Juan Velarde

Alianza del derroche. Por Juan Velarde

La Alianza de Civilizaciones ha pasado a mejor vida. El invento en el que se empeño José Luis Rodríguez Zapatero, en connivencia con el político que se suma a todos los saraos planetarios, Kofi Annan, ha quedado liquidado por los siglos de los siglos, salvo el altísimo coste que ha tenido, alrededor de los 45 millones de euros en proyectos, infraestructuras y conferencias varias. De nada ha servido este ente artificial y artificioso, una suerte de foro internacional que sólo ha dado cobijo a aprovechados y a bon vivants siempre prestos a la lisonja a cambio del siempre jugoso y cuantioso cheque.

En realidad, ¿alguien sabe para qué ha servido la Alianza de Civilizaciones? No ha tenido mayor relevancia, los principales líderes internacionales han pasado de esta estomagante creación porque todos pensaban que no servía para nada y, en realidad, sí que ha servido, sobre todo para despilfarrar dinero a cuenta de costosos viajes y conferencias pagadas a talonazo puro. Pero, ¿quién conocía lo que se hacía en los diversos eventos que se han llevado a cabo en nombre de este foro? Pues prácticamente nadie, seguramente porque la simple idea de una alianza de civilizaciones (en minúscula) era tan ridícula como intentar conciliar las diferentes creencias del planeta, algo tan imposible como inútil de alcanzar.

Y es que cuando en España hemos frisado los cinco millones de parados, lo que estaba claro es que no podíamos seguir alimentando una auténtica rémora, una chupasangres para el presupuesto público. Está claro que son demasiadas medidas las que debe adoptar el gabinete de Mariano Rajoy, que quizá esto sea pecara minuta para todo lo que hay que acometer, pero al menos es un bulto menos que soportar, aunque al presidente turco, el señor Erdogan, le siente como una patada en salva sea la parte porque no podrá seguir promocionándose allende el Bósforo y el Mediterráneo, al menos gracias a un dinero aportado por España en su gran mayoría.

Es verdad, insisto, que nos queda un trabajo ingente por sacar adelante, que aún tenemos mucho terreno que recuperar no sólo en el terreno económico, sino en las relaciones ínternacionales, pero al menos es positivo que se nos vean gestos evidentes de cara a volver a la primera línea del concierto foráneo, que de nuevo nuestros socios preferenciales sean Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia. Quizá dentro de un lustro sí podamos decir con datos en la mano que estamos en la Champions League, pero la de verdad, no la de Zapatero.

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