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CINE. Frank Miller. Del Arte Secuencial a los 24 Fotogramas por Segundo

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Manuel E. Díaz Noda.-

A lo largo de los años 80 se produjo un gran boom en el mundo del cómic, acercándolo a un público más adulto y potenciando su nivel de ventas, hasta el punto de llamar la atención de las productoras de cine que hasta entonces veían en este medio a un hermano pequeño, demasiado insignificante como para tomarlo en serio. Entre los elementos que ayudaron a dar este cambio de imagen a la industria se encuentra la obra de dos autores muy característicos, Alan Moore y Frank Miller, y dos obras que revolucionaron el panorama de los superhéroes tal y como se había conocido hasta entonces, “Watchmen” y “El Regreso del Señor de la Noche”. La primera, obra de Moore, pasó décadas intentado dar el salto a la gran pantalla, con varios intentos infructuosos de adaptación, hasta que en 2009 el director Zack Snyder consiguió llevar a buen puerto este proyecto. El segundo, con guión y dibujo de Miller, sirvió de fuente de inspiración para películas como el “Batman” de Tim Burton o “Robocop” de Paul Verhoeven.

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Frank Miller empezó su carrera en el mundo del cómic a través del dibujo. Tras pasar por diferentes series consiguió un puesto fijo como ilustrador de “Daredevil”, en un momento en el que la serie parecía completamente apagada y corría el riesgo cancelarse. En un principio, a Miller se le criticó bastante su estilo de dibujo, llegándose a cuestionar su calidad como ilustrador, pero pronto el dinamismo de sus figuras, su dominio del tiempo narrativo y de la composición de página consiguieron dar nueva vida al personaje y los índices de ventas empezaron a subir. Miller aprovechó este momento para dar un paso arriesgado y solicitó a la editorial Marvel la oportunidad de encargarse no sólo del dibujo, sino también del guión. Con esta coyuntura entre manos, las historias de Miller empezaron a apuntar hacia argumentos más maduros, alejados de las típicas historias para niños. Uno de sus mayores hitos durante su etapa en esta serie fue la creación del personaje de Elektra, un personaje femenino independiente, agresivo y violento, que se alejaba de la imagen que se daba de las mujeres en el medio. Miller siempre ha demostrado un gran cariño hacia el superhéroe, y aunque dio su adiós definitivo a la serie regular en 1987 con el arco argumental titulado “Born Again”, siguió retomando al personaje y a su contrapunto, Elektra, en novelas gráficas o miniseries como “Daredevil: Amor y Guerra”, “Elektra Assasin”, “Elektra Lives Again” o “Daredevil. El Hombre Sin Miedo”. Su paso por este personaje ha sido tan importante que cuando se quiso adaptar la serie al cine en 2003 el punto de partida fueron las historias escritas por Miller durante la década de los 80. Desgraciadamente, tanto la versión cinematográfica de “Daredevil”, como su spin off, “Elektra”, resultaron ser dos productos mediocres, que no supieron sacar partido a la excelente base que les proporcionaba la obra de Miller.

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Mientras trabajaba en Daredevil, Miller realizó algunos trabajos externos a la serie, entre los que podemos destacar “Lobezno: Honor”, donde se encargó de ilustrar un guión de Chris Claremont, uno de los autores míticos de “La Patrulla X” y que según se promete puede ser la base de la nueva película de “Lobezno” que se está preparando. Durante este trabajo conoció a la ilustradora y colorista Lynn Varley, quien no sólo pasó a formar parte del equipo de colaboradores permanentes de Miller, sino que además ambos iniciaron una relación sentimental, casándose poco después.

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El periodo de Miller en la serie de “Daredevil” tuvo dos etapas. La primera entre 1979 y 1983, la segunda entre 1986 y 1987. En el periodo intermedio su carrera se caracterizó por la defensa de los derechos de autor para los artistas del cómic. Su marcha en 1983 de Marcel se debió a que el autor tenía la sensación de estar trabajando en algo que no le pertenecía a él, sino a la editorial. Por eso lo dejó todo para sacar adelante un proyecto personal titulado “Ronin”, donde se mezclaban referencias a la ciencia ficción y la cultura japonesa, con un alto grado de sexualidad y violencia. En aquel momento, la compañía que le ofrecía unas condiciones más cercanas a los sueños de independencia de Miller era DC Comics, competencia directa de la Marvel.

