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¡POR LA JEROLA! Noches de bohemia en el viejo Madrid. Por Valerio Felipe

Cuando llegamos a la plaza de Callao, Marcos y yo nos dimos cuenta que no le habíamos solicitado unas señas de identidad que nos permitiese reconocerla, entre toda aquella gente que salía de la boca del metro a toda prisa. Pronto, nuestra inquietud quedó disipada cuando vimos como se acercaba hacia nosotros una joven esbelta, de caminar decidido Y que esbozaba una cálida sonrisa de bienvenida en su rostro.

Tras los protocolarios saludos, decidimos ir a tomar unas cañas por la zona baja. Mientras seguíamos sus pasos, observé cómo la gente se apartaba flanqueando ambos lados de la acera, como si de una heroína local se tratara.

La lluvia hizo su aparición a la vez que la luz de las farolas proyectaban nuestras alargadas figuras en los pequeños charcos. A Leticia no parecía importarle, la noche prometía y unas gotas de agua no iban a hacernos cambiar de opinión.

Cuando llegamos a La Latina, nos dimos cuenta que había algunos locales cerrados por día de descanso, supongo. No obstante, pronto encontramos un lugar que nos parecía idóneo. Una chica de cabello negro, vestida de marinera, nos agasajaba en la puerta cediéndonos una tarjeta-invitación. A Marcos no le pasó desapercibida; y sin más preámbulos fijó la mirada en sus ojos para sugerir que había llegado.

Pedimos unas cañas y un plato de jamón. Nos despojamos los abrigos, y nos sentamos a disfrutar de nuestra nueva amiga. La sencillez y la cercanía hacen de Leti la persona ideal para compartir un espacio, donde el reloj pasa inadvertido a un segundo plano. Su conversación se torna fluida a la vez que estimulante, no tiene prejuicios previos y se deja llevar por la gratitud del momento.

Observamos que el local se había llenado y el bullicio, que en otras circunstancias podría hasta resultarnos molesto para digerir el diálogo, no impidió -sin darnos cuenta- crear entre nosotros un canal limpio, en tres direcciones, completamente hermético y ajeno a lo que pasaba alrededor.

La conexión era tal que tuve la agradable sensación de haber vivido antes ese instante. En ocasiones el lado emocional de la mente nos transporta a otras latitudes perdidas en el tiempo y en el espacio. Sí, esa sensación me era familiar.

La conversación entre los tres nos dejaba ese regusto en boca que logran los gran reserva de la Ribera del Duero. Baja sin aristas, acariciando la garganta hasta llegar al estómago. Leticia nos había sorprendido gratamente convirtiéndose en una partitura que va in-crescendo, hasta el apoteosis final.

Por lo demás la vuelta se nos hizo corta; queríamos alargar la noche con la intención de no permitir que llegara el amanecer.

Una vez más, Madrid me generó la necesidad de la vuelta.

Valerio Felipe

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7 Comentarios

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  • Este señor le gusta mas la narrativa que el periodismo. Nos concede relatos cortos muy bien extructurados. Tienen que animarlo a escribir novela. Estoy seguro que lo haría muy bien.
    Seguiremos fiel cada semana a tus articulos.

  • Dichosa la chica de la que escribe Valerio. Estará muy satisfecha de que le dedique todo un espacio para ella solita.
    Que barbaroooooo Pive.

  • Como te lo has pasado tio. Eres un crack. Nos dejas a tus coleguitas con las ganas de haber estado acompanandote y disfrutando de tu compania. Besos para my friend

  • La poesia del Madrid invernal solo puede ser comprendida al abrigo de unos de esos salones de cuchillo jamonero y copa en ristre. Esas milagreras tabernas, donde el camarero te pregunta atrincherado tras una larga cordillera de suculentas tapas, te refugian del austero frio que te aguarda, impacible, tras la puerta. Te domestican la inquietud y la impaciencia y te ayudan a descubrir la grandeza del inicuo complice que alza su vino a tu lado.
    Gracias Valerio por esta postal nostálgica y algo plañidera.

  • Pienso muy parecido al primer comentario. Atrévete a escribir una novela que seguro obtendrás buenos resultados.
    Fantástico. Con lo que me encanta a mí esos madriles que lo llevo en mi corazón.Besos chati

  • hola. jeejeje. Madid es un lugar maravilloso que acoge bien a los que vamos de fuera. Todo el mundo es bien recibido y no como en otros lugars de Espana. Buen relato para la Senorita.

  • solo puedo decir gracias, y como no, felicidades por el articulo. <3 un camion de besos.