Sin categorizar

EL ESCOBILLÓN. En la escena del crimen (un caso tonto). Por Eduardo García Rojas

Sherlock Holmes se quita la pipa de la boca y mira al doctor Watson. Se encoje de hombros mientras observa el cadáver envuelto en una bolsa de basura tamaño natural.

El capitán Acorán de la policía canaria se acerca al detective privado y en un perfecto inglés de garrafón le pregunta qué coño están haciendo en la escena del crimen.

-Investigar, claro está.- responde un malhumorado Watson inclinándose sobre el muerto.

El capitán Acorán retrocede y se enfrenta en la puerta de la habitación a los agentes Yaiza y Ruymán. Ruymán fuma un Coronas Light. El humo violeta sale de su boca mientras mira de reojo las curvas de Yaiza que intenta hablar en francés con un señor bajito que grita: “¡Hasting, Hasting!” El tal Hasting se acerca y sirve de traductor en un pésimo español.

– Pregunta el por qué el señor Holmes está en la escena del crimen y él no. Les recuerda además que Agatha Christie visitó las islas y nunca el señor Arthur Conan Doyle.

Yaiza va a responder cuando el capitán Acorán escupe: “¿Christie, Doyle? ¿Y usted quién demonios es?”

– El capitán Hasting. Amigo íntimo de ese caballero.- dice señalando a un señor bajito con sombrero hongo sobre la cabeza y bigote de morsa.- El mundialmente conocido Hercules Poirot.

El capitán Acorán se afloja la corbata tricolor que ahoga su cuello y luego se lleva las manos a la cabeza. Mira a Yaiza y quita de un manotazo el Coronas Light que descansa en los labios de Ruymán.

– Váyase al carajo.

Hasting parpadea.

– No entiendo.

La cara del capitán Acorán se torna colorada y cuando parece que va a perder los nervios un grito de Holmes al fondo de la habitación lo deja clavado en el suelo.

– ¡¡¡Elemental, doctor Watson!!!

Poirot se desliza como una anguila entre Yaiza y Ruymán y se enfrenta al célebre detective privado británico. Watson, sonriendo, se quita el sombrero mientras levanta las manos y le explica a Poirot que su presencia ya no hace falta ahí.

– Venía a echar una mano.- responde el belga inclinándose sobre el cadáver.

Holmes da una profunda calada a su pipa mientras el capitán Acorán acompañado de Hasting, Yaiza y Ruymán entran en la habitación.

– El caso es claro como el agua.- murmura Poirot mientras se frota las manos y deja rienda suelta a sus famosas células grises.

Holmes entorna los ojos y se rasca la punta de su aguileña nariz.

– ¿Podría explicárnoslo?- pregunta Hasting al lado de Poirot.

Poirot hace un gesto a Holmes, que asiente en silencio.

– Nada más entrar en la habitación cerrada me he dado cuenta que…

El capitán Acorán interrumpe el discurso de Poirot con un chillido.

– ¡Esto es un caso de la policía canaria!- exclama.

Holmes se encoge de hombros y hace un gesto a Watson con la mano.

– ¿Dónde podríamos cenar algo típico?-pregunta Watson a Yaiza.

– ¿A estas horas?…

– Sí..

– ¿No es muy pronto para cenar?

– Ya sabe como somos los turistas…

– Yo les recomendaría la Cofradía. Pidan una viejita con papas arrugadas.

– ¿Viejita?

– Es un pescado de…

– ¿Viejita? ¡Me gusta…!- exclama Poirot frotándose las manos.

– Me imagino a miss Marple guisada.- suelta con una risa tonta Hasting.

– ¡Hasting!.- le recrimina divertido Poirot dando rienda suelta a sus famosas células grises.

Suena el móvil del capitán Acorán, quien se aparta del grupo para coger la llamada.

– ¿Diga?.- su rostro pasa del colorado encendido al blanco cadavérico.- Diga… Diga usted señor presidente. Sí… Sí… Estamos en la escena del crimen. Y… No… No… No hay testigos… (carraspea haciendo nerviosas señas a sus hombres para que saquen fuera a los detectives extranjeros). Sí señor presidente, todo está bajo control. Sí, señor presidente, ahora mismo dejo la nota en las manos de… (el capitán Acorán observa como Holmes, Watson, que va cogido del brazo de Yaiza, Poirot y Hasting salen de la habitación alborozados con lo de la vieja)… del muerto. Descuide usted, señor presidente. Nas noches, y a sus pies…

Tras dejar la nota entre los dedos del cadáver mira satisfecho a Ruymán y exclama:

– Caso resuelto.

– Es usted un hacha, mi capitán.

– Bastó entrar en la habitación y pese al barullo de los guiris darme cuenta rápidamente del motivo de la muerte de ese pobre desgraciado.

Ambos miran el cadáver.

– Coja, coja usted la nota.

– ¿Hace falta que me ponga los guantes?

– Qué va, estamos entre amigos, ¿verdad?

– Verdad.

– ¿Qué dice?

– Adiós mundo cruel.

– Un caso claro de suicidio. Pobre hombre.

– Otra víctima de la crisis, mi capitán.

El capitán Acorán se queda mirando un buen rato el cadáver.

– Sí…

– ¿Conocía usted al muerto, mi capitán?

– Pues no. ¿Y usted?

– No me suena de nada.

– ¿Sabemos su nombre?

Ruymán busca en los bolsillos del muerto y saca una cartera.

– Aquí pone Cultura.

Vuelve a sonar el móvil del capitán Acorán, quien se pone automáticamente firme al escuchar la Voz.

– Sí, señor presidente, caso resuelto. Suicidio.

– …

– Dejó una nota, señor presidente.

– …

– Adiós mundo cruel. Esas fueron sus últimas palabras, señor presidente. Es usted muy amable, señor presidente. Oh, oh, me sonroja usted señor presidente. A sus órdenes, señor presidente.

El capitán Acorán guarda el móvil y mira emocionado a Ruymán.

– Mi capitán… ¿buenas noticias?

– A partir de ahora diríjase a mi como mi comandante.

– Mis más sinceras felicidades, mi capi… mi comandante.

– ¿Onde está Yaiza?

– Se fue con los guiris a cenar.

– Póngala usted en la lista negra que esa chica puede darnos muchos disgustos.

– ¡Mujeres!

– Eso, mujeres. Y vámonos ya. No se olvide de apagar la luz.

– ¿Y qué hacemos con el cadáver?

– ¿Qué cadáver?

– El Cultura ese.

– Y quién coño es Cultura. Caso cerrado. Caso cerrado.

Saludos, un día tonto, desde este lado del ordenador.

Eduardo García Rojas en www.elescobillon.com

Etiquetas

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario

Comentarios recientes