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La novela gráfica fue un gran éxito y la editorial enseguida le ofreció dar una visión alternativa de uno de sus personajes más populares, Batman. En “El Regreso del Señor de la Noche”, Miller nos mostraba un Batman envejecido, pero en absoluto debilitado, quien, tras un periodo de inactividad, regresaba a su batalla contra el crimen con una postura más extremista que en su juventud. El Batman de Miller es un justiciero implacable, sádico y brutal, al que en varias ocasiones se le acusa de fascista. En esta ocasión, el éxito de la novela gráfica es espectacular, abriendo nuevos campos para el desarrollo artístico y narrativo del cómic. Al año siguiente, y de nuevo bajo el amparo de DC, Miller retomó el personaje de Batman, en esta ocasión para hablar de sus inicios como justiciero en “Batman: Año Uno”. Miller retomó el personaje en ocasiones posteriores, como en la segunda parte de “El Regreso del Señor de la Noche”, pero con resultados inferiores o directamente decepcionantes. Sin ser adaptaciones directas, en el cine podemos encontrar la huella de estas dos obras en las diferentes adaptaciones que se han hecho para el personaje, especialmente en el primer “Batman” dirigido por Tim Burton en 1989, y en “Batman Begins”, de Christopher Nolan, que bebe mucho de “Año Uno”. Ha sido ahora, gracias al trabajo que están realizando los animadores de DC Universe que hemos podido ver una adaptación directa de esta segunda novela gráfica. El trabajo de este estudio de animación ha sido impecable, manteniendo no sólo la estética del cómic y el excepcional dibujo de David Mazzucchelli, sino también el tono adulto y violento de la trama. El resultado no alcanza la maestría de la obra original, pero sí se percibe un trabajo hecho con mimo para no desmerecer a su referente.

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Cuando en 1987 Paul Verhoeven estrenó “Robocop”, muchas fueron las voces que subrayaron los parecidos estéticos y argumentales de la película con “El Regreso del Señor de la Noche”. Esto propició el primer contacto de Miller con la industria del cine. El éxito de “Robocop” enseguida puso en marcha la maquinaria para una segunda parte, y los productores le ofrecieron a Miller escribir el guión. La experiencia no fue muy positiva y, sin ser una mala película, está muy lejos de los méritos de la original. En cualquier caso, desgraciadamente, lo peor estaba por llegar. Miller le dio otra oportunidad al cine y repitió como guionista en “Robocop 3”. Si bien en ésta hay varios elementos estéticos claramente procedentes de su guionista, la película se estrella de manera monumental, resultando una obra ridícula y patética.

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Tras estos dos fiascos, en los que Miller se sintió estafado por unos productores que cambiaban continuamente sus guiones, regresó al mundo del cómic, en esta ocasión con el proyecto de un sello independiente llamado Legend, creado junto con otros artistas, como el creador de “Hellboy”, Mike Mignola, o John Byrne, uno de los nombres míticos del noveno arte. Legend nació para combatir la censura que subyugaba a los creadores más radicales en las principales editoriales, como DC o Marvel. Para poder distribuir sus obras, Legend llegó a un acuerdo con la editorial Dark Horse, que había destacado gracias a la obtención de una serie de licencias cinematográficas para desarrollar comics sobre personajes como “Alien”, “Depredador” o “Terminator”. Bajo el sello de Legend, Miller publicó obras como “Give Me Liberty”, “Hard Boiled”, o “Big Guy and Rusty the Boy Robot”. Estas obras también tuvieron su eco en el Séptimo Arte. Siguiendo con la influencia de Miller en el cine de Paul Verhoeven, podemos ver muchas similitudes entre “Give Me Liberty” y “Starship Troopers”, como el uso irónico de la propaganda o esa visión cínica de una sociedad futura fascista y militarizada. Por otro lado, “Big Guy and Rusty the Boy Robot”, una novela gráfica inspirada en el Kaiju Eiga (o cine japonés de monstruos mutantes), pasó a ser también el origen de una serie de televisión basada en los personajes principales.

Sin embargo el gran éxito de Miller llegó en 1992 con la edición de la serie “Sin City”. Aquí el autor realizaba un homenaje al género negro clásico, con una estética marcadamente expresionista y la influencia literaria de autores como Dashiel Hammet, Raymond Chandler o Mickey Spillane. Tras el fiasco de su primera estancia en Hollywood, Miller se volvió reacio a ceder los derechos de sus obras para posibles adaptaciones cinematográficas, pero cuando el director Robert Rodríguez le mostró un corto basado en una de las historias breves de “Sin City”, vio la posibilidad de que su obra fuera llevada al cine de manera fiel y respetuosa. Su fascinación por el proyecto de Rodríguez le llevó no sólo a ceder los derechos para la adaptación, sino que además se involucró como co-director de la película. Tal y como Robert Rodríguez le había prometido, “Sin City” resultó una cuidadosa adaptación del cómic, cuyo mayor problema era precisamente pecar de un excesivo fetichismo por la serie. La película parece una traslación literal del cómic, casi viñeta por viñeta, lo que le restaba personalidad propia. En cualquier caso, las cinta fue un gran éxito comercial y desde su estreno se vienen rumoreando dos nuevas entregas, inspiradas en otras historias del cómic, aunque aún sin fecha de producción.

