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‘Bernie’ Gunther contra el nazi perfecto. Por Eduardo García Rojas

El próximo 4 de junio se cumple el setenta aniversario de la muerte de Reinhard Heydrich, el carnicero de Praga. Heydrich falleció por las heridas sufridas como resultado de un atentado en esta misma ciudad, material que empleó el escritor francés Laurent Binet como base de su interesante ¿novela? HHhH, siglas de Himmlers Hirn heisst Heydrich, o El cerebro de Himmler se llama Heydrich.

Heydrich también es el protagonista de la última novela que Phillp Kerr dedica a Bernhard (Bernie) Gunther, Praga mortal (Serie Negra, RBA) que hace el título octavo de una serie que su autor inició con Violetas de marzo y en la que en clave negro criminal recrea los años del nazismo y también de la postguerra alemana a través de un personaje con ecos claramente chandlerianos.

Como sucede con otras historias del ciclo Gunther, Praga mortal se lee pese a sus más de trescientas páginas en tiempo record. Y parece casi como si el escritor pusiera el piloto automático para narrar la nueva aventura en la que se ve involucrado su protagonista, quien en esta ocasión hace de investigador de un asesinato cometido en la residencia del Protector del Reich de Bohemia y Moravia, un Heydrich que vive profesionalmente uno de los mejores momentos de su carrera, temido por los suyos indistintamente cual fuera el escalón que ocupase en la férrea pirámide del estado nacionalsocialista.

En contra de otras historias de la serie, Praga mortal rinde un atractivo homenaje al género de la novela de misterio. Es decir, que estamos ante un libro cuyo eje se mueve en torno a la resolución de un crimen cometido en una habitación cerrada en la que todos los habitantes de la mansión (jerarcas de la SS y SD y el servicio) resultan sospechosos. Entre ellos el mismo Heydrich, el monstruo rubio que demanda –o mejor, exige–  los servicios del cínico y rebelde Gunther, un personaje con el corazón y el alma enferma tras sus experiencias en el frente ruso.

Praga mortal va más allá, afortunadamente, de la investigación del caso. La trama pronto se complica con un asunto de espionaje, así como por una historia de amor que está condenada inevitablemente al fracaso. Y está presente en la novela, he aquí a mi juicio lo mejor, el fantasma del nazismo y en especial la encarnación perfecta de esa ideología: Heydrich, un hombre opaco y maquiavélico. Un personaje lleno de ambiciones y para el que no existían amigos sino siniestros intereses.

A través de la mirada de Gunther, el escocés Philip Kerr nos ofrece un retrato descarnado de este periodo de la historia. También de Heydrich, el único hombre capaz por su espíritu arribista de hacer temblar al almirante Canaris o a su jefe directo, Himmler.

El escritor –que también es autor de la estupenda A tiro, donde propone una insólita resolución a la pregunta de ¿quién mató a J.F.K?– sin desdramatizar lo que significó vivir en un estado policial como fue el nazi donde todos eran culpables antes de que se demostrara lo contrario, articula un relato que se lee con auténtica sed.

Tanta, que como me pasa con esas novelas que me seducen y atrapan, intento demorar su final alternándolas con otras lecturas que sin embargo hacen que vuelva a recaer en el libro original mientras observo alarmado como me aproximo a su final mientras demando/espero una nueva entrega de Gunther.

La particularidad de este policía sin patria, algo cobarde porque pese a todo trabaja para un régimen asesino, es que se trata de un hombre débil pese a su aparente hostilidad ante los nazis.

Y esto lo convierte en una víctima, en un náufrago que intenta desesperadamente en el océano de su desconcierto buscar una tabla que lo salve del hundimiento definitivo al que está abocado al intentar ser persona en un sistema que no buscaba individuos.

Así que triste, solitario y final, no le queda más remedio que aceptar el encargo que Heydrich, cual Mefistófeles, le vuelve a ofrecer en Praga mortal. Así que resignadamente cae en la tela de araña del nazi perfecto, Reinhard Heydrich. El hombre de frío ojos azules, implacable y siempre impecable cuando iba vestido con su uniforme de SS.

El maestro de esgrima, el hábil esquiador, el aviado para el que no existía la palabra peligro. El hombre de acción que ante ese individualista que es Bernie Gunther es capaz de definirlo de esta manera: “En muchos aspectos es un tipo que vale la pena tener cerca. Como una percha doblada en una caja de herramientas, no es algo diseñado para un trabajo específico, pero consigue ser útil en algunas ocasiones. Sí, es un detective excelente. Tenaz. Centrado. También hizo un buen trabajo como guardaespaldas. Pero además es independiente, y eso lo convierte en peligroso. Tiene unas normas que intenta seguir, pero son sus normas, y en última instancia eso hace que sea poco fiable. En este momento, tal como están las cosas, es algo que no puedo tolerar. Confiaba en poder doblegarlo a mi voluntad y utilizarle cuando pudiera. Como la percha.”

Quien avisa no es traidor: háganme caso y busquen las novelas de Bernie Gunther.

 Saludos, yo y mis circunstancias, desde este lado del ordenador.

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