús devuelva el golpe o que Pilatos le dé el segundo bofetón.

¡Vamos Jesús!

¡Vamos Pilatos!

Pero nada, debe ser porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos.

Concluyo:

Tuve que haber alquilado La pasión de Cristo.

Saludos, se supone que mañana será otro día, desde este lado del ordenador.

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