FIRMAS

El Neuralizador. Por José Alberto Díaz-Estébanez

Me encantan los chismes y cachivaches de todo tipo que han hecho fortuna en la historia del cine: desde los inconcebibles aparatejos de Bond, James Bond, hasta el mecánico enano cabezón de R2D2, pasando por los estúpidos pero siempre divertidos accesorios del inspector Gadget. Y entre los variados artilugios que pueblan el inmenso universo de fantasías, hay uno que, además, siempre me fascinó por lo aterradoramente divertido que resulta imaginar su existencia en ciertas manos: el Neuralizador que tan famoso hicieran Will Smith y Tommy Lee Jones en “Men In Black” (“Los Hombres de Negro”).

El Neuralizador

¿Que no saben qué es el Neuralizador? Puede que sea porque lo han empleado con ustedes… pero yo se los recuerdo: un artefacto pequeño, metálico y cilíndrico (¡eh, no sean mal pensados… ese no!) mediante el que simplemente apretando un botoncito y un sencillo fogonazo parecido a un flash fotográfico tiene la virtud de borrar los recuerdos más recientes de quien fije en él su curiosa mirada. Así es: un borrador de memoria, regulable en función del número de minutos, horas, días o hasta años que quieras fijar como límite a este típex de los recuerdos.

Es cierto que ahora llega a la cartelera una nueva secuela de esta divertida serie de ciencia ficción. Pero la verdad es que yo me he acordado del puñetero cacharrito de tanto oír hablar en radios y televisiones de una nueva y temida especie que amenaza nuestra existencia: los Hombres de Negro. No los simpáticos y aventureros actores de la película, claro, sino los malignos “interventores” de cuentas y haciendas que impondría la Gran Madrastra Merkel de Europa (¡Hail, Angela!) si llega la malhadada hora del rescate.

Por cierto, que tiene cierta gracia también eso del “rescate”. Porque normalmente se entiende como tal una ayuda para el salvamento de una persona o grupo de personas en situación de emergencia. Ni que decir tiene que la situación de emergencia ya la tenemos, y que somos muchos los que estamos inmersos en ese grupo susceptible de ser recatado. Pero lejos de esperar ansiosamente esa ayuda y saludar con vítores y aplausos a nuestros rescatadores, les tememos casi tanto como a la catástrofe misma.

¿Y eso por qué? Pues porque sabemos que cuando ese mecanismo de rescate entra en marcha y los Hombres de Negro se hacen con los mandos, su misión, su prioridad absoluta, no es salvarnos a nosotros, ni reflotar nuestra maltrecha economía, ni asegurar los servicios básicos esenciales que con tanto esfuerzo han construido generaciones de esforzados trabajadores (y, por qué no decirlo, también unos cuantos vividores). Su misión no es otra que garantizar el pago a nuestros acreedores, y por lo tanto poner todos los medios (los que sean precisos y sin más límite que la propia capacidad de aguante hasta la mismísima extenuación) para que cada céntimo de euro sea finalmente devuelto con sus correspondientes intereses a quienes tan generosamente nos lo presta ahora (no tanto por nuestro bien como por salvaguardar su sistema económico y monetario: “¡mi Tessssssoroooo!”, que diría Gollum).

Y si para ello es necesario el empleo de un moderno y sofisticado Neuralizador que borre de nuestra memoria y de manera selectiva algunos errores, personas, comportamientos y monumentales meteduras de pata (…y de mano), pues se hará. A veces basta simplemente con distraer oportunamente la atención de algunas cosas y con no aclarar, investigar ni iluminar algunos hechos que podrían parecer escandalosos… y esperar que el paso del tiempo y la angustia por la supervivencia hagan el resto.

Y ahora que sabe la historia, mire fijamente aquí… sí… mientras lee estas líneas… quizá sienta un ligero fogonazo y algo parecido a un aturdimiento mental… ¿no se acuerda? Vuelva a empezar el artículo.

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