FIRMAS

Un mar de razones. Por Paulino Rivero

Canarias no puede esperar. Ni presupuestaria ni políticamente el Gobierno del Estado puede seguir dando la espalda a dos millones de ciudadanos que viven a más de mil kilómetros de la España continental.

Por eso, porque es imprescindible que Madrid reconsidere algunas decisiones tomadas en los últimos meses, hay que reabrir –pero ya– la senda del diálogo, de la lealtad y el respeto en ambas direcciones, de los esfuerzos en común.

Así lo he venido defendiendo siempre. Así lo he hecho desde el primer momento, así lo recordé cuando arrancó la legislatura en el ámbito estatal –invitando a la colaboración– y así lo reitero en una coyuntura en la que, sin dar un paso atrás en la defensa del interés de Canarias, he apostado, apuesto y apostaré por el entendimiento porque los ciudadanos no merecen tensiones sino soluciones. Firmeza sí, pero no tensiones.

Audiencia con el Rey

Así se lo trasladé hace días al jefe del Estado, a quien informé de la situación extremadamente delicada que afrontan nuestras islas. Mi compromiso es defender el interés de Canarias, y lo he hecho y haré en todos los ámbitos y ante todas las instancias que puedan ayudar en esa dirección. En ese sentido, mi obligación me llevó a trasladar al Rey –con responsabilidad, lealtad y realismo– la necesidad de que se actúe para evitar que las Islas se conviertan en un problema de Estado.

Canarias no confronta con el Estado. Es el Gobierno del Estado el que, por acción u omisión, está generando problemas y confrontando con Canarias.

Canarias, con su Gobierno e instituciones al frente, tiende la mano. Canarias invita al diálogo, a una colaboración desde el respeto y la lealtad que deben marcar la relación entre gobiernos.

Quienes por acción, omisión o delegación están fomentando que no se apueste ni invierta en Canarias, están abonando el terreno del problema de Estado en las Islas.

No están arrinconando al Gobierno de Canarias.

Están arrinconando a dos millones de canarios que viven a más de mil kilómetros de España, de la España continental.

Y, si todo obedece a estrategias de partido, dan muestras –mal aconsejados– de una actitud tan irresponsable como torpe.

La jefatura del Estado y el Gobierno de España deben ser conscientes de la dimensión del problema. Por eso, ahora y no más tarde, debemos abrir cauces de diálogo  para dar  confianza  a miles y miles de personas atrapadas en el desempleo o paralizadas por el desánimo. Hay mucho en juego como para que menudeces partidistas pongan en riesgo el futuro de esta y futuras generaciones. Es nuestra obligación como responsables públicos agotar todas las vías de diálogo posibles para impedir daños mayores. Esa ha sido siempre la disposición del Gobierno de Canarias.

Nunca Canarias ha pedido privilegios. Ni lo hará. Sólo quiere justicia. Sólo quiere ser atendida según unas necesidades que no son, objetivamente, iguales a las de territorios continentales. Porque la insularidad obliga a esfuerzos suplementarios en materia de sanidad; porque su carácter archipelágico condiciona la movilidad, los sistemas de transportes; porque la lejanía de la Península precisa de factores correctores en la adquisición de bienes y servicios; porque necesita medidas que estimulen una economía dependiente y otras más que consoliden su principal industria, el turismo; porque exige profundizar en su peculiar régimen fiscal. En definitiva, porque la diferencia ha de ser siempre un valor añadido, jamás una carga.

Canarias exige una política clara y diferenciada por parte del Estado, pero hoy lejos de crear oportunidades las destruyen. Una demanda que se fundamenta en nuestra condición, en su situación y en su  realidad social y económica.

Debemos ser  tratados  de manera particular, como así lo ha entendido inequívocamente la Unión Europea.

El compromiso de la Administración autonómica es una gestión responsable de los recursos públicos, la contención del gasto y el cumplimiento de los duros criterios de estabilidad en déficit y deuda pública. Pero no basta con nuestros esfuerzos. Es necesario que el Estado sople a favor y no en contra de las Islas. Sin embargo, hoy por hoy no hay una política de Estado con Canarias.

Gobierno de Canarias y del Estado debemos trabajar de nuevo conjuntamente. El Gobierno de Canarias comparte con empresarios, sindicatos y diferentes colectivos la necesidad de propiciar puntos de encuentro. Canarias tiende la mano. Siendo así, la pelota esta ahora en el tejado del Gobierno de España.

*Paulino Rivero, Presidente del Gobierno de Canarias

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