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Lucha Libro… La vida es eterna en cinco minutos. Por Eduardo García Rojas

Yo, que no soy aficionado al fútbol, resulto también contaminado por el virus del balompié. Sigo a ratos el partido que enfrenta a la selección de España con la de Francia imaginando con la ironía del perdedor que en ese lejano terreno de juego este país va a repartir justicia histórica con su vecino.

El gabacho, que impuso un rey como José I al que la maledicencia de un pueblo que comenzaba a construirse como nación conoció como Pepe Botella, y una ocupación que se equivocó en inculcar lo de libertad, igualdad y fraternidad a base de represión, sangre y fuego.

Debe ser que al francés nunca le gustó el olor a cebolla y la rudeza de los vinos ibéricos… Así que pensó: la letra con sangre entra.

Puto error.

Bajo al Atlántico acompañado del sonido de las vuvuzelas y de los gritos aguardentosos de la gente que canta, al modo de una desafinada banda sonora: soy español, españolSoy español, españoool…

Un corro de señoras de edad, en una terraza, y vestidas con camisetas de la selección española lo corea mientras tres pibes que podrían ser sus hijos las mandan a callar.

“¡Silencio, cojones, que somos africanos!.- les chilla uno, el más jovencito.

Una de las señoras le responde: “¡Malcriado, no tienes educación! ¡Es-pa-ña!, ¡Es-pa-ña!”, y durante un momento pienso que los críos las van a inflar a hostias cuando una pareja pasa a su lado y los gallitos patriotas le increpan al chico que se quite la bandera roja y gualda que lleva colgada al cuello.

El chico se niega. Y la chica que va a su lado lanza un gritito nervioso.

Los gallitos, envalentonadossuben el volumen de la voz aunque cierran la boca precipitadamente cuando aparece un coche de la Policía Nacional que al encender sus luces hace que se pierdan en una noche de patriotismos idiotas que por si algo se caracteriza es por su aplastante y aplatanado calor africano que, imagino, hace derretir también al asfalto.

Esquivo a una cucaracha gigante que planea borracha alrededor de una farola en la plaza de Weyler y por fin llegó al Atlántico que –noto– no registra la asistencia de público que esperaba encontrar con respecto al primer día –y los que han seguido me cuentan– del Primer campeonato de improvisación literaria en Canarias, Lucha Libro, un original concurso en el que participan escritores con máscaras tan extravagantes como la de los que hacen Lucha Libre en esas tierras que son las de Iberoamérica, y del que hoy formo parte del jurado.

Porque hoy es la final.

Y hoy es la noche de San Juan.

Así que es probable que la gente esté quemando sus frustraciones en las improvisadas hogueras de la playa, del solar de al lado…

Job Ledesma y Pablo Martín Carbajal son los otros miembros del comité deliberador. Los tres hombres sin piedad y con gafotas que tenemos la siempre difícil tarea de seleccionar a los finalistas y, obviamente, al ganador de esta primera edición de gladiadores de las letras impovisadas.

Cuatro son los que se la juegan: El Esguince de Lince, Muñeca de Letras, Musidora y El Pollito de Macondo.

La primera lucha enfrenta a El Esguince de Lince y Muñeca de Letras.

Tienen que escribir un relato inspirado en estas tres palabras: Garganta, Festival y Linterna.

El Esguince de Lince escribe un cuento original pero se complica con el teclado y no termina por cerrarlo. Muñeca de Letras tira por la prosa poética y le sale algo, a juicio de los tres gafotas, más interesante.

La decisión no deja sin embargo de dejarme un mal sabor de boca porque esto de actuar como el rey Salomón es complicado.

La segunda lucha pone frente a frente a Musidora y El Pollito de Macondo.

Las tres palabras claves a través de las cuales deben articular su historia son: Cicatriz, Sujetador y Sospechoso.

Musidora escribe un cuento fantástico. De una tacada, sin apenas dudar. Sus manos se deslizan por el teclado del portátil con la misma agilidad de una curtida pianista.

El Pollito de Macondo hace lo mismo. Quizá sin la agilidad en los dedos de Musidora pero sí con más divertida imaginación. Su historia, una vez que nos ponemos a deliberar, nos convence a los tres para que pase a la final.

La final…

El Pollito de Macondo y Muñeca de Letras.

Enmascarados.

Las tres palabras: Enfermo, Piscina y Revista.

Suena la campana.

El de Macondo construye un cuento divertido, irónico. De los que hacen sonreír.

La de Letras permanece fiel a su estilo… Prosa poética, con imágenes potentes precisamente por lo improvisada que salen de su cabeza en esos cincos minutos que hace que la vida sea eterna en cinco minutos.

Los gafotas, tras una ardua deliberación, deciden otorgar el premio a El Pollito de Macondo.

Game over.

Sin la máscara El Pollito de Macondo resulta ser Enrique Sicilia y es autor del blog 100palabras.blogspot.com.

Acompañado de Pablo Martín Carbajal subo la cuesta que nos lleva a nuestras respectivas mansiones y comentamos –durante el camino que se me hace larguísimo cuando voy solo y con Pablo muy breve en el tiempo– la edad de los participantes de esa noche.

Son jovencísimos. ¡Te tratan de usté!

Gente educada. Para los que el don ya no existe, afortunadamente, salvo para Don Juan Carlos I y Don Johnson

Bromeo con Pablo.

Esa gente forma parte de la Generación XXII, cuidado los de la XXI porque hay relevo y pisa con fuerza.

Me despido de Pablo cerca de mi mansión.

España ha ganado a Francia.

Claro que, como le comento antes de decirle adiós, la patria es el último refugio de los cobardes.

Saludos, entre mi país y mi madre: siempre mi madre, desde este lado del ordenador.

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