Marisol Ayala

Manos ancianas. Por Marisol Ayala

Llegar a viejo (pinchar aqui). Maravillosa canción que nos invita a la reflexión y a recordar al hombre o a la mujer que tenemos o tuvimos a nuestro lado; madre, padre, abuelo, abuela; aquella mujer pequeña que nos cuidó con amor, sirvió la mesa con dedicación, nos atendió con esmero, nos paseó por las estrellas y por caminos de aventuras. Cómo olvidar sus voces cansadas y profundas; el amor de mi madre, la abuela que me abrigaba, la mujer que me cantaba en la cuna y y me llevó por la vida, de puntilla, sin pisar el suelo, en volandas. Impedía que no me rozara el bien. Me guió por caminos nuevos; mi padre, que me condujo por verdades, justicia, no me forzó a tomar decisiones. Me brindó la libertad de escoger, me miró con un ser libre; ¿cómo olvidar al hombre que me habló claro o a mi madre que supo darme consejos sabios?. Gracias !.

Cada día aprendemos de la vida recordando sus manos sabias, sus ojos envejecidos y veo a mis padres asomados a un balcón del cielo y yo, feliz, dedicándole esta preciosa canción de Juan M. Serrat. “Llegar a viejo”. Supongo que la conocen. No les envío audio porque deseo que reparen en la letra sin distracción alguna. Se preguntarán por qué escribo hoy de viejos, de ancianos.

Escribo de ellos porque Sandra, vieja y querida amiga, cómplice de tantas cosas, vive estos dias la pérdida de su madre y está desconsolada. Hizo por ella cuánto pudo; la mimó, la cuidó, la corrigió y la adoró pero con estos seres tan queridos, tan imprescindibles, siempre tienen la impresión de no haberlo hecho todo. Una vez una amiga pronunció esta frase sabia: “Dichosos quienes lloran a sus padres, señal de amor”. Qué verdad!. No llorar por ellos, no sentir su ausencia debe ser muy doloroso.

Manos ancianas

Llegar a viejo
Si se llevasen el miedo,
y nos dejasen lo bailado
para enfrentar el presente…
Si se llegase entrenado
y con ánimo suficiente…

Y después de darlo todo
– en justa correspondencia –
todo estuviese pagado
y el carné de jubilado
abriese todas las puertas…

Quizá llegar a viejo
Sería más llevadero,
Más confortable,
Más duradero.

Si el ayer no se olvidase tan aprisa…
Si tuviesen más cuidado en donde pisan…

Si se viviese entre amigos
que al menos de vez en cuando
pasasen una pelota…
Si el cansancio y la derrota
no supiesen tan amargo…

Si fuesen poniendo luces
en el camino, a medida
que el corazón se acobarda…
y los ángeles de la guarda
diesen señales de vida…

Quizá llegar a viejo
Sería más razonable,
más apacible,
más transitable.

¡Ay, si la veteranía fuese un grado…!
Si no se llegase huérfano a ese trago…

Si tuviese más ventajas
y menos inconvenientes…
Si el alma se apasionase,
el cuerpo se alborotase,
y las piernas respondiesen…

Y del pedazo de cielo
reservado para cuando
toca entregar el equipo,
repartiesen anticipos
a los más necesitados…

Quizá llegar a viejo
sería todo un progreso,
un buen remate,
un final con beso.

En lugar de arrinconarlos en la historia,
convertidos en fantasmas con memoria…

Si no estuviese tan oscuro
a la vuelta de la esquina…
O simplemente si todos
entendiésemos que todos
llevamos un viejo encima.

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