Juan Velarde

OPINIÓN. Radicales a su libre albedrío. Por Juan Velarde

Otra vez los radicales la vuelven a emprender contra Intereconomía, sí, esos mismos que quieren dar lecciones de ética y moralidad, pero que parecen tener la lengua y, sobre todo, los puños y las piernas demasiado ligeras para la agresión vil, salvaje y cobarde. Sí, toda generalización acarrea injusticias y no todos los que allí protestan comparten el desatino de tres o cuatro descerebrados, pero tampoco amonestan o reprenden a los autores, se quedan como estatuas de sal viendo la comisión de estas tropelías.

Lo cierto es que en el telediario que presenta Pilar García de la Granja estos valientes aprovecharon la conexión para dar un para don al cámara, intentar arrebatar el micro a la redactora y cortar de raíz el directo, para sorpresa de Pilar García de la Granja, que veía como esos sujetos zarandeaban a sus redactores.

Lo surrealista del asunto es que a lo largo de la tarde en la propia web de Inereconomía se podían leer mensajes donde, en tono burlesco, se les sugería que pidiesen escoltas a Jaime Mayor Oreja, que a el ya le sobraban por lo de la tregua de ETA. Después de ver al presidente de los estudiantes prometiendo lucha y sangre, nos podemos temer lo peor.

Realmente, teniendo la cabeza fría, hay que pensar al nivel al que hemos llegado. Como si estuviésemos en Irak o en los Balcanes, resulta que hay que esconder el cubilete que es santo y seña del medio al que representas porque es motivo de linchamiento en plaza publica. Pero es que tampoco puedes ir sin el porque al poco también te cogen la matricula. ¿A qué nos dedicamos entonces?

Uno, que es partidario de la libertad de expresión, que ha defendido la pervivencia de Publico, por ejemplo, y eso que no es santo de mi devoción, pero que entiende que debe haber la máxima amalgama de opiniones y de vertientes, no puede compartir ni asumir como algo normal este ataque a un medio de comunicación. Si a alguien no le gusta el mensaje, que cambie de canal, pero si atacamos la libertad de expresión…mal vamos.

Eso si, tampoco olvidemos la actuación del Ministerio del Interior, acongojado y acobardado ante esas algaradas, criticando a sus propios policías frente a la turba exaltada, ¿qué pasa? ¿Que tenemos que dejarnos pisotear? ¿Es que ahora la Policía es una ONG que reparte caramelos? Esto se les está yendo de madre y tiene mala, pero que muy mala pinta.

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