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Trabajo saludable: cómo mantener la salud mental a pesar de la crisis

Consumer.es / Clara Bassi. Sentirse bien en el trabajo no siempre es posible. Los cuatro jinetes del bienestar mental del trabajador son el estrés, el síndrome de estar quemado, el acoso laboral y la adicción a trabajar. La crisis económica actual puede favorecer un aumento de estas situaciones, a menos que los empleados con riesgo de caer en ellas sigan las recomendaciones de los expertos para conservar su paz interior.

Desde que estalló la crisis en el año 2008, corren tiempos muy difíciles para el trabajador. El ejercicio 2011 cerró con más de 5,27 millones de desempleados y una tasa del paro del 22,85%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La situación invita a pensar que tener un empleo no solo es un tesoro, sino también una actividad beneficiosa para la salud mental. Sin embargo, este no es el caso de muchos trabajadores que permanecen en sus empleos, ya que se han endurecido sus condiciones laborales: jornadas más largas, menor remuneración y a todos, en general, se les pide ser más competitivos, es decir, realizar el mismo trabajo o más (por reducción de plantillas), con mayor eficacia y mejor y, a ser posible, en menos tiempo.

La crisis actual puede acentuar algunos problemas psicológicos que acechan a los trabajadores: el estrés laboral, la adicción al trabajo, el síndrome de estar quemado por trabajo (SQT) o «burnout» y el acoso psicológico en el lugar de trabajo o «mobbing» (penado por la legislación española). Los empleados por cuenta ajena son más proclives a sufrir los dos últimos, mientras que los autónomos pueden caer en la sobrecarga y la adicción al trabajo, advierte Francisco Vicente Fornés Úbeda, expresidente de la Sociedad Española de Medicina y Seguridad del Trabajo (SEMST).

Estrés y trabajo. A una persona, cuando le desborda una situación, tiene la sensación de que debe completar muchas tareas y no lo consigue, sufre de ansiedad y se siente muy presionada. Más del 40% de los trabajadores asalariados y más del 50% de los empresarios sufren estrés laboral, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), de 2011. La incertidumbre (ante el futuro laboral) y la pérdida de ingresos están reconocidas como desencadenantes del estrés, por lo que es lógico que el número de afectados aumente durante las crisis económicas. «También lo sufren en cierto grado los directores de Recursos Humanos que deben ejecutar los expedientes de regulación de empleo (ERES)», según Fornés.

Hay distintos factores que inciden en su desarrollo: los recursos de que se dispone para trabajar, cómo se organizan las tareas, la presión de los jefes y mandos intermedios sobre los subordinados, así como el volumen y el tipo de tareas que les encomiendan, ya que tanto si están poco o muy cualificados para la labor que se les encarga, pueden estresarse y caer en la última fase: el «burnout». También influye la relación que se tiene con los compañeros y otros factores menos visibles pero igual de importantes, como la distancia que media entre el domicilio y el lugar de trabajo.

Para evitar el estrés por los desplazamientos diarios, Fornés aconseja «vivir lo más cerca posible, porque permite conciliar mejor la vida laboral y familiar. En caso contrario, utilizar el transporte público y aprovechar para leer, escuchar música o contemplar el paisaje. Una gran distancia entre la residencia y el trabajo implica madrugar, invertir un tiempo muy preciado en el desplazamiento, dinero para pagar los gastos de combustible si se va en automóvil y puede ser un gran generador de estrés, sobre todo, cuando el tráfico está congestionado.

Otras recomendaciones para combatir el estrés son: aprender a desconectar en el tiempo libre, practicar deportes, ya que la actividad física ayuda, y actividades para relajarse, como el yoga, entre otras.

Estar quemado en el trabajo o «burnout». El síndrome de estar quemado por el trabajo o «burnout» está considerado una fase avanzada del estrés laboral. Se caracteriza por el agotamiento emocional y físico, una actitud fría, despersonalizada o deshumanizada hacia los demás, insatisfacción y falta de realización profesional. Los afectados tienen entre 30 y 50 años y es común entre servidores públicos -como profesionales sanitarios, maestros, fuerzas de seguridad, entre otros-, muchos en régimen funcionarial, que se sienten agredidos por los ciudadanos y desencantados con sus condiciones laborales, según información del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), elaborada por Manuel Fidalgo, psicólogo clínico del Centro Nacional de Condiciones de Trabajo.

El SQT es una enfermedad profesional reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Algunas de sus causas son las organizaciones muy jerarquizadas -que no dejan participar al empleado, no favorecen la autonomía en la toma de decisiones, ni el trabajo en equipo-, la sobrecarga de trabajo, la falta de recursos para desempeñarlo, el tiempo para atender a los usuarios o clientes y las relaciones conflictivas asociadas, junto con la ausencia de motivación, de recompensas y de reconocimiento.

