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CINE. «Noche de Miedo». Suburbia Vampire.

Manuel E. Díaz Noda.-

INTRODUCCIÓN

En plena borrachera de nostalgia ochentena, y tras las nuevas versiones de “Transformers”, “Los Pitufos” o “Conan el Bárbaro” (además de otros títulos cercanos en espíritu a esta época como “Paul” o “Super 8”), ha llegado el turno al remake de “Noche de Miedo”, una modesta cinta de terror juvenil, sazonada con humor paródico, que gozó de cierta popularidad en 1985 y a la que, pese a haber envejecido de manera un tanto irregular, se la sigue recordando con cariño.

1985. SESIÓN DE MEDIANOCHE

La versión de 1985 apareció en un momento ideal para ese tipo de películas. Películas como la trilogía de “Star Wars”, “En Busca del Arca Perdida”, “Gremlins” o, ese mismo año, “Los Goonies” había puesto de moda el cine juvenil, demostrándole a los estudios que en los bolsillos de este sector residía el futuro comercial del cine. Por otro lado, el género de terror se encontraba en una disyuntiva. Mientras en las salas de cine imperaba el slasher y “nuevos monstruos” como Freddy Krueger o Jason Voorhees, directores como Joe Dante, John Landis o John Carpenter apostaban por una remodelación de los patrones clásicos, con cierto toque postmoderno en cuanto a la referencia irónica, pero respetuosa, de los clásicos del género, siendo precisamente a esta última tendencia a la que pertenece el director de “Noche de Miedo”, Tom Holland.

De orígenes interpretativos (debutó a los 20 años como actor en televisión), Holland gozaba ya de una cierta trayectoria como guionista a sus espaldas, destacando entre sus trabajos anteriores los libretos de “Curso 1984” y “Psicosis II. El Regreso de Norman”, sin embargo, “Noche de Miedo” supuso su debut detrás de la cámara. Hollando optó por una revisión sobria del mito de vampirismo, donde si bien el tono juvenil daba pie a un trazo de comedia absurda, la cinta mostraba su verdadero rostro en los momentos en los que había que ponerse serio. Precisamente hoy en día son los rasgos de humor lo que peor ha envejecido de la película, mientras que en los ataques del vampiro seguimos encontrando sus puntos álgidos. Holland evita caer en el exhibicionismo imperante en el cine de terror de la época y prefiere sugerir, generar un halo de misterio y suspense alrededor de su criatura, e incluso cargando de manera sutil las tornas del erotismo. Por supuesto, “Noche de Miedo” es un producto de su época y conoce el público al que va dirigido, haciendo algunas concesiones en lo referente a la música o el vestuario, sobre todo en la primera mitad de la película.

La cinta estaba protagonizada por el debutante William Ragsdale como Charley Brewster, un joven aficionado al género de terror que se debate entre el bullir de las hormonas y la responsabilidad que supone ser hijo único en una familia monoparental con una madre que trabaja en turno de noche. La afición del protagonista por el programa de televisión “Noche de Miedo”, dedicado a películas de terror de serie B, hace que cuando intente avisar sobre la naturaleza del nuevo vecino, nadie le preste atención. El vampiro está interpretado por Chris Sarandon, actor forjado en televisión, pero al que hemos visto en títulos como “Tarde de Perros”, “La Princesa Prometida” o “Muñeco Diabólico”. Jerry Dandrige se ajusta al patrón de vampiro de corte aristocrático, seductor y altivo, aunque adaptado a los nuevos tiempos (la tradicional capa es sustituida por fulares y ropas ajustadas a la moda del momento) y su rasgo más peculiar y particular es su afición por las manzanas. Por otro lado, las épocas cambian y en lugar de chuparle la sangre a virginales doncellas, Dandrige prefiere optar por jóvenes prostitutas.

En el bando de los héroes contamos con la presencia de Peter Vincent, un actor de películas de terror reciclado en presentador televisivo, al que da vida de manera soberbia Roddy McDowall. Si bien el nombre del personaje surge de combinar a dos maestros del género, Peter Cushing y Vincent Price, McDowall confesó haberse inspirado en algunos pésimos actores de una generación anterior a la suya encasillados en penosas películas de serie B. Holland aprovecha a este personaje para hacer algunos guiños irónicos al cine de vampiros, sobre todo con las imágenes de las falsas películas de Vincent que se emiten por televisión.

