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Mi extraño encuentro con Nosferatu. Por Eduardo García Rojas

Me llevo la mano al pecho cuando descubro la inquietante silueta que se dibuja en el marco de la puerta: un tipo alto y delgado, calvo como una bola de billar y con feroces orejas puntiagudas. Enseña dos colmillos como de ratón mientras me preocupo seriamente de que no sea nadie (nadien decía aquel) que quiera venderme un trozo de paraíso o comerme la cabeza con el puto incendio que devora el corazón de la isla.

– No se preocupe usted que está controlado.- dice la criatura que me ha leído la mente.-  ¿Puedo pasar?- pregunta moviendo unas manos largas cuyos dedos, finos como palillos, terminan en una escandalosas uñas que parecen garras.

– La verdad es que iba a acostarme.- miento como un bellaco.- Es un poco tarde, sabe usted.

No miento al decir la hora. Son las dos de la madrugada. En algún lugar suena el clong clong de un reloj que me hace dar un pequeño saltito.

Comienzo a sudar mientras los ojos del tipo delgado se clavan en los míos.

– ¿Puedo pasar?.- insiste mostrando ahora una perversa sonrisa.

Voy a decir que no pero de mis labios sale un traicionero sí.

El individuo, que viste un abrigo negro, entra y me ordena con la mirada que cierre la puerta.

– Me encantan las arañas.- exclama cuando observa las telarañas que se han tejido en la lámpara del salón.

– Acomódese usted.- le digo señalando el sofá. Yo me instalo en el sillón de orejas, donde cruzo las piernas y hago que pongo mirada interesante. Es decir, cierro los ojos.

– Veo que estaba viendo una película.- susurra el tipo delgado.

La imagen del televisor está congelada en stop.

Comienzo a reírme. No sé porque me río… Bueno, sí… Comienzo a sentirme nervioso. Y mucho más nervioso cuando compruebo que el caballero que tengo sentado en el sofá es el mismo que aparece en la imagen congelada del televisor…

Ehhhhh….- balbuceo señalándolo a él y a la pantalla.

– Al natural soy más atractivo, ¿verdad?.- contesta el tipo delgado mientras con una de sus manos plancha las arrugas del abrigo que lleva puesto.

Estoy a punto de soltar una tontería. Algo así como no tiene calor… Pero en bocas cerradas no entran moscas.

– Continúe viendo la película.- me anima el caballero.

– Estará cansado de verla.- intento excusarme.

El tipo se rasca la nariz y luego pasea con uno de sus dedos el largo de sus colmillos de rata.

– Que va… Vamos, vamos….

Pulso el play y la pantalla vuelve a ponerse en movimiento. En blanco y negro el orejudo se inclina sobre el cuerpo de una doncella. Sus ojos saltones miran a cámara antes de dar el inevitable mordisco.

Ahhh, qué sed me está dando….- exclama el sujeto sentado en el sofá con la vista clavada en la pantalla del televisor. Un televisor de pantalla plana y no sé cuantas pulgadas.

-Tengo agua fría en la nevera. También cuatro garimbas

– ¿Garrrimbas?.- pregunta con marcado acento germano.

– Cervezas, muy fresquitas.

El tipo de encoge de hombros y continúa mirando la pantalla del televisor.

Ya en la cocina, la luz de la nevera me deslumbra.

Cojo dos latas de cervezas, busco algo en la despensa y regreso al salón.

– ¿Sabe usted mi nombre?

– ¡Drácula!.- grito procurando tener el mismo acento devoto de Renfield.

– Quita, quita…..-ladra como si le hubiera mostrado la cruz.

– ¡Nosferatu, el de la película!

El tipo se rasca la cabeza y me mira con abisal tristeza al contemplar la ristra de ajos que llevo a modo de collar.

– ¡Murnau!

Niega consternado con la cabeza, que inclina suavemente sobre su pecho.

– ¡Klaus Kinski!

Se levanta del sofá y hace amago de estrangularme aunque los ajos que llevo entorno al cuello lo ponen firme en el centro del salón. Comienza a dar arcadas…

Mi ángel de la guardia, que hasta ese momento debía de estar fumando cosas raras en algún rincón de mi casa sale en mi ayuda y me grita por la oreja izquierda un nombre.

– ¿Shrek?

El hombre delgado y calvo abre los ojos…

Mi demonio de la guardia, que hasta ese momento debía de estar fumando cosas raras con mi ángel de la guardia me sopla por la oreja derecha otro nombre.

– Más… No… Espere un poco… Max… Max Schreck

En pantalla aparece un cartelito en el que se puede leer Ende.

El señor Shreck da dos zancadas largas y sale de mi mansión atravesando como un espectro la puerta.

– ¡Nosferatu, espera…!.- voy chillando por el pasillo.

Pero solo me contesta un bofetón de calor cuando llegó a la calle.

Calor…

Demasiado calor.

Un bofetón de calor…

Mi ángel y demonio de la guardia se ponen por una vez de acuerdo: “La fuerza del vampiro radica en que nadie cree en su existencia.”

– España, España….- grito.

Saludos, Nosferatu, el vampiro, cumple 90 años, desde este lado del ordenador.

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