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COMUNICACIÓN. Libros de periodistas: Ramón Reboiras sostiene que la revolución de la comunicación está afectando a la literatura

Periodista-es / Francisco R. Pastoriza. Ramón Reboiras (San Xulián de Laíño, A Coruña), escritor, poeta, periodista, acaba de publicar una nueva novela tras diez años de silencio literario en este género (la anterior, Hazlo por mí se publicó en 2003). Su trabajo de periodista cultural en medios como las revistas Rolling Stone y Cinemanía, y ahora como redactor-jefe de Orizon, y sus columnas para la edición gallega de El País apenas le han dejado tiempo para dedicarse a la literatura como quisiera. Con Visita a un extraño vuelve a una narrativa que mezcla la ficción con la experiencia de sus vivencias personales, en un estilo heterodoxo que bebe de fuentes diversas.

Francisco R. Pastoriza: Visita a un extraño se promociona como una novela. En realidad está en la línea de una nueva narrativa experimental que trata de romper con estructuras tradicionales (y otras no tan tradicionales). ¿Cree que hay que seguir clasificando este género como novela o habría que buscar otras definiciones?

Ramón Reboiras: Siempre he vivido en la frontera y es allí donde mejor me siento y más sentido cobran mis experiencias literarias. Prefiero casi hablar de experiencias que de libros. Para la novela soy poeta, para el periodismo, un literato y algunos poetas me consideran un reportero, un reportero de la experiencia poética. Así que me he acostumbrado viviendo clandestinamente, como un intruso o un polizón, entre líneas, y por tanto vacunado de tantas divisiones y clasificaciones. Me gusta vivir además estas derivas de la posmodernidad, nunca me han gustado las novelas-novelas, ni las memorias-memorias, me gusta lo adulterado, lo impuro, aquello que deja vislumbrar que hace poco hemos hecho añicos la vitrina de la librería. Supongo que Visita a un extraño en este sentido es un libro que no tiene ningún género, un huérfano de las letras.

FRP: Desde la publicación de Hazlo por mí (casi diez años) han cambiado cosas en la literatura. En los temas y los contenidos, pero sobre todo en las formas. La presencia de nuevas tecnologías ha supuesto para algunos escritores la aparición de nuevos formatos de escritura. La última parte de Visita a un extraño adopta en algunos momentos la forma de un blog, por ejemplo. ¿Ha influido en su manera de escribir la utilización de estas tecnologías y la aparición de fenómenos como blogs, redes sociales, etc?

RR: Creo que estamos viviendo una de las grandes revoluciones de la comunicación que afecta a la literatura, efectivamente. El emisor ha cambiado y multiplicado, los mensajes circulan a una velocidad de vértigo, el mundo se ha hecho global, podemos adentrarnos en cualquier vida en un clic. Eso ha alterado las formas de producción literaria. Es imposible ya escribir sin Google, por mucho que Google sea un componente perverso que no facilita precisamente el discurso. Pero lo importante es tener ideas, tener cabeza, tener visceralidad, sin eso las máquinas quedan mudas…Eso sí, hay formas como el blog o el twitter que bien utilizadas me parecen formas muy próximas a lo que hubieran deseado las vanguardias históricas, el Dadá o el surrealismo. Por tanto me parecen inquietantes y muy enriquecedoras.

FRP: En Visita a un extraño hay ficción, pero también realidad: memorias, opiniones sobre ciertos aspectos de la sociedad, críticas… ¿en qué medida la realidad se impone a la ficción en sus novelas?

RR: La ficción siempre domina cualquier ensayo literario. Escribir es ponerte en la piel de la ficción, las palabras corren de otra forma, la mente funciona con otra marcha. Pero no dejamos de ser lectores y hay sucesos que pasan al subconsciente, sucesos cotidianos en la mayoría de los casos, con más provenir literario que grandes cataclismos…Y luego está el azar que nunca sabes cómo arroja los dados. En mi caso me dejo llevar por él y comentar cosas que verdaderamente no tienen una gran naturaleza literaria. Unas veces puede ser Messi otras Roman Polanski, una veces es el alcalde de Madrid y otras el balconing.

FRP: ¿Se puede calificar Visita a un extraño de novela antisistema?

RR: Visita a un extraño tiene dos componentes sobre los que gira: la incertidumbre y la precariedad. El no-ser y el no-tener. En este sentido es una novela antisistema aunque escrita con un lenguaje que no es precisamente el de la agitación política o la prosa ideológica. Es un relato anárquico y libre sobre un sistema que ha dejado de interesarme a mí y a millones de seres humanos.

FRP: La literatura suele ser tradicionalmente testigo de las sociedades a las que retrata. ¿Recoge la literatura actual las consecuencias de ese cambio cultural por el que está pasando la actual sociedad (“de lo fósil a lo cibernético”, como dice en esta obra” p.168) o se impone la tendencia a la evasión?

