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CORTO… Y CAMBIO. Porque yo lo valgo. Por Carmen Ruano

Tanta querencia con José Luis Rodríguez Zapatero está contagiando el gafe a Paulino Rivero, que lleva una temporadita metiendo la pata hasta el corvejón a cuenta del asunto de la Sanidad. Ya empezó a cabrear al personal sanitario cuando afirmó en el Parlamento que hay médicos que cobran más que él, como si fuera sacrílego que un profesional que salva vidas gane más que un salva patrias, por mucho que trabaje y por mucho que haya aprendido en la universidad de la vida. La misma queja podrían proclamar algunos catedráticos de Universidad, que cobran mucho menos que el director general de la Televisión Canaria y sin embargo no han abierto la boca de forma tan lastimera.

Esa espiral de declaraciones desafortunadas llevó al presidente canario a decir, hace dos días, que “no habrá ningún problema” con los farmacéuticos a los que hasta hace un mes “se pagaba día a día”. Cuando los responsables de las oficinas de farmacia desvelaron no sólo la morosidad, sino que el Gobierno ya les había dicho que no cobrarían hasta el próximo año y montaron en cólera, Paulino Rivero volvió a quedar en evidencia. Y en plena campaña electoral. Y los votantes, con las recetas en la mano.

Para cubrirse de gloria, soltó en Madrid que era partidario del copago sanitario. Las cachetadas metafóricas le llovieron de todos lados, empezando por su compañera de partido Ana Oramas, que vio cómo la incontinencia verbal de su jefe de filas le volaba la mitad de su escaño en el Congreso, con la cita con las urnas a la vuelta de la esquina. Dicho finamente, que la dejó con las nalgas al descubierto.

Hoy, el Gobierno de Rivero se enfrenta a una huelga sanitaria, a pesar de que sus presupuestos son muy sociales y que no hay recortes en Sanidad, tan sólo cierre de quirófanos, deudas a los farmacéuticos, profesionales que cobran más que él –porque yo lo valgo, diría Rivero si anunciara tintes y champús- y plantillas que van a ser ajustadas. Lo admitan o no. Por supuesto, los hospitales del Norte y del Sur de Tenerife seguirán muertos de asco. Los de la capital continuarán en obras hasta la eternidad. Lo negará. Como ayer negó que hablara del copago. Pero la realidad se empeña más que nunca en llevarle la contraria. Lo mismo le ocurrió a Zapatero con la crisis. ¿Crisis, qué crisis? Y así estamos.

cruanovillalba@gmail.com

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