Otra obra personal de Miller fue “300”, una novela gráfica inspirada en la famosa batalla de las Termópilas, donde un reducido grupo de soldados espartanos se enfrentó al gran ejército persa. La visión de Miller mezclaba su acostumbrado acercamiento violento, áspero y rudo, con un tratamiento de la historia casi mitológico. Para ello, ayudado por Lynn Varley desarrolló una serie de cuadros narrativos de fuerte impacto visual. Inspirado por el éxito de la versión cinematográfica de “Sin City”, el director Zack Snyder propuso llevar también a la gran pantalla esta obra, utilizando para ello el ordenador como medio para reproducir de manera fiel la estética del cómic. El autor se sintió nuevamente satisfecho con los resultados, avalando en todo momento las decisiones tomadas por Snyder. El éxito de la película ha supuesto la búsqueda de un medio para continuar la historia, algo en lo que Miller ha estado trabajando en estos últimos años, teniendo actualmente prácticamente finalizada una nueva novela gráfica titulada “Xerxes”. Se trata de una precuela que se centrará en la figura del villano de la primera parte y abarcando un periodo temporal de 10 años previos a la Batalla de las Termópilas. Warner Bros no ha querido perder tiempo y quiere iniciar la producción de la nueva película en cuanto ésta esté lista. De momento ya sabemos que el título será “300. The Battle of Artemissa” y estará dirigida por Noam Murro, quien ha heredado el proyecto de Zack Snyder (actualmente encargado de las nuevas aventuras cinematográficas de Superman), Guy Ritchie (quien abandonó el proyecto al solaparse con las fecahs de sus nuevas películas de “Sherlock Holmes”) y Jaume Collet Serra (que ha pasado a ser el responsable de otra adaptación de una obra emblemática del Noveno Arte, “Akira”).

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A la espera de que se materialicen las nuevas entregas de “Sin City” y “300”, el último vínculo de Frank Miller con el mundo del cine tuvo lugar en 2008 con la adaptación de la emblemática creación de Will Eisner, “The Spirit”, con la que el autor de “El Regreso del Señor de la Noche” hizo su debut como director en solitario. Miller siempre ha admitido su gran admiración por la obra de Eisner y la influencia que ésta ha tenido en su estilo, sin embargo, la primera vez que le ofrecieron dirigir esta película se negó en rotundo. Posteriormente recapacitó y llegó a la conclusión de que, antes de que la adaptación la llevara a cabo algún director desconocedor de la obra de Eisner, lo mejor era asumir él el desafío e intentar hacer algo que fuera lo más respetuoso posible con el comic original. Desgraciadamente, muchos factores contaron en su contra y el resultado fue una cinta fallida que no convenció a nadie. El principal problema fue precisamente su director, ya que Miller pecó de novato en un campo que no era el suyo. Si bien siempre se ha dicho que una de las principales virtudes de la obra gráfica de Miller era la integración de técnicas cinematográficas en la narrativa secuencial del comic, lo cierto es que no es lo mismo narrar con viñetas que con imágenes en movimiento. En “The Spirit” el artista quiso fusionar el estilo de Eisner con el suyo propio y no se puede negar que la cinta está plagada de muestras de autoría estética heredada de sus novelas gráficas, especialmente “Sin City”, pero en la película todo queda sobredimensionado, ridículo, con unos diálogos antinaturales y unas interpretaciones excesivamente histriónicas (especialmente Samuel L. Jackson).

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Tras esta nefasta experiencia, Frank Miller sólo se ha puesto detrás de la cámara para dirigir un anuncio para la marca Gucci, de nuevo empleando la estética de “Sin City” pero con resultados más adecuados que en su adaptación de Will Eisner. De momento el cine sigue manteniéndose como una actividad secundaria dentro de la carrera de este autor, aunque con el aval de “Sin City” y “300” y el éxito del cine de superhéroes reciente, los estudios están ahora más pendientes de sus progresos en el terreno editorial. ¿Para cuándo una versión cinematográfica de “Give Me liberty”?

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