Por supuesto, Charlie contará también con el apoyo de su novia, la apocada y modosita Amy, pese a que ésta en un principio no lleve muy bien que su novio esté más pendiente de lo que sucede en la casa de enfrente que de ella. Si bien los personajes femeninos en la cinta no son especialmente activos, Tom Holland utilizó a Amy para tratar también el tema del sexo. Por un lado, con su relación con Charlie, ya que ambos están a punto de dar el paso para perder la virginidad, pese a las dudas de ella. Por otro, Dandrige ve en ella a un antiguo romance y pretende convertirla en vampiro. Una vez más el mordisco del vampiro pasa a convertirse en una metáfora de la penetración, y a partir de ese momento, Amy despliega todo su potencial sexual. Este personaje estuvo Interpretado por Amanda Bearse, una actriz que posteriormente tuvo cierta popularidad en su papel de la hortera y cursi Marcy en la serie de culto “Matrimonio con Hijos”.

Uno de los papeles más ambiguos y recordados de la película es el de Ed/“Rata” (“Evil” en la versión original), el mejor amigo de Charlie, un joven de carácter repulsivo y estridente, que acaba cayendo en las garras de Dandrige y convirtiéndose en su lacayo. Una vez convertido, el personaje ganaba en estética siniestra, gracias sobre todo al maquillaje y a esa cruz grabada a fuego en la frente por Peter Vincent. “Rata” estuvo encarnado por Stephen Geoffreys, pésimo actor donde los haya, quien tras un periodo en el cine mainstream, con papeles en películas como ésta “Noche de Miedo”, la comedia adolescente “Vacaciones Locas, Locas, Locas” o las series “Más Allá de los Límites de la Realidad” o “Cuentos Asombrosos” dirigió su carrera hacia el terreno del porno gay.

Por último, el reparto principal se cerraba con Billy Cole (Jonathan Stark), el ayudante de Dandrige, quien se encarga de proteger la casa mientras el vampiro descansa durante el día. Si bien nunca se explicita, se puede intuir una velada relación homoerótica entre el vampiro y Cole, donde el primero se deja alagar por la atracción que despierta en el segundo, no dudando en fomentarla con alguna caricia aislada. La carrera interpretativa de Stark no ha sido demasiado extensa, pero sí se ha labrado una amplia filmografía como guionistas, especialmente en series de televisión como “Cheers”, “Ellen” o recientemente “El Mundo según Jim”.

Uno de los elementos que destacaron en la cinta fue el apartado de maquillaje y efectos especiales. Holland quiso que, más allá de su imagen de dando, el vampiro también resultara aterrador, y para ello se echó mano de la magia del maquillaje, sobre todo a la hora de mostrar unos dedos largos y de extensas uñas, y una dentadura repleta de dientes punzantes y asimétricos. Fiel también a la tradición, el vampiro de “Noche de Miedo” puede transformarse en murciélago, niebla y lobo. Destacando sobre todo la transformación de “Rata” en su enfrentamiento definitivo con Peter Vincent, para lo que el actor tuvo que sufrir largas sesiones de maquillaje y se creó también una notable reproducción animatrónica de un lobo.

“Noche de Miedo” abrió una nueva tendencia comercial en el género de terror, inspirando producciones posteriores como “Una Pandilla Alucinante”, “Jóvenes Ocultos” o “Los Viajeros de la Noche”, y en 1988 llegó a inspirar una segunda parte en al que Charley y Peter Vincent, nuevamente interpretados por William Ragsdale y Roddy McDowall, tenían que enfrentarse a la vengativa hermana del vampiro de la primera película.

2011. NO MATARÁS AL VECINO

El anuncio de una nueva versión de “Noche de Miedo” hacía presagiar un nuevo ejemplo de producción hollywoodiense carente de interés y que sólo pretendía explotar el título de la anterior para atraer a incautos espectadores nostálgicos a las salas. Sin embargo, superados estos prejuicios, hay que reconocer que la cinta dirigida por Craig Guillespie es capaz de sostenerse por sí misma gracias al trabajo de los actores, la siempre cuidada labor del director de fotografía español Javier Aguirresarrobe y un notable trabajo de puesta en escena por parte de su director.

