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EL PERDIGUERO. Rigoberta Menchú. Indígenas e izquierda en la América hispana. Por Fernando Fernández

El caso de Rigoberta Menchú, la guatemalteca Premio Nobel de la Paz en 1992 es un paradigma de la tentación intervencionista europea en la América hispana; en este caso de las izquierdas europeas y especialmente los comunistas. Me entrevisté con ella varias veces durante algunas de mis visitas a Guatemala, hasta que en septiembre de 2002 tuvimos un serio encontronazo en el Parlamento Europeo, a donde acudió días después de haber realizado en España unas declaraciones de apoyo a la ETA.

Rigoberta Menchú / Foto: Fernando Fernández

Desde entonces no volví a verla hasta 2007, durante las elecciones presidenciales en Guatemala donde fue candidata y tuvimos una larga entrevista en su propia casa. Su biografía es bien conocida. Es la persona nacida en Guatemala más conocida en Europa y, seguramente, en el mundo. En 2007 fue candidata a la presidencia de Guatemala y obtuvo un exiguo 3 por ciento de votos. En las elecciones celebradas el pasado domingo día 11  concurrió en coalición con un frente amplio de partidos de la izquierda  herederos de la guerrilla que protagonizó la guerra civil que asoló Guatemala durante 30 años, hasta la firma de los acuerdos de paz de 1996. Bajo diversas siglas, la URNG en 2003, obtuvo un 1,9 de votos;  y MAIZ (Movimiento Amplio de Izquierdas), con otro candidato, obtuvo un 1,6 por ciento en 2007. Pues bien, ahora, todos juntos, con la Menchú de candidata,  no han obtenido un 2,5 por ciento, según resultados preliminares.

El hecho es llamativo en un país de población indígena mayoritaria e indicadores de pobreza y desarrollo humano entre los peores de la América hispana. Desde una óptica europea cabría esperar que ganaran las elecciones partidos y candidatos de la izquierda y vinculados a la población indígena. Pues no es así; no una vez, sino que los mismos  o parecidos resultados se vienen repitiendo una elección tras otra desde hace décadas. Y no puede decirse que allí las elecciones sean fraudulentas. No, sus resultados electorales vienen siendo avalados por instituciones y organismos internacionales de observación de elecciones, acordes con unos razonables estándares de legitimidad democrática.

Uno de los premios recibidos que adornan la casa de Menchú / Foto: Fernando Fernández

Consulto mis documentos y notas tomadas en el curso de entrevistas con candidatos, expertos y amigos guatemaltecos. Para los candidatos de la URNG. Rodrigo Asturias, en 2003, y Miguel A. Sandoval, en 2007, las elecciones en Guatemala no son plenamente democráticas porque los partidos tradicionales “de la derecha” están financiados por el gran capital, por la corrupción, el narcotráfico y practican la compra de votos y “el acarreo de votantes” el día de las elecciones,  vulnerando la democracia.

Personalmente me pareció el discurso de una izquierda perdedora del juicio de la historia. Los propios candidatos reconocieron que perderían, pero ni siquiera sospechaban sus pobrísimos resultados. Anclados en un discurso y en un análisis propio de los tiempos de la guerra fría, la izquierda que representan no tiene eco en la Guatemala actual.