RR: Creo firmemente que en el bicentenario de Dickens tienen más futuro la Marvel y Harry Potter y los Muppets que el retrato de la sociedad que vivimos. Pero no deja de ser curioso que alguien como Jonathan Franzen dé con la tecla en su novela Libertad para aunar las dos ambiciones: la historia y el momento. Esa novela me ha hecho pensar que todavía siguen vivos los dinosaurios del siglo XIX.

FRP: En este libro cita usted como símbolos de la decadencia de la actual sociedad la proliferación de casas de apuestas y de compradores de oro. ¿Cree que realmente es ésta una sociedad en decadencia?. ¿Cuáles serían los valores que estarían en riesgo?

RR: Es una sociedad en decadencia y no lo digo por la moralidad con que pueda juzgarla, que para eso están Rouco Varela o La Noria. Es una sociedad que cuelga sus perfiles en Facebook y se refugia en valores seguros como el oro. Han muerto las ideologías y quizás sólo se encuentre refugio en la indignación.

FRP: En un momento de esta novela dice: “Hubo un tiempo dentro de mi profesión que los periodistas me consideraban novelista, los novelistas poeta y los poetas, ¡periodista!” ¿De qué manera influye el periodismo en su literatura?

RR: Para mí forma parte de lo mismo. Escribir todos los días es la manera de estar vivo y enchufado. Y, pese a muchas broncas que me he llevado a lo largo de mi vida, no suelo distinguir entre periodismo y literatura. Es My way.

FRP: Y como periodista que publica sus artículos para lectores gallegos y está al día en el devenir de la cultura en Galicia ¿cree que existe una narrativa gallega específicamente distinta a la que se hace en el resto de España?

RR: Creo que últimamente Galicia está produciendo escritores cada vez más homologables a los del resto del estado, eso no tiene por qué ser malo, hay novela negra en gallego muy buena y hay una escuela de escritores más líricos que son formidables, no voy a citar nombres. La búsqueda de la raíz gallega ahonda en un sustrato que es universal. Eso es lo grande de todo este debate.

FRP: ¿Se ha planteado en algún momento escribir sus obras de literatura en gallego?

RR: He escrito un libro de poemas, Shakespeare mata o porco cunha rosa (Espiral Mayor) y pienso en este sentido que es lo que me dicta el cuerpo. Llevo más de treinta años en Madrid pero sigo soñando en gallego y el gallego es la lengua para un retorno al Macondo de mi imaginación. Eso no quiere decir que lo consiga. Estoy muy a gusto tratando de aprender de Valle-Inclán.


 VIAJE AL INTERIOR

TÍTULO. Visita a un extraño
Editorial. Periférica
196 Páginas

F.R.P.

A cierta altura de la vida es recomendable iniciar un viaje como el que emprende el protagonista de Visita a un extraño (Periférica), la nueva ¿novela? de Ramón Reboiras. Un viaje al interior de uno mismo, libre de ataduras y prejuicios, para, al menos, avistar un cierto balance de lo que a uno le ha deparado la vida hasta ese momento. Ramón Reboiras lo hace mezclando realidad y ficción en la figura de un personaje que encarna tanto los logros como las frustraciones y desengaños de una vida al borde del abismo; un personaje que, como los boxeadores que veía de niño en la televisión, han besado muchas veces la lona para levantarse otras tantas.

 

El protagonista de Visita a un extraño opta por la marginación, el alejamiento de lo que hasta ahora fue un entorno que califica como “tóxico”, para buscarle el sentido a una vida que ha cruzado el ecuador de la existencia. A imitación de los ermitaños de los cuadros del museo del Prado, que tanto admira, hace de la soledad de un entresuelo húmedo y desordenado el espacio de reflexión para buscar su verdadera identidad. Allí, en forma de un largo monólogo interior, acuden los recuerdos de la infancia, los amigos que la muerte ha sembrado a lo largo del camino, los pequeños éxitos profesionales, la devoción por la fotografía, las canciones de Dylan, de Leonard Cohen, el rock de los sesenta y los setenta, la lluvia en las hortensias… A contracorriente, ese protagonista, que se parece físicamente a Radovan Karadzic, abandona su carrera profesional y se apunta al paro, esa situación plácida a través de la que el sistema “me devolvía algo de los años en los que fui su esclavo” (p.48). Y para desmentir a quienes aún piensan que el no tener empleo atenta contra la dignidad. Como metáfora de la comunicación/incomunicación, la gran paradoja del protagonista consiste en apreciar que “en el aislamiento del que gozaba me sentía más comunicado con el mundo exterior”.

Novela antisistema de un hijo confeso del movimiento beatnik, anárquico y desmotivado, mitólogo y heterodoxo, su protagonista contempla la vida desde una luminosa melancolía desde la que percibe mejor los absurdos objetivos de la nueva sociedad: consumismo, culto a la superstición, el poder político a la manera de unos grandes almacenes donde los gobernantes son los jefes de planta… En la soledad de su aislamiento, parece que ese pelafustán que cuando niño se contemplaba en el espejo buscando la manera de colocarse bien el sombrero, dio, al fin, con la forma correcta.

 

 

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