Una de las primeras cosas a agradecer a esta nueva versión es que no busca replicar paso a paso la cinta original y que se arriesga a alejarse del modelo anterior para contar su propia historia. Los que recuerden la película anterior o la hayan recuperado recientemente, disfrutarán de guiños como la afición por las manzanas del vampiro, el diseño de las manos o la dentadura de los vampiros o el cameo de Chris Sarandon, pero, en esencia, aunque el argumento viene a ser el mismo, se ha logrado desarrollarlo de una manera fresca y diferente. Resulta ingenioso el modo en el que se le da la vuelta a personajes como Jerry Dandrige o Peter Vincent y cómo el director ejecuta las diferentes set pieces de la trama consiguiendo un equilibrado crescendo de la acción y algunas secuencias realmente impactantes. Tal vez momentos como el ataque de Jerry a la casa de Charley resulten excesivos (en esos momentos, el villano recuerda más al T-1000 de “Terminator 2” que a un vampiro), pero otras secuencias como el intento de rescate de la vecina stripper, el enfrentamiento con Dandrige en el ático de Peter Vincent o el clímax final resultan excelentes muestras de puesta en escena y montaje.

 

Anton Yelchin supera a William Ragsdale como el nuevo Charley Brewster, algo que tampoco era demasiado complicado, pero los verdaderos reyes de la función son Colin Farrell y David Tennant. Farrell aleja a su Jerry Dandrige del carácter ambiguo y elegante de su precedente, presentándonos un vampiro más tosco, vestido con camisetas de asillas y con unos movimientos más animales, recordando a un depredador que acecha a su presa (como podemos apreciar en la conversación con Charley frente al marco de la puerta de entrada). Lo que a priori parecía un papel por debajo de la categoría del intérprete ha resultado ser un gozoso divertimento, con el que el actor transmite al espectador el buen rato que está pasando con el personaje. Por su parte, David Tennant tenía ante sí el reto de enfrentarse al reflejo de Roddy McDowall, cuyo papel acabó resultando uno de los más queridos y carismáticos de la versión anterior. Ambos actores enfatizan el carácter británico del personaje, aunque desde perspectivas diferentes. Mientras que en la versión del 85 se señalaba hacia el cine de la productora Hammer, en ésta Peter Vincent es más una estrella del rock, no muy alejada del Aldous Snow de “Todo sobre mi Desmadre”.

Se sigue evidenciando una mayor pasividad en los personajes femeninos, sobre todo en el papel de la madre, pero se agradece que estos no sean meras comparsas y que participen más de la acción, especialmente el personaje de Amy que también se ha visto beneficiada con la interpretación de Imogen Poots. Otro personaje que ha sido modificado con respecto al original, aunque en este caso no para mejor, es el de Ed, ahora interpretado por Christopher Mintz Plasse. En esta versión carece de mote despectivo y se ha suavizado su personalidad. Sigue siendo un personaje desplazado y sin capacidades sociales, pero menos estridente que la versión de Stephen Geoffreys, aunque, por extensión, su versión vampírica resulta también menos aterradora. El papel gana en interpretación (aunque no demasiado, Mintz Plasse es claramente mejor actor de que Geoffreys, pero tampoco es que sea el adalid del arte interpretativo, precisamente), pero, por otro lado, sale perdiendo en cuanto a relevancia en la historia.

Para esta nueva versión se prescinde también de la música de sintetizador de la versión de 1985 por una partitura orquestal a cargo de Ramin Djawadi, quien lleva a cabo un trabajo efectivo a la hora de generar el suspense y enfático en las escenas de acción. Sin embargo, la funcionalidad que pueda aportar a las imágenes, la pierde en originalidad, resultando un refrito de estilos entre dos referentes tan machacados como Danny Elfman (sobre todo el tema principal con ecos a “Mars Attacks”) y el Wojciech Kilar de “Drácula”.

En cualquier caso, las principales pegas a poner a esta nueva versión vienen determinadas por las modas del cine. En primer lugar, lo prescindible del uso del 3D. Se nota que es algo impuesto desde el estudio y si bien en determinadas escenas Gillespie le consigue sacar partido, en otras se le nota constreñido al tener que meter algún plano que justifique el efecto estereoscópico. Por otro, aunque la integración entre efectos físicos y digitales está por lo general bien conseguida, la sangre infográfica sigue resultando poco realista y eso en una película de vampiros puede ser muy perjudicial.

“Noche de Miedo” no es, ni mucho menos, la película de este verano, pero sí resulta un producto digno, entretenido y, en bastantes ocasiones, sorprendente, lo que por otro lado la sitúa por encima de la media a la que nos tiene acostumbrados el cine comercial de Hollywood actual.

 

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