FIRMAS Salvador García

Adiós al CEPA (con premonición incluida). Por Salvador García

Si quedaba alguna esperanza, se desvaneció en el pleno del Ayuntamiento del pasado lunes. Una moción del Grupo Municipal Socialista trataba de salvar el mantenimiento del Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) en algún lugar del municipio. El gobierno local, que sigue sin firmar un documento que rubrique su alianza (¿hubiera figurado esta cuestión en su entente, se hubieran atrevido siquiera a sugerirlo?), no estuvo por la labor y votó en contra. El CEPA se va. A La Orotava, a La Victoria o a La Matanza, que ahí tiene que decidir la consejería a la vuelta de las vacaciones estivales. Otra dotación que se pierde en el Puerto, terrible. Mil trescientos alumnos que tendrán que buscar un hueco para recibir enseñanzas. Curioso: mientras algunos presumen de récord en pelotas de gofio (muy respetable y muy meritorio, pero de qué ha servido), han sido muy pocos los que han defendido la continuidad de este centro educativo, una opción que se volatiliza cuando la crisis se ceba con los portuenses y con muchos ciudadanos de localidades limítrofes.

Y ahora, vamos con lo más duro. De informaciones periodísticas se deduce que el empeño de desalojar de la Universidad Popular Municipal Francisco Afonso a la comunidad del CEPA se debe a que el espacio donde habitualmente desarrollaba sus actividades puede ser ocupado ahora, según todos los indicios, por una firma privada. El Ayuntamiento necesita ingresos, parece ser que es toda la justificación que se ha argumentado. Independientemente de que dicha firma esté más o menos vinculada a la enseñanza o la formación y con ello se trate de dar cobertura a la decisión, ésta parece poco favorecedora de la enseñanza pública. Cierto que en el Puerto, durante los últimos años, casi siempre bajo gobiernos o alianzas del mismo signo político, hemos asistido al mayor desmantelamiento del sector público local que difícilmente podía imaginarse. En todo caso, ¿han ganado la ciudad y los ciudadanos? Si un día se hiciera un estudio económico-financiero pormenorizado de lo que ha costado, quizá nos llevaríamos las manos a la cabeza y alguien se ganaría a pulso el título de mayor desmantelador de lo público portuense.

Y no es por presumir, ni mucho menos. Pero permitan que reproduzcamos un breve párrafo de un artículo publicado el pasado mes de julio, cuando escribíamos que la educación de adultos en el Puerto de la cruz no tenía quien la acogiera y que se buscaba un hueco donde enseñar. Anticipábamos que si se consumaba el desalojo, “ojalá ese planteamiento signifique tomarse en serio de una vez la revitalización del Organismo Autónomo Local (OAL) hasta el punto de garantizar la continuidad de la propia UPM. Porque no queremos pensar en otras salidas que equivalgan a desentenderse casi por completo de estas políticas sectoriales y de los espacios físicos donde desarrollarlas”.

 Era una premonición. Quizá por experiencias anteriores, teníamos un pálpito. Algo podía esconderse detrás del empecinamiento en desalojar al CEPA. A la espera de más datos y mayores concreciones, todo da a entender que las plantas correspondientes de la UPM tendrán nuevos ¿inquilinos? Lo peor, además de perderse la opción, es que los hechos propician que el OAL y la propia Universidad Popular Municipal -esa que ha sido ejemplo para tantas ciudades españolas-, lejos de ser potenciados, van a seguir menguando.

 Quién sabe si avanzando hacia su desaparición.

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