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EL UNGÜENTO. Quitar y poner impuestos. Por Guillermo Núñez

¿Acaso duda alguien de la gran ventaja que en términos político-electorales supone siempre el anuncio de la supresión de impuestos? En esto, los políticos del Partido Popular han sido pioneros en España. Diríase que son los máximos defensores, en términos generales, de la ideología que propugna la consideración de los impuestos como algo por sí mismo dañino y contrario a los intereses de la sociedad, al menos, cuando tales intereses se analizan desde la óptica de la llamada “creación de riqueza y empleo para todos” que podrían proporcionar los empresarios si los mismos pagaran menos impuestos. Claro, que esto último es más una cuestión ideológica que una cuestión contrastada desde el punto de vista empírico. Bastaría con pensar en el caso de Canarias para comprobar cómo siendo nuestros empresarios los que menos impuestos pagan en relación con el resto de España, es sin embargo el archipiélago una de las Comunidades españolas en las que existe mayor volumen de desempleados, y ello no sólo como consecuencia directa de la crisis económica actual, sino más bien, como tónica general de un modelo de desarrollo económico que poco tiene que ver con los impuestos que afectan a nuestros empresarios.

Bien es verdad que en el mensaje ideológico “anti-impuestos”  preconizado por los populares (¿o populistas?),  hay  también una pequeña porción de verdad que tiene mucho que ver con un sentimiento generalizado entre la ciudadanía en cuanto al mal uso  y/o  abuso que nuestras Administraciones hacen con bastante frecuencia de nuestro dinero obtenido vía exacción coactiva de impuestos.

La influencia de la ideología anti-impositiva ha dado lugar en nuestro país a un fenómeno realmente significativo y casi que esperpéntico: de una parte, ha llevado a los desorientados líderes del PSOE a asumir en algún caso dicha ideología y a afirmar sin remilgos que “bajar o quitar impuestos es de izquierdas”; de otra, siguiendo aquello de “gay el último” (lenguaje p.c.), basta con que una Comunidad rebaje alguno de sus impuestos cedidos por el Estado, para que todas las demás lo hagan sucesivamente. En cuanto a la desorientación del PSOE, esto sería menos grave si no fuera porque dicha desorientación se ha traducido en la adopción de medidas de política tributaria totalmente erráticas y contradictorias que se adoptan hoy y se derogan al poco tiempo. En cuanto a las CCAA, sus medidas tributarias (generalmente de reducción o supresión de impuestos y de demanda simultánea de mayor participación en la recaudación de los impuestos del Estado), han provocado distorsiones de enorme trascendencia en un sistema tributario general que cada día en todo menos sistema en cuanto a grado de coherencia, interrelación entre impuestos y, sobre todo, en cuanto a exigencia de niveles mínimos de justicia tributaria.

Pues bien, a estas alturas, reintroducir de nuevo en nuestro sistema el Impuesto sobre el Patrimonio, es no sólo muestra de demagogia elevada a la quinta potencia (para eso estamos en precampaña electoral), sino también, signo de la decadencia de ideas de unos líderes políticos que a estas alturas pretenden recuperar votos a través no de la supresión, sino del restablecimiento de un impuesto “sobre los ricos”.  Vamos, una auténtica tomadura de pelo, aunque personalmente no me sienta solidario con aquellos que vengan en todo caso obligados a pagarlo.

Guillermo Núñez

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