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CRÓNICA POLÍTICA. Chochos y plátanos y exaltación de la canariedad. Por Carmen Ruano

A las siete de la mañana, en una cooperativa del Sur de Tenerife, los cocineros andaban trajinando con los calderos cuarteleros en los que se preparaba un menú muy canario para Mariano Rajoy, los dirigentes de su partido en Canarias y la militancia de Tenerife, que acudió en masa a compartir mesa y consignas con su presidente nacional. Esta vez las cosas le salieron torcidas a José Manuel Soria en Las Palmas, donde no llenó, pero en Tenerife todo salió a pedir de boca. Garbanzas, costillas con piña, chochos y plátanos fue el menú con el que se exaltó la canariedad de los populares, hartos de que los chicos de Coalición Canaria les nieguen el pan y la sal con el eslogan de la voz de Canarias.

Mariano Rajoy se dio una vuelta por la cooperativa, miró con embeleso las piñas de plátanos mientras Antonio Alarcó, a su vez, lo miraba embelesado a él, le regalaron un huevo de avestruz de proporciones descomunales y, tras una reunión con el sector agrícola –Pedro Molina incluido-, se dio un baño de multitudes con los 800 militantes que acudieron a la cita.

Hay que decir que la ‘peña’ popular llegó animada después de un trayecto en guagua donde la conductora amenizó el viaje con corridos mejicanos cantados por ‘Los alegres colombinos’  -o grupo similar-, adquiridos, casi seguro, en alguna gasolinera. Y el entusiasmo no decayó cuando el aperitivo visual del almuerzo ofrecía imágenes de Ana Oramas, la candidata nacionalista, ‘entregada’ a Zapatero y su Gobierno que tan mal trata a este país, en la línea del PP de dejar en evidencia el apoyo de Coalición a un partido que lleva a España a la ruina. O casi.

Rajoy mira embelesado la piña de plátanos y Alarcó mira con embeleso a Rajoy

¡Ay! Los nacionalistas se han topado con Mariano Rajoy, que dejó bien claro que las Islas son “mi segunda tierra y parte de mi vida”, después de 25 años de visitas continuas porque tiene un apartamentito en Gran Canaria. Y lo decimos en diminutivo porque según el líder del PP lo comparte con sus hermanos y al estar casado en régimen de gananciales le viene tocando algo así como un 12 por ciento del inmueble. Que no es mucho que digamos…

Los dirigentes del PP tinerfeño hicieron su trabajo con pasión: Cristina Tavío prometió que iban a repartir “500.000 papeletas electorales para que no se nos escape ninguno”, ningún votante, ya me entienden; Pablo Matos aseguró que se iban a dejar “la piel y la suela de los zapatos” para que Rajoy sea el próximo presidente del Gobierno de España y Antonio Alarcó lo alabó con desmesura felicitándolo por su debate con Rubalcaba casi al mismo tiempo en que a él lo despellejaban en el Cabildo a cuenta de sus facturas pendientes pese a decir pies para que os quiero y poner kilómetros de distancia…

Luego vino la exaltación de la canariedad –las propuestas electorales, por sabidas, se las ahorro-. Tavío había abierto la veda al afirmar que que “cuando hubo que elegir entre Canarias y Zapatero, Coalición Canaria eligió a Zapatero”, así que Soria simplemente añdió leña al fuego diciendo que “nadie nos da lecciones de canariedad porque somos canarios” y además, el próximo presidente del Gobierno “es más canario que el gofio y se llama Mariano Rajoy”, afirmación que desató la euforia de la militancia, que andaba dando cuenta de las garbanzas compuestas.

Uno de los calderos cuarteleros con costillas y piñas

Y por supuesto, Rajoy insistió en el mensaje. Para empezar, sus hijos se comen no uno sino dos plátanos todos los días; además, piensa seguir viniendo a Canarias y, por si acaso alguien allí lo ponía en duda, aseguró que “si alguien cree que puede hacer algo más por Canarias que yo, que me lo demuestre si puede”. Ese alguien, claro, son los nacionalistas que “ni dicen ni pintan nada”.

Luego conseguí que me trajera en coche el jefe de prensa del PP, Alberto Lemus, para ahorrarme la segunda tanda de corridos mejicanos en la pepeguagua. En justo castigo, Ricardo Melchior me miraba aviesamente durante todo el trayecto a través del parabrisas donde lo había colocado –con habilidad, todo hay que decirlo- algún militante nacionalista. Hasta que a la altura de Fasnia la propaganda electoral y Melchior salieron volando.

cruanovillalba@gmail.com

 

 

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