Además, se puede contagiar dentro de una organización, repetirse en distintos trabajos y, si no se trata, conducir a la depresión, la ansiedad u otros trastornos mentales. Para evitarlo, los expertos aconsejan: impedir la sobrecarga de trabajo entre los empleados, delimitar bien sus tareas y competencias, analizar el grado de estrés de cada uno y procurarles puestos de calidad, mientras que estos deben esforzarse en gestionar mejor sus agendas y su tiempo, para ser más resolutivos.

Adicción al trabajo. Las personas para quienes el empleo se convierte en el centro de su vida padecen adicción al trabajo (en inglés, ser «workaholic»): solo desean trabajar, por encima de todo, más que dedicar tiempo al ocio, a estar con su familia o a disfrutar con sus amigos. En ocasiones, es difícil establecer la frontera entre una persona muy trabajadora y una adicta al trabajo, pero esta última reúne a menudo estas cuatro características: tiene más adicciones, niega su condición, tiene una autoestima demasiado baja o demasiado alta y es incapaz de relajarse y de disfrutar. Así lo confirma un estudio sobre «La influencia de las variables de personalidad en la adicción al trabajo en un estudio con profesores universitarios», realizado por Ana Ballesteros y otros autores de la Universidad Jaume I, de Castellón de la Plana.

En el contexto actual de crisis, Fornés advierte de que «la adicción al trabajo no se debe confundir con la necesidad» de tener que sacar un producto, un servicio o encargo concreto adelante, ni tampoco con la necesidad de emplear más horas para poder hacer frente a unos gastos. No obstante, se puede favorecer en ciertos perfiles proclives debido al mayor número de empleados autónomos -tras la destrucción de empleos por cuenta ajena a consecuencia de la crisis- y de trabajadores remotos, que gracias a las nuevas tecnologías trabajan a cualquier hora y en cualquier lugar.

En España no hay estadísticas sobre este problema, pero ha sido muy estudiado en Japón, donde los empleados son capaces de invertir dieciséis horas seguidas para sacar un proyecto adelante. De hecho, «karoshi» es una palabra japonesa que significa morir por trabajar en exceso y hace alusión a la muerte por evento cardiaco o cerebrovascular por esta causa. Las personas adictas pueden desarrollar un trastorno psicológico o psiquiátrico e, incluso, fallecer por infarto de miocardio o cerebral. Como toda adicción, debe tratarla un psicólogo o psiquiatra.

Acoso psicológico en el trabajo o «mobbing». El «mobbing» es una situación complicada en la que «el empleado víctima resulta aislado de los demás. Se puede ejercer por parte de un jefe hacia un inferior, de un inferior a un superior (aunque es muy raro) y entre compañeros», informa Fornés. Los Barómetros Cisneros, llevados a cabo por Iñaki Piñuel, pionero en el estudio del «mobbing» en España, han desvelado que es más frecuente entre funcionarios.

«Al empleado víctima se le maltrata y se le aísla, se le elimina la conexión a internet, se le suprime el teléfono, se le impide salir a la calle y no se le encomienda ninguna actividad gratificante. El objetivo del acosador es que la víctima se canse y abandone su puesto de trabajo», detalla Fornés.

«Aquellos con más probabilidades de sufrirlo son los más brillantes y cumplidores, porque pueden despertar la envidia de sus compañeros, que pueden verlos como un rival en la empresa, o de sus jefes, que pueden tener miedo de que prosperen y ocupen su puesto», añade. Los empleados que se consideren víctimas de un «mobbing» deben acudir a su médico de cabecera y explicarle su situación, para que les prescriba una baja médica, si procede. Después, pueden denunciarlo y emprender acciones legales, informa la SEMST. Tener una buena red de apoyo familiar y social puede ayudar a paliar sus efectos.


OCHO CONSEJOS PARA TENER UN TRABAJO SALUDABLE

  1. Intentar conciliar al máximo la vida familiar con la laboral.
  2. Evitar en la medida de lo posible los desplazamientos largos al puesto de trabajo.
  3. Si son inevitables, utilizar preferiblemente el transporte público.
  4. Ir a trabajar con alegría, sin fijarse en el aspecto negativo del empleo y sin pensar que puede ser estresante.
  5. Ante cualquier manifestación o sensación de estrés o acoso laboral, consultar a un profesional, como un médico del trabajo.
  6. Organizarse y organizar las tareas de forma seria y correcta.
  7. Analizar cuáles son las causas de una mala relación con el jefe, con los mandos intermedios o con los compañeros, ya que, a menudo, la raíz es una mala comunicación.
  8. Prepararse y formarse bien, puesto que la formación puede ayudar a trabajar con más rapidez y eficacia.

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