FIRMAS

La ‘austeridad’ de UPyD. Por Juan Velarde

¿Quién decía que UPyD era el partido que venía a regenerar la vida política de España? Quienes mantienen esa defensa a ultranza de la formación de Rosa Díez, entre ellos el periodista Federico Jiménez Losantos, han tenido que llevarse un soponcio de los que hacen historia y afición cuando han comprobado que ¡¡¡ohhh cielos!!! el único diputado de esta fuerza por Asturias y que fue clave para que gobierne el PSOE en la comunidad, el señor Ignacio Prendes, cuenta con nada menos que seis asesores. Sí, media docena de paniaguados caballeros que se llevarán a final de mes una nómina importante a cuenta de aconsejar a quien no tiene más valía que la de ser un sostén del actual gobierno en la región del Principado.

UPyD, no vamos a negarlo, entró en la vida política de España con una fuerza renovadora y un cierto frescos. Empezó a lanzar mensajes convincentes a la ciudadanía, a pedir el fin de privilegios, a que se dejase de usar los coches oficiales, a reducir considerablemente el uso de asesores que sólo están en ocasiones para abultar la nómina de las instituciones. Hemos visto como en Madrid, en el Ayuntamiento y en la Comunidad, sus comportamientos iban en esa línea de proponer hasta el cansancio medidas de austeridad, de recortes en pro de beneficiar a los siempre estrechos y maltratados servicios sociales.

Todos hemos creído a pies juntillas en ciertos principios de UPyD, pero claro, una cosa es lanzar el mensaje en lugares donde el eco del mismo va a ser multiplicado por 1.000 o por 10.000 y a sabiendas de que el caso que se le hará a la medida es el mismo que el que haría un hombre a un anuncio de compresas (salvo que la modelo de turno esté de muy buen ver, que también suele pasar), es decir, atención nula. Sin embargo, cuando nadie les ve, cuando el foco mediático baja en número de vatios y de decibelios, nos encontramos con sorpresas como la media docena de asesores en Asturias.

Normal, desde luego, que luego los norteamericanos se queden entre sorprendidos y descreídos cuando les decimos que aquí en España cualquier alcalde de la pedanía más remota tiene chófer, asesor, secretaria y vales de comida para el restaurante más lujoso de la comarca. Los estadounidenses están acostumbrados, por ejemplo, a ver a los alcaldes de Nueva York o de Washington yendo al ayuntamiento en Metro. No se les caen los anillos e incluso ellos mismos pueden contribuir a una mejora de su servicio sufriendo exactamente las mismas demoras que el resto de los usuarios. Aquí eso es inimaginable. Sólo conozco una excepción y lamentablemente ya no está entre nosotros, el señor Rodríguez Sahún, un malogrado alcalde de Madrid que en dos años de mandato tras la moción de censura a Barranco fue un firme defensor y usuario del transporte público y de estar a pie de obra de todas aquellas infraestructuras que parecían demorarse ad calendas grecas en la capital de España. De resto, todos a abusar del cochito oficial y de los asesores.

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