Jardín de la casa de Rigoberta Menchú / Foto: Fernando Fernández

El 8 de septiembre de 2007 hablé durante varias horas con Rigoberta Menchú en su propia casa. Nos recibió con la hospitalidad y ceremonial característico de los pueblos mayas. Su casa, confortable y relativamente espaciosa pero sin lujos,  está llena de diplomas y reconocimientos internacionales. Llamó mi atención un rincón del pequeño jardín de su casa, en el que se consumían algunas cenizas, unas velas encendidas y otros símbolos rituales de las ancestrales creencias mayas. Habló despacio y gesticulando con sus manos, con un indudable afán didáctico., como didáctica fue su campaña electoral, según dijo, explicando a los ciudadanos que son dueños y soberanos del destino de su país. Mencionó varias veces su pertenencia la etnia maya  quiché, lo que inicialmente anoté pero no supe valorar adecuadamente. Recordó que era la primera vez que participaba en unas elecciones, que tenía escasos recursos (“no tengo dinero para pagar 500 quetzales a cada interventor para vigilar el conteo de votos”) y que si bien sus resultados serían discretos, “su proyecto  es de largo alcance y en formación para el futuro”. Y aportó 2 datos que anoté como relevantes. Cuando le pregunté por su programa dijo no tenerlo “porque luego no se cumplen”.  Y dijo, con lo que me pareció una cierta pesadumbre, que algunos colectivos indígenas y la izquierda consideran que se ha servido de su Nobel para beneficiarse y servir “a la oligarquía”.

A este respecto, y sin dudar de su rectitud de intenciones, recordé la importante campaña publicitaria que la Menchú había realizado en prensa y TV anunciando la venta de medicamentos genéricos que ella patrocinaba. Y su pertenencia como “embajadora extraordinaria y plenipotenciaria” con rango de ministra en el gobiernos de Oscar Bergé después de las elecciones de 2003.

Sobre la cuestión de los pueblos indígenas en la América hispana me he ocupado en numerosos ocasiones y foros. Pero sin abandonar Guatemala, quiero recordar algunos datos y opiniones que aportan algo de luz para entender la aparente contradicción que vengo comentando.

Fotografía de Menchú con cinco camaradas / Foto: Fernando Fernández

La primera es que no existe en Guatemala una unidad étnica entre sus pueblos indígenas, entre las que se cuentan no menos de una veinte de etnias tan mal avenidas como diferentes en sus lenguas, cultura y tradiciones. Quichés, kegchís, cachiquel, sutnil y los garifonas de origen africano hablan lenguas y dialectos  tan diferentes que entre ellos la lengua vehicular es el español. De la rivalidad entre los indígenas de la Nación Quiché y los de la Nación Cachiquel se sirvió Pedro Alvarado durante la conquista, que contó con la ayuda de estos para derrotar a los quiché y hacerse con el dominio del territorio. Cuando me lo decía un amigo guatemalteco, recordé que la insistencia de la Menchú recordando su origen quiché tal vez tenga alguna relación con  este hecho.

La embajadora de Suecia, con largos años de permanencia en el país me explicó que la Menchú no sería capaz de captar el voto indígena porque estos no constituyen una población homogénea y me recordó que en Quetzaltenango, por ejemplo, una de las más importantes ciudades del país, el empresariado está bien organizado y es mayoritariamente indígena.

Una visión interesante la encontré durante una entrevista con representantes de algunas ONG. La opinión de Álvaro Pop me pareció ilustrativa. Hoy este maya guatemalteco trabaja para las Naciones Unidas como experto del Foro Permanente sobre los pueblos indígenas, con quien he coincidido recientemente en Nueva York, durante un seminario sobre la situación actual de los pueblos prehispánicos. Cuando lo conocí en noviembre de 2007 me explicó que los indígenas están  divididos y resentidos con la Menchú y concluyó que en Guatemala los indígenas tienen un voto trasversal a favor del partido que mejor represente sus intereses y que estos no son homogéneos. No hay que cruzar reivindicaciones étnicas con reclamos políticos, concluyó.

Parecidas consideraciones sobre los pueblos indígenas prehispánicos las he encontrado en Chile, a propósito de los mapuches, en Bolivia, Ecuador y Perú, los países con mayor proporción de población indígena. Pero la izquierda-izquierda europea y algunos dirigentes de la región, con Hugo Chávez a la cabeza, todavía creen vigente las tesis del buen indígena de Eduardo Galeano, una auténtica reliquia de la paleo sociología política de América Latina.

Fernando Fernández

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