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CORTO… Y CAMBIO. Guagüing. Por Carmen Ruano

La primera vez que tomé contacto con el riesgo inglés no fue a raíz de la quiebra de Lehman Brothers -aunque más que ‘broders’ eran unos ‘petits bâtards’ gracias a los cuales ahora no llegamos a fin de mes- sino cuando con el coche atravesé un charco de agua en la autopista del Sur y el vehículo y yo hicimos un aguaplaning terrorífico sin consecuencias. Desde ese momento le tomé manía a los deportes con terminación ’british’ como el puenting, el balconing o el planking, a los que yo agrupo genéricamente en prácticas de ‘idioting’, esto es, jugarte la vida haciendo el tonto.

Sin embargo, miren por dónde llevo una semana asistiendo atónita a la práctica de una nueva disciplina que yo creía exenta de riesgo mientras mi cacharro pasa por la puesta a punto del mecánico: el guagüing. Ya les digo de antemano que no me voy a meter con los conductores, que llevan todo el mes de agosto aguantando las malas caras, los comentarios sarcásticos sobre la explotación de la clase obrera por parte de los políticos y algún que otro exabrupto de los usuarios de la guagua.

Viajar en guagua es como una enfermedad infecto-contagiosa y por ello, los viajeros se colocan, según entran en el vehículo, en fila india y cada uno en un asiento. No se sentarán a su lado salvo que a) no haya más sitio disponible, b) la edad no le permita realizar todo el trayecto de pie y c) la persona tenga unas ganas locas de entablar conversación con alguien. Con usted, sin ir más lejos. Y no se moleste en colocarse unos auriculares o contestar con monosílabos, le dará palique hasta un minuto antes de bajarse de la guagua muy a pesar suyo.

De todas formas, lo más arriesgado es subir, pagar y sentarse. La mayoría de los practicantes del guagüin con los que he coincido esta semana, realizan la maniobra con tal peligrosidad que he quedado sorprendida de que ninguno de ellos haya salido volando por el pasillo de la guagua hasta incrustar la dentadura en la barra del asiento más lejano. El guagüin se ejecuta de la siguiente manera: la persona se sube a la guagua, saca un monedero, del monedero un estuchito plástico donde aloja el bono, paga y se encamina hacia un asiento –nunca el más cercano- mientras, carga con la mochila y/o bolso; habla por el teléfono móvil, carga con una bolsa de la compra, realiza una concienzuda introducción del bono en la funda, luego en el monedero, luego en el bolso y/o mochila, todo ello con la guagua ya en marcha, sin importarle que con los bandazos la mochila le deje un ojo morado al primer pasajero y que en la primera curva otra pasajera se trague el monedero con la funda plástica y el bono. Y así uno tras otro, sin distinción de sexos ni edad.

Después de una semana he comprendido por qué la primera vez que me subí a una guagua en Candelaria, con el bono preparado en la mano, pagué el trayecto y me metí el bono en el bolsillo del pantalón para sentarme en el primer sitio que vi libre, junto a un señor de edad, todos los presentes me miraron con caras raras y ninguno quiso acomodarse a mi lado. De hecho, el señor de edad se apeó en la primera parada porque debió considerarme una prima de riesgo.

cruanovillalba@gmail.com

2 Comentarios

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  • DICHOSA USTED QUE SOLO PRACTICA EL DEPORTE POR AFICION PUES MILESDE CHICHAS DE A PIE U DE MEDIOS LOS JUSTITOS U GUAGUIN U CAMINANDING PERO SIEMPRE ES FACIL MIRAR EL LADO MALO DE LAS COSAS Y SOBRE TODO CUANDO SE COBRA POR LA SIMPLE IRONIA POR LA IRONIA,POR CASUALIDAD EXISTE ALGO BUENO U BIEN HECHO EN ESTAS ISLAS U DONDE NOS RECOMIENDA A IR A TOMAR NOTAS PARA APICARLO EN ESTA NUESTRA AL PARECER MALDITA TIERRA ?