FIRMAS

La chica marrón. Por Ángeles Riobo

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El pasado viernes 25 de mayo se celebró el Día de África en Guaza, un pequeño pueblo del municipio de Arona, en el sur de Tenerife. Bajo esta onomástica se dieron cita en la plaza principal del enclave un nutrido e interracial grupo de personas: algunas autoridades y el resto vecinos canarios, de países del continente negro y de otras nacionalidades, afincados en la Isla.

Yo, por cuestiones laborales, no pude acudir, pero he podido conocer gracias a mis compañeros periodistas que la cita fue todo un éxito. Talleres de trenzas senegalesas, de tatuajes con henna, de caligrafía árabe así como juegos y bailes africanos, que hicieron que niños y adultos de todas las razas y procedencias se divirtieran y pasaran un rato agradable con una buena dosis de intercambio y solidaridad. Todo ello para recordar que occidente tiene mucho que aprender de África y que la convivencia con respeto e integración es más que posible…
Precisamente, de un instante en un rincón de la plaza está tomada esta foto, que ha colgado en el Facebook Juan Carlos Acosta, uno de los mejores periodistas expertos en África de Canarias (http://ahorafrica.blogspot.com.es/). Tres niñas de corta edad forman una cadena con sus manos, dos de ellas rubias, supongo que de origen nórdico, la tercera negra, supongo que de origen africano. Sin duda, la foto es preciosa, como los catálogos de Benetton o de Okaïdi, pero real y con infinidad de lecturas: integración, amistad, interculturalidad, compañerismo… pero a mí, tras observarla detenidamente, me sobreviene una palabra: inocencia.

¿A qué edad sabrán las dos niñas rubias que a la niña que le dijeron la mano, un día, en una plaza de Guaza era negra? ¿Cuándo se dará cuenta la niña negra de que a las niñas que dio la mano eran «de otra raza»?
Tal vez, a algunos, estas preguntas les parezcan, cuanto menos, crueles; pero nada más lejos de la realidad. Los niños a esa edad no ven las diferencias. Sus interrelaciones no se basan en las apariencias. Sino que se guían de sus corazones, hasta que toman conciencia, reparan y eligen.

Para ilustrar mi tesis, voy a relatar algo que viví hace unos años. Una noche fui con mi pareja de entonces a casa de su hermano y de la mujer de éste (todos son blancos). Fue la típica cena de presentación oficial. Tras recibirme de forma inmejorable, decidieron presentarme a su hija, una niña de unos cuatro años a la que habían metido en la cama hacía escasos minutos.
Entramos en su habitación
-¡Venimos a presentarte a la novia del tío! ¡Se llama Ángeles! ¡Dale un besito! Dijeron sus padres. Ella, por supuesto, me lo dio. Le hice alguna carantoña y volvimos al salón, los adultos menos su madre, que se había quedado con la niña para volverla a dormir.
Cuando ésta se unió a nosotros, nos contó que la niña le había hecho algunas preguntas y afirmaciones sobre la situación que acababa de vivir, del tipo “oye, mami, la chica…”
– La chica, no; se llama Ángeles. -La corregía automáticamente su madre y continuaba: – A ver, repite ¡ÁN-GEL-LES! -Y la niña repetía: “JÁN-GUE-LES” -Vale muy bien… decía su madre. En seguida, la niña volvía con otra pregunta…
-Oye mami, ¿la chica y el tío dónde están…? -La chica, no. Se llama Ángeles ÁN-GE-LES…  reiteraba ella. En fin, que ahí quedó la cosa. (Por cierto, la cena seguramente estaría riquísima. Gracias)
La tarde siguiente, mi actual ex-ex-exnovio me relató una anécdota que le había contado esa misma mañana su cuñada, vía telefónica y partida de risa. Me dijo que, nada más levantarse, la niña le había dicho a su madre:
-Oye mami, ¿Y JÁN-GLES? -Pero qué dices, no te entiendo cariño.
-Que dónde está JAN-GLÉS, mami.
-Reina, no te entiendo ¿Quieres contarme algo que soñaste?
-No, mami, no. Que dónde está JÁNGLES, mami, JÁNGLES!, ¡LA CHICA MARRÓN! (…)
Supongo que, con el tiempo, le habrán explicado a la niña que, aunque sean marrones, a los que son como yo se les llama negros, que pertenecen a otra raza, que vienen del África tropical… Y que, probablemente, si le dice a sus compis de cole que son personas marrones se reirían de ella… Así que, ese día, la madre tendría que volver a corregirla… -marrones no, cariño, “NE-GROS”.

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