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Búscame en ‘Sesamo Street’, en Guantánamo Bay. Por Eduardo García Rojas

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El documental Songs of War de la cadena árabe Al Jazeera denuncia que las canciones de Barrio Sésamo fueron utilizadas en Guantánamo –ese gigantesco y siniestro complejo carcelario que el presidente del yes, we can, Barak Obama prometió cerrar — para torturar a los presos. El compositor de estas canciones, Christopher Cerf no se ha tomado, como era de esperar, con deportividad la noticia.

“Mi primera reacción fue decir: esto no puede ser verdad”.

También: “por supuesto no me gustó saber que yo mismo estaba ayudando a acabar con la moral de los prisioneros, pero fue mucho peor cuando me enteré de que además utilizaban la música para los interrogatorios más largos, para provocar tal dolor en los detenidos que al final tuvieran que hablar”.

Imagino a uno de esos prisioneros encapuchados. Y como le instalan los auriculares en los oídos para que suene la música de Barrio Sésamo día y noche, noche y día dentro de su cabeza.

– ¿Vas a hablar?- le pregunta hostil el carcelero.

– Sí, claro que sí.- responde el preso desquiciado.- Pero apaguen esa música de una puta vez…

En la guerra cualquier arma es buena para reventar la moral del enemigo. El problema es que en esta guerra fantasma nadie sienta en el banquillo de los acusados a los que están machacando el cuerpo y el espíritu de los presuntos enemigos de la democracia.

No sé si inspirándose en un caso real, Francis Ford Coppola recurrió a la música como arma psicológica en una de los mejores momentos de Apocalipsis now! Me refiero a aquel en el que el teniente coronel Bill Kilgore alienta a sus tropas aerotransportadas con La cabalgata de las Valkirias de Richard Wagner a todo volumen…

El caso es que Kilgore recurre a Las Valkirias para infundir valor a sus hombres y aterrar al vietcong. La música como arma psicológica.

Pero imaginen ustedes lo que es oír día y noche, noche y día la misma canción.

Imagen también que esa música le acompañó durante su niñez.

Niñez que ahora constato fue zombificada por cancioncillas no tan inocentes y a las que hoy se recurre para sacar de sus casillas a los presuntos malos de la película.

Malos que son capaces de confesar cualquier cosa siempre y cuando les quiten esa puñetera música de la cabeza.

Si como occidental soy ya cómplice de una guerra en la que nunca quise meterme, que recurran a mis idiotizantes señas de identidad para debilitar a ese enemigo que me han buscado solo puede provocar mi mayor rechazo y cabreo.

Es como si usaran las inspiradas canciones de los Payasos de la tele para demoler un poquito más la moral del preso que no se doblegó con las de Barrio Sésamo.

Imaginen como día y noche suena en la cabeza del preso una letra extraña que canta cosas tan profundas como Hola, don PepitoSusanita tenía un ratón o Como me pica la nariz

Da viruje viejuno el solo pensarlo.

El reportaje Songs of War de la cadena árabe explica que fue en 2003 cuando se desveló que los servicios de inteligencia de Estados Unidos torturaban a los detenidos en Guantánamo y Abu Ghraib con esta música.

La de Barrio Sésamo.

Moazzam Begg, un expreso de Guantánamo, explica que “fue probablemente una de los peores torturas a las que nos sometían”.

¿Gritaría el preso mientras la escuchaba a todo volumen dentro de su cabeza?

¿Continuará tarareándolas hoy día, mientras intenta llevar una vida normal tras soltar todo lo que sabía sobre esa presunta y paranoica conspiración islámico terrorista que quiere acabar con el mundo libre?

Yes, we can.

Alguien se ha puesto a pensar en qué pensarán los protagonistas de Barrio Sésamo de todo esto.

¿Y los que usaron sus canciones para demoler la moral del enemigo fantasma? Cafres, quiero pensar, cuya banda sonora es la de Sesamo Street.

Lo dicho, viruje viejuno.

Si fuera terrorista, que aún no lo soy, les pegaría entonces dos tiros a Epi y Blas. Y a los tontos de Don Pimpón y Espinete en su pastelosa versión española.

Si fuera Epi y Blas –descarto a los pastelosos de Don Pimpón y Espinete– haría que Epi le preguntara a Blas:

– Blas, Blas, ¿a quien le pego un tiro?

– Epi, al cabezón que está subiendo el volumen a nuestra canción noche y día y día y noche, Epi.

Bang.

– Epi te has vuelto a equivocar. Nos vemos en el infierno.

– Blas, Blas…

Bang.

Saludos, cuerdo o loco, lo mismo da, desde este lado del ordenador.

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